Falacrofobia: síntomas, causas y tratamiento

Falacrofobia: síntomas, causas y tratamiento

Es posible que nunca hayas escuchado este tipo de fobia, pero seguro que has oído hablar del miedo a quedarse calvo o perder el pelo.

La definición de falacrofobia o peladofobia es el miedo o temor a la calvicie, a quedarse calvo y a perder paulatinamente el pelo. También se utiliza este término para indicar el miedo o temor a las personas calvas.

falacrofobia

La pérdida del cabello es muy común y afecta a un alto porcentaje de la población, algunos estudios indican que tres cuartas partes de los hombres acabarán perdiendo el pelo por razones genéticas. En su mayor parte se debe a la denominada alopecia androgenética, que también se conoce como calvicie de patrón masculino.

Aunque hoy en día hay otras causas por las que perdemos el pelo, el estrés, la forma de vida, la falta de vitaminas y minerales o una dieta baja en proteínas están relacionados con esta caída. El resultado es que muchas personas están preocupadas por la posibilidad de quedarse calvas, y hacen rituales como contar los pelos que quedan en la almohada al levantarse, o analizar los que quedan en el cepillo después de peinarse.

Anteriormente se consideraba que esta fobia estaba relacionada únicamente con el miedo a las personas calvas, pero la verdadera magnitud del problema reside en el miedo a perder el propio pelo. Este temor se presenta incluso en personas con abundante pelo y sin indicios aparentes ni justificados de que se vaya a producir la pérdida del cabello.

Se han llegado a detectar casos muy graves en los que la persona llega a tener una visión distorsionada de la realidad y cuando se mira en el espejo se ve con poco pelo o calvas, a pesar de tener abundante pelo y totalmente sano.

Algunos datos de interés

Una clínica para la pérdida del pelo que tiene su sede principal en Reino Unido hizo una encuesta para saber qué problemas de todos los que van apareciendo con el paso de la edad son los que más preocupan a los hombres. En este estudio participaron 2000 varones residentes en Reino Unido y el resultado es tajante: el 94% eligieron la calvicie como el efecto más temido del envejecimiento, por delante de la impotencia, aumentar de peso o perder audición.

Por otro lado, un estudio realizado por el Instituto Gallup con la participación de un total 1500 hombres de Alemania, Francia, Italia, Reino Unido y España, concluye que el 70% de los europeos creen que la calvicie empeora su imagen. Además un 71% piensa que pierden atractivo personal, un 61.6% considera que daña su autoestima, un 59.4% tiene inquietud por parecer más viejo y un 53.4% desarrolla un fuerte sentimiento de inseguridad.

Por tanto, la importancia que se le da al cabello tiene que ver con el propio autoconcepto, y su pérdida afecta directamente a la autoestima y aumenta la inseguridad de la persona. Hasta hace unos años esto no parecía preocupar en absoluto a los hombres, lo vivían como parte del proceso de envejecer, o como un resultado de su herencia genética. Hoy en día, al darle tanta importancia a los valores estéticos y físicos implica que el hecho de quedarse calvo se viva como un verdadero problema.

La psicóloga Carmen Berzosa que ha realizado diferentes estudios al respecto concluye que no es la calvicie lo que hace menos atractiva a la persona, sino el hecho de no aceptarla lo que lleva a la pérdida de seguridad en uno mismo, y esto sí que puede resultar en una pérdida de atractivo.

Por el contrario, un estudio realizado por el investigador Albert Mannes, de la Escuela Wharton en la Universidad de Pensilvania, en el año 2013 concluye que se percibe a los hombres calvos o rapados como más varoniles además de parecer más fuertes e incluso más altos.

Causas de la falacrofobia o peladofobia

El miedo es una experiencia común para los seres humanos que además ha tenido y tiene un importante valor adaptativo para la supervivencia de la especie.

El miedo adaptativo es el formado por una serie de sensaciones que se ponen en marcha como respuesta normal ante peligros reales. Por ejemplo ante un incendio la respuesta del miedo nos pondría en marcha para actuar, huir, intentar sofocarlo, pedir ayuda, etc. Si no existiera el miedo adaptativo, ante esta situación de peligro no haríamos nada y correríamos el riesgo de no intentar poner a salvo nuestra vida.

Sin embargo, cuando estas sensaciones se experimentan en situaciones que no suponen una amenaza real, por ejemplo ante la perspectiva de perder el pelo, subir a un avión, a lo alto de un edificio o hablar en público, nos encontramos ante un miedo que ya no es adaptativo. El término fobia se utiliza para describir este tipo de reacciones de miedo no deseables.

Por tanto, las fobias son miedos irracionales, intensos e incontrolables ante determinadas situaciones o elementos en particular. Este miedo persiste aunque la persona sea consciente de que no representa una amenaza real.

Las fobias normalmente se desarrollan durante la infancia y adolescencia y no hay una única causa por la que aparecen, sino que suele haber varios motivos que confluyen para su desarrollo.

Una de las posibles causas es que se haya vivido durante la infancia una experiencia traumática con la situación o el hecho que produce el temor. En esta fobia concreta, y teniendo en cuenta la parte de la definición que indica miedo a las personas calvas, es posible que la persona que desarrolla esta fobia tuviera alguna experiencia desagradable durante su infancia o adolescencia con una persona calva que le dejó marcado. Posteriormente al ver a un sujeto sin pelo lo asociaría a ese hecho produciéndole el mismo temor que en ese momento.

Pero no sólo es necesario un hecho traumático para desarrollar una fobia porque no todas las personas que viven una experiencia desagradable la desarrollan. En este punto toma importancia la predisposición o herencia genética para desencadenar ese temor.

En otros casos las fobias se adquieren por aprendizaje, es decir, si un padre tiene fobia a quedarse calvo es posible que su hijo también la acabe desarrollando porque así lo ha aprendido.

Otras fobias tienen su origen en el desarrollo del ser humano como especie. Hace miles de años tener miedo a una tormenta o a una araña era necesario para salvar la vida. Aunque hoy en día no es así hemos heredado ese temor que en su momento fue adaptativo.

Y por último hay fobias denominadas culturales. En el caso de esta fobia, y a la vista de los datos de las encuestas mencionadas antes, es necesario tener en cuenta el factor cultural para su desarrollo. Es decir, lo que tradicionalmente se considera como atractivo o viril o el hecho de ver la calvicie como un defecto o punto débil.

En la mayoría de los casos la persona no recuerda en qué momento comenzó a desarrollar la fobia o cuál fue la causa que la desencadenó. Pero la reacción habitual ante la fobia es evitar exponerse a ella. En este caso, evitar relacionarse o ver a personas sin pelo, buscar tratamientos, pedir información para prevenir su pérdida o desarrollar conductas como controlar la cantidad diaria de pelo que pierden.

Síntomas

Los síntomas que aparecen en esta fobia son como los que se manifiestan en otros tipos de fobias y se dividen en tres planos: reacciones fisiológicas, cognitivas, y comportamentales.

Dentro de las reacción fisiológicas las más típicas son: sudoración excesiva, palpitaciones, aumento de la tensión arterial, dificultad para respirar, náuseas y/o vómitos. En el plano cognitivo aparecen una serie de creencias y pensamientos acerca del estímulo temido, de la situación o de su incapacidad para afrontarlo. Y a nivel del comportamiento lo más habitual es huir rápidamente de la situación e intentar evitarla a toda costa en el futuro.

En los casos extremos la confluencia de todos estos síntomas puede desencadenar en un ataque de pánico al encontrarse ante una persona calva o visualizarla en la televisión o en fotografía. También puede ocurrir este episodio ante los pensamientos e imaginación de la propia calvicie.

Tratamiento

La mayor parte de los tratamientos que han resultado ser eficaces para los trastornos de este tipo incluyen la exposición a los estímulos temidos. Consiste en afrontar repetidamente ese estímulo, hasta que deje de producir temor.

Es decir, que si nos enfrentamos a lo que tememos y no implica ninguna consecuencia negativa perderemos el miedo que nos provoca el estímulo o situación concreta. Partiendo de que todos estos tratamientos tienen como base la exposición se pueden clasificar en diferentes terapias:

Terapia de exposición

Aunque dentro de este tipo de terapia hay diferentes alternativas, que el terapeuta escoge en función de elementos como el miedo concreto, las particularidades del paciente o la situación hay unos factores comunes. Se trata de enfrentarse directamente en vivo o en imaginación al estímulo o situación temida hasta que se reduce la ansiedad. Es aconsejable hacerlo de forma gradual y siempre con la ayuda del terapeuta.

Terapia cognitiva

Este tipo de terapia suele realizarse en combinación con la exposición. Por un lado se busca información sobre el estímulo temido, sobre las posibles causas de la aparición de la fobia y por qué motivos se sigue manteniendo el miedo. Se trata de tener la mayor información relevante referida al estímulo fóbico. Esto ayuda a entender qué está ocurriendo y por qué. De esta forma será más fácil encontrar posibles soluciones.

Por otro lado, se detectan y modifican los pensamientos que producen la ansiedad. Por ejemplo: “Si me quedo calvo será horrible, perderé atractivo y nunca encontraré pareja”. “Cada vez que veo pelos en la almohada o el cepillo me siento fatal porque cada vez tengo menos y no me siento a gusto conmigo mismo/a”. Se trata de identificar estos pensamientos causantes del malestar que siente la persona y ayudarle a ponerlos en tela de juicio para que dejen de producir ansiedad.

Técnicas de control de la ansiedad

Las más utilizadas son la relajación, la respiración diafragmática y las autoinstrucciones. En la mayoría de los casos estas técnicas se combinan con la exposición. Son muy útiles sobre todo en las primeras fases del tratamiento, cuando la persona vive la exposición al estímulo temido como una verdadera fuente de ansiedad. Para llegar a desarrollar estas técnicas de forma eficaz es necesario entrenarlas durante varias sesiones.

Tratamiento biológico

En este campo, existe unanimidad entre los diferentes investigadores y profesionales de que no existe un tratamiento farmacológico único y exclusivo para la erradicación de la fobia.

Sin embargo sí se han utilizado fármacos como las benzodiazepinas o los beta-bloqueantes como complemento a las técnicas explicadas anteriormente. Pero los estudios realizados al respecto parecen indicar que el uso de fármacos podría entorpecer la labor terapéutica de la exposición por lo que no es habitual su uso en el tratamiento.

Conclusiones

Si consideras que el miedo a perder el pelo afecta de forma importante en tu vida, tienes pensamientos recurrentes sobre el tema, te genera un malestar intenso o te sientes identificado con los síntomas de la falacrofobia sería recomendable acudir a un especialista y solicitar ayuda psicológica.

Como hemos visto existen diferentes tratamientos para superar estos miedos pero siempre es necesaria la ayuda de un profesional. Aunque no es fácil y requiere un trabajo intenso y continuado estos tratamientos son eficaces en la mayoría de los casos. Tratar y terminar con la fobia va a contribuir a mejorar tu calidad de vida y bienestar personal de forma notable.

Si te encuentras en esta situación un primer paso es comenzar a “entender la calvicie como algo natural porque esto nos ayudará a sobrellevar la situación". Así lo indica la psicóloga Carmen Berzosa que ha realizado numerosos estudios acerca de la alopecia y sus consecuencias psicológicas en las personas que la padecen.

Como también recuerda esta psicóloga en cualquier caso lo importante es aceptarte a ti mismo/a porque de esta forma el temor a perder el pelo no supondrá ningún temor ya que te sentirás a gusto contigo mismo.

De igual forma hablar de ello puede ayudarte a solucionar el problema porque muchas veces sufrimos en silencio y al verbalizarlo empezamos a ver el problema desde otra perspectiva o recibimos otros puntos de vista que no habíamos tenido en cuenta.

Mirar a tu alrededor también puede resultar tranquilizador. Es posible que descubras que muchas personas con ese problema que tanto temes llevan una vida totalmente feliz y normalizada, sin que la calvicie les afecte en su valía personal, profesional o social.

Referencias

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