Sonambulismo en niños: síntomas, causas y tratamiento

Sonambulismo en niños: síntomas, causas y tratamiento

El sonambulismo en niños se caracteriza por una secuencia de comportamientos más o menos complejos que ocurren durante el sueño de ondas lentas, ocurre entre las fases 3 y 4 del sueño no REM, generalmente en el primer tercio de la noche.

Se clasifica dentro de los trastornos del sueño y es un problema que se encuadra dentro de las parasomnias, en los trastornos del despertar.

niña sonámbula

Las parasomnias se caracterizan por ser acontecimientos o conductas anormales asociadas al sueño, a sus fases específicas o a los momentos de la transición sueño-vigilia.

Otras parasomnias además del sonambulismo son las pesadillas, los terrores nocturnos u otras parasomnias no especificadas (parálisis del sueño, trastorno comportamental del sueño REM).

Un episodio de sonambulismo comienza con movimientos corporales que pueden llegar al sujeto a sentarse en la cama de una forma brusca o puede levantarse también y comenzar a deambular.

Puede estar asociado a otros trastornos del sueño. De este modo, encontramos de manera frecuente que un mismo individuo presenta además de sonambulismo, somniloquio, lo que indica que podría haber algún tipo de relación.

Además, en los niños, muchos episodios de sonambulismo se preceden de terrores nocturnos, así como también los niños con enuresis son más propensos a presentar sonambulismo a lo largo de la adolescencia.

Con trastornos del despertar hacemos referencia a las manifestaciones de despertar parcial que ocurren a lo largo del sueño. Son trastornos primarios de los mecanismos propios del despertar normal.

Clasificación y diagnóstico del sonámbulismo

sonambulismo en niños

El sonambulismo se incluye dentro de las parasomnias. No son trastornos graves en la infancia, aunque pueden llegar a ser molestos y llamar la atención de la familia por ser aparatosos.

Además, el cansancio excesivo, los procesos febriles o la ansiedad pueden incrementarlos.

El diagnóstico de una parasomnia debe realizarse con una historia clínica detallada y en algunas ocasiones puede recurrirse a una polisonmografía para diferenciarlo de algunos tipos de epilepsia.

Durante el episodio, el niño puede responder con monosílabos a las preguntas pero no siempre, dado que generalmente no comprenderá el significado de las palabras.

Además, es difícil despertarlo porque está profundamente dormido y si se consigue hacerlo estará inseguro y se mostrará extraño, dado que no reconocerá la situación.

El sonambulismo se encuentra dentro del Manual diágnostico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-V), dentro de las parasomnias y los trastornos del despertar del sueño no REM.

En él, se diagnostica cuando la persona tiene episodios repetidos en los que el individuo se levanta de la cama y camina durante el sueño.

Durante este episodio, tiene la mirada fija y en blanco y es relativamente insensible a los esfuerzos que otras personas realizan para comunicarse con él, despertándose sólo tras mucha dificultad.

Sintomatología y características del sonambulismo

El sonambulismo consistiría en un estado disociado de conciencia, dado que se combina el fenómeno del sueño (estado neurofisiológico) con el de vigilia (apariencia, comportamiento). Sería considerado un trastorno del arousal.

Como hemos comentado, se observa en la primera mitad de la noche, cuando es más frecuente que ocurran las fases 3 y 4 del sueño no REM.

Debido a las características del trastorno sería esperable considerar que sucediera durante el sueño REM, donde se da una actividad encefalográfica rápida y hay una alta activación cerebral.

Sin embargo, en los registros se observa que aparece en el sueño no REM, donde la corteza es progresivamente desactivada y aparecen ondas lentas, además de haber una disminución del tono muscular, menor flujo sanguíneo cerebral y del ritmo cardiaco o el metabolismo de la glucosa.

Los síntomas de la persona sonámbula son los movimientos corporales que realiza, que le pueden llevar a levantarse de la cama, a deambular, a sentarse en ella, etcétera.

Además, mantiene los ojos abiertos y fijos, siendo capaz de ir inspeccionando el ambiente y así ir evitando los distintos objetos que pueden estar obstaculizándole el paso.

Sin embargo, existen diferentes riesgos, como por ejemplo que pueda tropezarse y caerse o que se caiga por las escaleras o una ventana.

La persona sonámbula puede realizar distintas acciones: puede vestirse, abrir puertas, ventanas, salir de casa, alimentarse, hacer tareas de higiene personal, etc.

De manera ocasional puede hablar, aunque la articulación que presenta es muy pobre y se limita a la murmuración, generalmente.

Además, ocurre una falsa de responsividad a lo largo del episodio, cuyo fin puede ocurrir de múltiples maneras. De este modo, llamar la atención de la persona o despertarle no suele tener resultado.

La duración del episodio sonámbulo es variable, ya que puede ir desde 1 minuto aproximadamente hasta incluso superar los 30 minutos. Y generalmente tiene lugar un único episodio en una noche.

La frecuencia con la que puede darse puede ser incluso de varios episodios dentro de una misma semana y puede durar incluso varios años.

Además, la persona con sonambulismo no tiene por qué tener ninguna alteración en el comportamiento durante el día, dado que el problema se da exclusivamente durante el sueño. Tampoco tiene por qué predisponer a otras patologías.

No obstante, la ocurrencia de episodios sonámbulos frecuentes preocupa a la familia y puede producirse una alteración en las relaciones con otras personas.

El sonambulismo implica que el niño repite automáticamente durante el sueño conductas que ha aprendido en los periodos de vigilia. El niño está profundamente dormido cuando lo realiza.

El episodio suele aparecer cuando el niño ha dormido entre 2 y 4 horas. Normalmente, el episodio finaliza cuando el niño regresa a la cama. Además, el niño olvida el episodio al día siguiente.

Una sucesión típica de acontecimientos puede ser que el niño se levante de la cama, dormido aunque tenga los ojos abiertos, se dirija al lavo y haga pis en el suelo y vuelva a la cama, por ejemplo.

Además, la forma más frecuente de aparición del sonambulismo es la que aparece en la infancia, presenta una predisposición familiar y desaparece en la pubertad.

Sin embargo, hay otra forma menos común que es cuando aparece en la preadolescencia y no había estado presente anteriormente. En este caso suelen ser “reactivas” y es habitual que sea comórbido a otras manifestaciones psicopatológicas.

En los niños con sonambulismo existe la “amnesia del episodio” o un “recuerdo fragmentario”.

Etiología

El sonambulismo podría tener una base hereditaria, ya que suele darse en mayor medida en niños cuyos padres también fueron sonámbulos en su infancia que en población normal.

Además, en gemelos monocigóticos (idénticos) se encuentra mayor concordancia que en dicigóticos (mellizos), lo que apoyaría también esta afirmación.

Por otra parte, podríamos indicar que existe una predisposición genética en los niños que ante épocas de estrés (por ejemplo, estrés escolar o ante exámenes) despertaría estos episodios.

El sonambulismo en los niños no indica que haya también alteraciones afectivas, lo que sí parece tener relación es que los episodios estresantes exacerban su aparición.

También la deprivación del sueño puede afectar a la hora de disparar episodios de sonambulismo.

Se han descrito diferentes hipótesis acerca de la etiología del sonambulismo. Se han incluido tanto factores emocionales como de retraso madurativo, por ejemplo.

Otros estudios han puesto de manifiesto, a través del polígrafo, que se trata de un trastorno del despertar, donde el sujeto, después de las fases III y IV del sueño pasa bruscamente a las primeras dos fases, de manera que se da un sueño superficial.

Según un estudio de la Universidad de Washington (Estados Unidos) que se publicó en la revista “Neurology”, un fallo en el cromosoma 20 podría ayudar a que se manifieste el sonambulismo.

Según otros estudios, el riesgo de que un niño sea sonámbulo es siete veces mayor si también sus padres lo fueron. Por ejemplo, un 25% de los niños tenían padres que no habían sido sonámbulos, frente al 47% que tenía un padre que había sido sonámbulo o un 62% donde los dos habían sido sonámbulos.

Podríamos concluir que este trastorno de la alerta se debe a una interacción entre causas genéticas, madurativas, orgánicas y psicológicas y que suele ocurrir en etapas del claves para el desarrollo infantil.

Epidemiología

El sonambulismo se inicia entre los 4 y los 8 años aproximadamente, siendo más frecuente en el sexo masculino que en el femenino.

Además, es habitual que desaparezca a lo largo de la adolescencia, por lo que es un trastorno más frecuentemente dado en la infancia.

Alrededor del 15% de los niños tiene en algún momento un episodio de sonambulismo. Normalmente desaparece espontáneamente a los 15 años y después de esta edad sólo un 0,5% de adultos conservan estos episodios de sonambulismo.

Asimismo, diversos estudios han mostrado que alrededor de un 25% de niños presenta un episodio por año y un 10% al menos una vez por semana.

Cuando los episodios son muy frecuentes o persisten con la edad, es recomendable realizar el diagnóstico diferencial con la epilepsia del lóbulo temporal.

Es importante destacar que la prevalencia del sonambulismo aumenta al suprimir la siesta de forma prematura.

En niños menores de cinco años a quienes se les elimina de manera brusca el periodo de siesta, se ha observado un aumento de episodios de parasomnias ligadas al sueño profundo, entre las que encontramos el sonambulismo.

Sucede porque ocurre una “privación de sueño”, de modo que al iniciar el sueño por la noche los niños entran rápidamente en la 3-4 fase del sueño.

Evaluación y tratamiento

Los trastornos del sueño en el niño deben evaluarse considerando su edad, dado que hay conductas patológicas que a determinadas edades pueden ser consideradas normales o al contrario. Y también preguntarse si realmente existe un problema o son expectativas de los padres.

Se debe informar y tranquilizar a los padres, dado que estos problemas del sueño son benignos y su evolución favorable.

En la evaluación debe tenerse en cuenta la anamnesis y la exploración física (si es un problema transitorio o crónico, etc.), se pueden usar diarios de sueño y cuestionarios, técnicas psicofisiológicas, etc.

En el caso del sonambulismo debe hacerse una historia minuciosa del sueño, el tiempo de episodio tras el inicio del sueño, la historia familiar de parasomnias y puede incluso grabarse con cámara los episodios.

Algunos trastornos del sueño, y es el caso del sonambulismo, en el que el profesional debe realizar el diagnóstico diferencial con otras enfermedades neurológicas, generalmente con las crisis epilépticas.

En la mayoría de las ocasiones, mediante las técnicas de EEG y polisomnigrafía puede realizarse el diagnóstico. El registro EEG durante el sonambulismo muestra una combinación de frecuencias alfa, theta y delta, sin un patrón típico de vigilia.

En los episodios sonambúlos no hay evidencia de que haya un despertar completo a pesar de que el comportamiento de la persona pueda ser complejo. El niño muestra un comportamiento de ausencia de respuesta a estímulos y diferentes niveles de activación autónoma.

No hay un tratamiento específico, aunque los episodios suelen disminuir con la edad del niño. Normalmente, al tratarse de un trastorno benigno del sueño, no suele ser necesario ningún tipo de tratamiento especial.

En el tratamiento del sonambulismo, los padres deben tomar la precaución de que el niño no se haga daño durante el episodio.

Es recomendable que tengan en cuenta los accesos a las ventanas, evitar objetos peligrosos dentro de la habitación, cerrar con llave lugares peligrosos como ventanas o puertas, evitar que tenga camas altas o literas, bloquear las escaleras, etc.

La precaución también incluye evitar todos los factores que pueden desencadenar los episodios: cansancio, ansiedad, etc. Y se debe seguir una buena higiene del sueño.

Además, si es un problema intenso y angustia a los padres, se puede solicitar al especialista una valoración para tratar con farmacoterapia, con diazepam en un periodo breve de tiempo.

Otra técnica que también se utiliza en el tratamiento de los episodios de sonambulismo es despertar al niño aproximadamente 15 minutos antes de que vaya a ocurrir.

Lo más adecuado es atender a medidas de control ambiental para evitar accidentes y también utilizar procedimientos conductuales que sean menos intrusivos y con menos efectos secundarios que la medicación.

Algunos autores proponen que una práctica basada en siestas pautadas y controladas terapéuticamente puede mitigar o reducir la frecuencia con la que se tienen episodios de sonambulismo por sus efectos en el sueño profundo.

Otra alternativa que podría valorarse es poner algún tipo de alarma que pueda ayudar a que el niño no se lastime cuando se levanta durante la noche.

¿Cómo actuar ante el episodio? Durante éstos, es recomendable conducir al niño de vuelta a su cama hablándole relajadamente. Además, se le debe hablar con frases cortas y muy sencillas.

El sonambulismo no supone un grave problema de salud para el niño ni afecta a su desarrollo cerebral. Sin embargo, puede afectar a su descanso nocturno y puede preocupar mucho a la familia, por lo que la prevención en este caso es la medida más adecuada.

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