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Las 6 principales enfermedades de la médula ósea

Vivir la vida | 02 de junio de 2016

La médula ósea es un tejido esponjoso que se encuentra en el interior de algunos de los huesos, como los de la cadera o el muslo. Este tejido contiene células madres que pueden desarrollarse y convertirse en cualquier tipo de célula sanguínea.

Las células madre creadas por la médula se transforman en glóbulos rojos que transportan oxígeno; en glóbulos blancos que forman parte del sistema inmune y actúan contra las infecciones y en plaquetas que sirven para taponar las heridas coagulando la sangre.

enfermedad médula ósea

Las enfermedades de la médula ósea ocurren porque existe algún problema en uno de los tipos de células descritas. Por ejemplo, en la leucemia (o cáncer de glóbulos blancos), los glóbulos blancos no funcionan bien.

Las causas de estos problemas son de diversa naturaleza e incluyen factores tanto genéticos como ambientales.

Para comprobar si existe algún tipo de enfermedad de la médula, suelen realizarse pruebas tanto de sangre como de la propia médula. El tratamiento depende del tipo de enfermedad y el nivel de gravedad de ésta, pero engloba desde medicamentos hasta transfusiones de sangre o trasplante de médula.

A continuación se exponen las enfermedades de la médula ósea más comunes.

1- Leucemia

La leucemia es un tipo de cáncer que se produce en los glóbulos blancos de la sangre, por ello, también es conocida como cáncer de glóbulos blancos. Como en todos los cánceres, la enfermedad se produce porque se crean demasiadas células de forma descontrolada.

Los glóbulos blancos, que pueden ser granulocitos o linfocitos, se desarrollan en la médula ósea a partir de células madre. El problema que ocurre en la leucemia es que las células madres no son capaces de madurar hasta convertirse en glóbulos blancos, se quedan en un paso intermedio denominado células de leucemia.

Las células leucémicas no se degeneran, por lo cual siguen creciendo y multiplicándose de forma descontrolada, ocupando el espacio de los glóbulos rojos y las plaquetas. Por lo cual, estas células no realizan la función de los glóbulos blancos y, además, impiden el correcto funcionamiento del resto de células sanguíneas.

Los principales síntomas que sufren los pacientes con leucemia son la presentación de moretones y/o sangrado con cualquier golpe y la sensación continua de estar cansado o débil.

Además, pueden sufrir los siguientes síntomas:

  • Dificultad para respirar.
  • Palidez.
  • Petequias (manchas planas debajo de la piel producidas por hemorragias).
  • Dolor o sensación de saciedad debajo de las costillas en el costado izquierdo.

El pronóstico de esta enfermedad es mejor cuantas menos células madre se hayan transformado en células leucémicas, por lo tanto, es muy importante acudir al médico si se sienten algunos de los síntomas para hacer un diagnóstico temprano.

El tratamiento depende del tipo de leucemia, la edad y las características del paciente. Entre los tratamientos posibles se encuentran los siguientes:

  • Quimioterapia.
  • Terapia dirigida (molecularmente).
  • Radioterapia.
  • Trasplante de células madre o de médula ósea.

2- Síndromes mielodisplásicos 

Los síndromes mielodisplásticos (SMD) incluyen una serie de enfermedades que afectan a la médula ósea y a la sangre. El problema principal de estos síndromes es que la médula ósea cada vez produce menos células sanguíneas, llegando incluso a parar la producción por completo.

Los pacientes que sufren SMD pueden padecer:

  • Anemia, debido a los bajos niveles de glóbulos rojos.
  • Infecciones, ya que aumentan las probabilidades debido a los bajos niveles de glóbulos blancos.
  • Hemorragias, debido a los bajos niveles de plaquetas.

Existen varios tipos de SMD, algunos son leves y pueden tratarse fácilmente, mientras que otros son graves e incluso pueden evolucionar en una leucemia denominada leucemia mielógena aguda.

La mayoría de las personas que sufren esta enfermedad tienen más de 60 años, aunque puede aparecer a cualquier edad. Algunos factores pueden aumentar la probabilidad de sufrir esta enfermedad, como la exposición a químicos industriales o a la radiación. En algunos casos, el SMD es producido por el tratamiento de quimioterapia que la persona estaba siguiendo para tratar otra enfermedad.

Los síntomas dependen de la gravedad de la enfermedad. Es usual que al inicio de la enfermedad no se sientan síntomas y, sin embargo, se diagnostique la enfermedad porque se encuentran problemas en una analítica rutinaria. Por ello es muy importante hacerse chequeos periódicos.

Los síntomas generales son similares a los de la leucemia e incluyen cansancio, dificultad para respirar, palidez, facilidad para contraer infecciones y para sangrar…

El tratamiento suele comenzar con medicamentos y quimioterapia, aunque en muchos casos es necesaria una transfusión de sangre o un trasplante de médula.

3- Trastornos mieloproliferativos

Los trastornos mieloproliferativos son un grupo heterogéneo de enfermedades caracterizadas por la producción desmesurada de uno o varios tipos de células sanguíneas (glóbulos rojos, blancos o plaquetas).

Los pacientes que sufren este tipo de trastornos tienen una mayor probabilidad de sufrir trombos y hemorragias. Además, pueden acabar desarrollando una leucemia aguda debido tanto a la enfermedad subyacente como al tratamiento.

Los síntomas y signos que pueden sufrir los pacientes que tienen estos trastornos son los siguientes:

  • Cansancio y debilidad.
  • Pérdida de peso, saciedad precoz o incluso anorexia, sobre todo si sufren leucemia mielógena crónica o metaplasia mieloide agnógena.
  • Aparición de moretones, hemorragias o trombos con facilidad.
  • Inflamación y dolor articular.
  • Priapismo, tinnitus o estupor de leucostasis.
  • Petequias y/o esquimosis (coloración morada).
  • Bazo y/o hígado palpable.
  • Dermatosis neutrofílica febril aguda o síndrome de Sweet (fiebre y lesiones dolorosas en el tronco, los brazos, las piernas y la cara).

4- Anemia aplásica

La anemia aplásica es una enfermedad rara de la sangre que puede llegar a ser muy peligrosa. Esta enfermedad se caracteriza porque la médula ósea, de las personas que padecen la anemia aplásica, es incapaz de producir suficientes células sanguíneas.

Esta enfermedad se produce porque las células madre de la médula ósea están dañadas. Existen diversos factores que pueden afectar a las células madres, además estas condiciones pueden ser tanto hereditarias como adquiridas, aunque en muchos casos no se sabe cuál es la causa.

Entre las causas adquiridas podemos encontrarnos las siguientes:

  • Intoxicación con sustancias como pesticidas, arsénico o benceno.
  • Recibir radioterapia o quimioterapia.
  • Tomar ciertos medicamentos.
  • Sufrir algunas infecciones como hepatitis, virus de Epstein-Barr o VIH.
  • Sufrir una enfermedad autoinmune.
  • Estar embarazada.

Este trastorno es progresivo, por lo tanto, los síntomas se van agravando a medida que pasa el tiempo. Al inicio de la enfermedad, las personas diagnosticadas con anemia aplástica sufren síntomas como cansancio, debilidad, mareos y dificultades para respirar. En casos más graves pueden tener problemas de corazón como arritmia o insuficiencia cardíaca. Además, pueden sufrir infecciones y sangrados de forma frecuente.

El diagnóstico de esta enfermedad se establece en base a la historia personal y familiar de la persona, un examen médico y algunas pruebas médicas como análisis de sangre.

El tratamiento debe ser individualizado para la persona, pero en general, suele incluir transfusiones de sangre, trasplantes de médula y/o medicinas.

5- Anemia por deficiencia de hierro

La anemia por deficiencia de hierro ocurre cuando los niveles de glóbulos rojos son muy bajos o bien no funcionan bien. Este tipo de anemia es la más común y se caracteriza porque las células de nuestro cuerpo no reciben suficiente hierro a través de la sangre.

El cuerpo utiliza el hierro para fabricar hemoglobina, una proteína que se encarga de transporta el oxígeno por el corriente sanguíneo. Sin esta proteína los órganos y músculos no reciben suficiente oxígeno, eso les impide quemar los nutrientes para conseguir energía y, por consiguiente, no pueden funcionar de una manera eficiente. En resumidas cuentas, la falta de hierro en la sangre hace que los músculos y órganos no funcionen correctamente.

Muchas de las personas que sufren anemia ni siquiera se dan cuenta de que tienen ningún problema. Las mujeres tienen más riesgo de tener este tipo de anemia debido a la pérdida de sangre durante la menstruación o el embarazo.

Esta enfermedad también puede producirse porque la persona no toma suficiente hierro en su dieta o por algunas enfermedades intestinales que causan problemas para absorber el hierro.

El tratamiento depende de por qué ha sido causada la anemia, pero suele incluir un cambio de dieta y suplementos de hierro.

6- Neoplasia de células plasmáticas

Las neoplasias de células plasmáticas son enfermedades que se caracterizan porque la médula ósea fabrica demasiadas células de este tipo. Las células plasmáticas se desarrollan a partir de linfocitos B, que a su vez han madurado a partir de células madres.

Cuando algún agente externo (como virus o bacterias) entran en nuestro cuerpo, los linfocitos suelen convertirse en células plasmáticas, ya que estas crean anticuerpos para luchar contra las infecciones.

El problema de las personas que sufren alguno de estos trastornos es que sus células plasmáticas están dañadas y se dividen de forma incontrolada, estas células plasmáticas dañadas se denominan células de mieloma.

Además, las células de mieloma dan lugar a una proteína que es inservible para el organismo, ya que no actúa contra las infecciones, la proteína M. La alta densidad de estas proteínas hace que se espese la sangre. Además, como son inservibles, nuestro organismo está continuamente desechándolas, por lo que pueden causar problemas de riñón.

La reproducción continua de las células plasmáticas hace que se creen tumores, que pueden ser benignos o pueden desarrollar en un cáncer.

Dentro de los neoplasmas se incluyen las siguientes afecciones:

  • Gammapatía monoclonal de significado incierto (GMSI). Esta patología es leve, pues las células anormales representan menos del 10% de las células sanguíneas y no suelen desarrollar cáncer. En la mayoría de los casos, los pacientes no notan ningún tipo de signo o síntoma. Aunque hay casos más graves en los que pueden sufrir afecciones nerviosas, cardíacas o renales.
  • Plasmocitoma. En esta enfermedad, las células anomarles (mielomas) se almacenan en el mismo sitio, por lo que crean un único tumor denominado plasmocitoma. Existen dos tipos de plasmocitomas:

    • Plasmocitoma de hueso. En este tipo de plasmocitoma, como su propio nombre indica, el tumor se crea alrededor de un hueso. Los pacientes no suelen notar otros síntomas a parte de los debidos al propio tumor, como fragilidad en los huesos y dolor localizado, aunque en algunas ocasiones puede agravarse con el tiempo pudiendo llegar a desarrollarse un mieloma múltiple.
    • Plasmocitoma extramedular. En este caso, el tumor no se localiza en un hueso, sino en algún tejido blando como el de la garganta, la amígdala o el los senos paranasales. Los síntomas sufridos por los pacientes con este tipo de plasmocitoma, dependen del lugar exacto donde se localice el tumor. Por ejemplo, un plasmocitoma en la garganta puede producir dificultades al tragar.

  • Mieloma múltiple. Este es el tipo más grave de neoplasma, ya que la producción descontrolada de mielomas produce múltiples tumores que pueden afectar a la médula ósea, provocando que produzca menos células sanguíneas (glóbulos rojos, blancos o plaquetas). En algunas ocasiones, no se sienten síntomas al inicio de la enfermedad, por lo que es muy recomendable realizarse análisis de sangre y orina de forma periódica y acudir al médico si se sufre alguno de estos síntomas:

    • Dolor localizado en los huesos.
    • Fragilidad ósea.
    • Fiebre sin una causa conocida o infecciones frecuentes.
    • Presencia de hematomas y sangrado con facilidad.
    • Dificultades para respirar.
    • Debilidad en las extremidades.
    • Sentimiento de cansancio extremo y continuo.

Si los tumores se producen en los huesos pueden causar hipercalcemia, es decir, demasiado calcio en la sangre. Esta afección puede causar serios problemas como pérdida de apetito, náuseas y vómitos, sed, micción frecuente, estreñimiento, cansancio, debilidad muscular y confusión o dificultades para concentrarse.

Referencias

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