Promoción de la Salud Mental y Física y Cultura de Prevención

Promoción de la Salud Mental y Física y Cultura de Prevención

Actualmente la promoción de la salud mental y física y la cultura de la prevención se está convirtiendo en el objetivo de muchas personas y países. Dicho objetivo parece difícil conseguir, pero si se ponen en práctica las estrategias adecuadas no deja de suponer una mera modificación en las rutinas diarias.

La sociedad está viviendo un proceso de transformación en varios aspectos; la pirámide poblacional se está invirtiendo; el número de diagnóstico de enfermedades crónicas y terminales está creciendo; la rutina de vida de las personas está más centrada en lo laboral; las condiciones de vida fomentan el sedentarismo; la delgadez como canon de belleza...

promoción de la salud

Parece que todo ésto resulta imposible de manejar y modificar, sin embargo vuestra tarea es la de informaros y comprometeros con el cambio. 

Por todo ello, he visto útil redactar este artículo para que cojáis ideas y las apliquéis en vuestra vida, os aseguro que los resultados a corto o largo plazo serán visibles.

La cultura de la prevención, conductas perjudiciales y conductas de salud

Fielding en 1978 propone una clasificación que actualmente está aceptada dentro del campo de las ciencias de la salud. Este autor proponer tres tipos de prevención:

  • Prevención primaria: referida a aquellas medidas tomadas para prevenir la aparición de la enfermedad en personas sanas. Aquí podemos referirnos a la modificación de hábitos insanos como el tabaco, alcohol y la dieta. O a la prevención de esos hábitos insanos, como la prevención del tabaquismo entre adolescentes, la prevención del uso de drogas, la prevención del alcoholismo o la prevención de embarazos y enfermedades de transmisión sexual.
  • Prevención secundaria: referida a los esfuerzos necesarios para detener el progreso de la enfermedad una vez iniciadas.
  • Prevención terciaria: incluye los procedimientos de tratamiento y rehabilitación de aquellas enfermedades que ya han demostrado sintomatología clínica.

A partir de esta división salen a coalición dos conceptos fundamentales.

Por un lado la promoción de la salud cuyo objetivo es la adquisición y mantenimiento de comportamientos saludables, así como la mejora de la calidad de vida.

Por otro lado la prevención de la enfermedad que engloba las intervenciones cuyo objetivo es la reducción o eliminación de aquellos comportamientos calificados como de riesgo.

Si investigamos acerca de las principales causas de muerte en la sociedad industrializada y factores de riesgo asociadas observamos los principales agentes conductuales implicados:

Hábitos saludables

Hablando de datos más concretos, se estima que el tabaco y el alcohol en conjunto causan casi un 30% de las muertes. El consumo de cigarrillos contribuye al desarrollo de un amplio rango de enfermedades, entre las que se incluyen el ataque cardíaco, la bronquitis crónica, además de cáncer de pulmón, laringe, páncreas y vejiga.  El alcohol por su parte está implicado en el cáncer de hígado y en el 50 % de las muertes por accidente de tráfico.

Sin embargo, todas estas complicaciones pueden reducirse mediante comportamientos saludables. Belloc y Breslow proponen en 1972 los siguientes hábitos de vida relacionados con un mejor estado de salud.

Presentación1

Como veis, los hábitos de salud que plantean estos autores son muy asequibles, y cualquiera podría realizar un esfuerzo por llevarlo a cabo.

Obstáculos para la promoción de la salud

Sin embargo, a pesar de toda la información que se posee acerca de los hábitos a seguir para mantenerse saludable, existen muchos obstáculos que impiden y limitan la generalización de éstas a la población.

Para empezar hay que mencionar las actitudes y pautas de nuestra cultura occidental donde la salud se considera como uno de nuestros valores más preciados, al mismo tiempo que lo son otros como; vivir sin presiones y cómodamente; experimentar sensaciones fuertes; tener éxito en la vida...

Por lo tanto, son valores que entran en contradicción, "¿Cómo puedo llevar una vida saludable si la sociedad empuja al sedentarismo y a ser el mejor en el trabajo?"

Otro aspecto implicado es la equiparación que se da entre llevar una buena vida y los hábitos poco saludables. Es decir, por un lado te dicen que tienes que llevar una dieta saludable pero al mismo tiempo los productos más apetecibles que te encuentras en los supermercados son aquellos altos en colesterol.

Por ejemplo, puede que alguna vez hayas tenido la oportunidad de salir a correr con un amigo/a o ir al gimnasio o a clases de baile, pero ha preferido quedarse en el sofá viendo su serie favorita...

Por último, debido a los avances científicos y tecnológicos sobre todo en el mundo de la medicina están a nuestra disposición múltiples técnicas quirúrgicas que nos alivian y nos eximen de la necesidad de emprender medidas preventivas...

En cuanto a la naturaleza de los hábitos saludables también nos encontramos numerosas dificultades. A saber, mientras que los hábitos de vida saludables suponen una gratificación a largo plazo, y la obtención de consecuencias no visibles en el momento, los hábitos de vida perjudiciales suponen una gratificación inmediata, con resultados visibles en el momento.

Además, a nivel psicológico, influye el ser consciente de que el seguimiento de los hábitos de vida saludables no suponen no enfermar, sino que simplemente reducen la posibilidad de enfermar en términos de probabilidad relativa.

Por otro lado, en muchas conductas de riesgo no existen señales anticipatorias de los problemas que pueden suponer no llevar a cabo hábitos saludables. O, si existen, pueden aprender a desatenderlas.

Esto es lo que observamos por ejemplo con muchos fumadores, que no prestan atención a los mensajes de advertencias que figuran en las cajetillas de tabaco y que restan importancia a su hábito haciendo alusión a conocidos que han padecido cáncer de pulmón o garganta y no eran fumadores, o personas que han fumado y fallecieron a edad muy tardía sin ninguna enfermedad.

También hay que tener en cuenta que la prevención es complicada de realizar debido a que es más compleja que el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades y a que a lo largo de los años, incluso los profesionales dedicados a ella, modifican las recomendaciones de hábitos saludables cada poco tiempo. 

La conducta de salud

La conducta de salud son los esfuerzos de las personas para reducir sus conductas perjudiciales y practicar conductas saludables. El papel de los psicólogos en la promoción de dichas conductas de salud y la prevención es fundamental.

Existen diversas variables que parecen determinar en gran medida la conducta de salud, a saber, el contexto social, la percepción del síntoma, los estados emocionales, las creencias sobre la salud... Todas ellas deben ser tenidas en cuenta por el psicólogo de cara a la prevención y promoción de la salud.

Contexto social

En cuanto al contexto social se debe tener en cuenta la influencia que ejercen las personas sobre otras, según los ambientes en los que se mueva la persona, la red de apoyo social, los lugares que frecuente... existen más o menos posibilidades de que la persona practique hábitos saludables.

Veo interesante mencionar en este punto un estudio de Gil y Ballester en 2002, donde se observa que los dos mejores predictores del consumo y abuso del alcohol en los jóvenes lo constituyen que los padres inicien a los niños en fiestas o celebraciones y el lema impuesto en nuestra sociedad de que el alcohol facilita la diversión.

Percepción del síntoma

Con respecto a la percepción del síntoma, es verdad que el síntoma es una señal clara, evidente y visible que influye en la persona. Por ejemplo si una persona ve que las últimas veces que ha tenido que correr para coger el autobús se ha asfixiado más de la cuenta, o si ha notado que últimamente tose sin parar, o que cuando bebe tres cervezas le empieza a doler la cabeza, puede llevarle a decidir empezar a reducir el tabaco o las cervezas... Sin embargo, estos síntomas no son permanentes, sino más bien transitorios, así que lo más seguro es que pasado un tiempo vuelva a realizar dichas conductas.

Repercusión de estados emocionales

Por supuesto no nos podemos olvidar de la alta repercusión de los estados emocionales en las personas como por ejemplo el estrés, la ansiedad, la depresión, el aburrimiento, la impulsividad... Por ejemplo; un fumador suele fumar más en situaciones en las que está nervioso o cuando está aburrido para "matar el tiempo".

Amigo en el año 2000 realizó un estudio donde comprobó que los adolescentes con mayor nivel de estrés tienen  una menor probabilidad de implicarse en las conductas de salud en general. Además vio que los adultos que se sienten estresados tienen más probabilidades de comer más y peor, de hacer menos ejercicio o fumar más si son fumadores.

Creencias sobre la salud

Con respecto a las creencias sobre la salud decir que las personas que desarrollan una enfermedad desarrollan una serie de pensamientos, creencias y valoraciones en relación a los cambios que se van produciendo y que influyen en las conductas de salud que adopte. Por ejemplo, hay muchos hipertensos que según lo que hayan comido o según el enrojecimiento de la piel se medican más o menos.

Además, en un estudio realizado por Weinstein en 1988, se preguntó a las personas por la probabilidad que tenían de padecer una enfermedad en el futuro, la mayoría opinaban que dichos riesgos eran mínimos. Con lo que la probabilidad de desarrollar una conducta saludable era mínima.

¿Cómo se explica el comportamiento saludable en las personas?

Se han desarrollado dos modelos teóricos para atender a la explicación del comportamiento saludable en las personas.

Por un lado nos encontramos con el modelo de la creencia sobre la salud, propuesto por Becker y Maiman y por otro con la teoría del aprendizaje. El primero se basa en los cambios en las actitudes y creencias de las personas y el segundo en los hábitos sanos, como conductas a adquirir, mantener y modificar.

Es cierto que este tipo de modelos son útiles para describir las conductas de salud de carácter volitivo, como comenzar una dieta. Sin embargo son de escasa utilidad para predecir la conducta de salud, es decir el fumador que se enciende un cigarro lleva a cabo una conducta automática que se desencadena sin la necesidad de ningún proceso volitivo consciente.

Modelo de creencias sobre la salud

En cuanto al modelo de creencias sobre la salud, se piensa que una persona está dispuesta a adoptar una conducta de salud dependiendo de cómo de susceptible se encuentre para padecer dicha enfermedad, y cómo de severa sean las consecuencias de dicha enfermedad.

La decisión de llevar a cabo conductas saludables dependerá de la evaluación de dichas conductas de salud potenciales, así como el costo-beneficio de éstas y ciertas claves que pueden disparar esta ejecución.

Por ejemplo, una persona que fume estará más dispuesta a dejar el tabaco si siente que tiene alto riesgo de padecer cáncer, si teme sus consecuencias, si las conductas le van a suponer un beneficio mayor que el coste inicial de fumar y si además conoce a otro fumador que le acaban de diagnosticar cáncer.

En dicho modelo también se habla de la influencia de factores como variables sociodemográficas como sexo, edad, raza... así como variables psicosociales como personalidad, clase social, presión del grupo...

Para promover el cambio de actitud de las personas se puede intervenir desde diversos ámbitos:

  • Mediante campañas informativas: es necesario que mediante éstas se capte la atención, que la persona comprenda el mensaje, que lo acepte, que lo retenga y que actúe. Para ello el comunicador debe ser un experto, atractivo para el público y seguro; debe explicitar las conclusiones que se derivan de la información presentada; los mensajes deben ser claros, concisos y no complejos y el argumento dependerá de la audiencia.
  • Apelaciones al miedo: el mensaje debe clarificar la medida en la que las prácticas negativas de salud tienen consecuencias indeseables, convencer de que las consecuencias son reales y por último cómo se pueden evitar dichas consecuencias negativas.
  • Cambio de actitud y conducta: parece que las actitudes influyen más en las conductas cuando éstas se adquieren a través de una experiencia directa, cuando son fácilmente accesibles y son relevantes y cuando tienen interés para la persona.

Teoría del aprendizaje

En cuanto a la teoría del aprendizaje, se propone que a veces el cambio de actitud no es suficiente y que se hace necesario el uso de los principios de aprendizaje para modificar los hábitos de salud de las personas.

Es importante tener en cuenta para la intervención, la distinción entre iniciar un cambio en la conducta y mantener ese cambio. Así como el problema de la recaída, como uno de los problemas más importantes dentro del ámbito de la promoción de la salud.

Las estadísticas muestran que más del 75% de las personas que han conseguido abandonar el consumo de tabaco, alcohol o heroína tras un programa de tratamiento, suelen recaer en dichos hábitos al cabo de un año.

Marlatt en 1985, consciente de este problema plantea dos objetivos: que la persona considere la posibilidad de elección entre las conductas posibles y el desarrollo de habilidades de afrontamiento para solventar las situaciones satisfactoriamente.

Conclusiones

A lo largo de este artículo he intentado mostraros lo que conlleva llevar un estilo de vida saludable, como veis no es tarea fácil pues la sociedad presiona en sentido contrario, sin embargo los beneficios existentes si se llevan a cabo, son importantes.

Todo es cuestión de formarse una rutina saludable e intentar cumplirla. Aunque los beneficios sean a largo plazo, os podéis motivar con la idea de realizar esta rutina todos los días y tomarlo como una obligación, como la obligación de saber que tenéis que ir al trabajo, o que tenéis que comer todos los días.

Bibliografía

  1. Ajzen, I. & Fishbein, R. (1980). Understanding attitudes and predicting social behaviour. Englewood Cliffs, NJ, EE. UU.: Prentice Hall.
  2. Amigo Vázquez, I., Fernández Rodríguez, C. y Pérez Álvarez, M. (2009). Manual de psicología de la salud (3ª edición). Ediciones pirámide. Tema de portada, nº 35.
  3. Brannon, L. & Feist, J. (2001). Psicología de la salud. Madrid, España: Paraninfo.
  4. Costa, M. & López, E. (1996). Educación para la Salud. Una estrategia para cambiar los estilos de vida. Madrid, España: Pirámide.

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