Alergias Alimentarias: Síntomas, Causas, Tratamiento

Alergias Alimentarias: Síntomas, Causas, Tratamiento

Las alergias alimentarias se producen cuando el sistema inmunitario del organismo genera una respuesta alterada, que resulta perjudicial, creando anticuerpos específicos denominados IgE, contra sustancias inofensivas pero que son detectadas como extrañas (alérgenos).

Cuando el alérgeno entra en el cuerpo se une a la IgE disponible y provocan una degranulación y liberación de histamina que es la encargada de los síntomas. Es decir, cuando entras en contacto con el alimento por contacto cutáneo, inhalación o ingestión se producen unas reacciones, que pueden ser más o menos graves y que afectan a uno o varios órganos como la piel, el aparato digestivo, el aparato respiratorio y el sistema cardiovascular.

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Se trata de un problema cada vez más común que afecta a niños y a jóvenes adultos. Según datos de la OMS en junio 2006, la prevalencia estimada de las alergias alimentarias es del 1 al 3 % en los adultos y del 4 al 6 % en los niños.

Sin embargo, ésta varía según la edad y los hábitos alimentarios de la población y según los países y etapas de la vida. La mitad de los afectados son alérgicos a más de un alimento. Los alimentos a los que se es más alérgicos son la leche, el huevo, la soja, el trigo, los frutos secos como los cacahuetes y las nueces, los pescados y los mariscos.

Algunas alergias como a la leche o al huevo desaparecen, iniciándose la primera en el primer año de vida, y desapareciendo en el 75% de los casos a los 5 años; y la segunda desapareciendo en el 75% de los casos a los 7 años. En cuanto a los frutos secos, pescados y mariscos, la sensibilización suele persistir a lo largo de toda la vida.

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Diagnóstico de las alergias alimentarias

Para diagnosticar una alergia alimentaria hay que tener en cuenta varios aspectos y hacer uso de diferentes técnicas. El diagnóstico es muy importante pues puede generar problemas tanto si sobrediagnosticamos, ya que puede dar lugar a desórdenes alimentarios y malnutrición, así como a problemas psicosociales y familiares. Si infradiagnosticamos podemos poner en riesgo la vida del paciente.

Para empezar, habrá que basarse en una historia clínica donde se explorarán diferentes aspectos en relación con el cuadro clínico como síntomas, intervalo de tiempo transcurrido entre la ingestión y la reacción alérgica, así como el transcurrido entre una y otra reacción y gravedad.

También será conveniente la realización de un diario de alimentos o síntomas para poder relacionar de manera cronológica la ingestión de determinados alimentos. Se recomiendan 2 semanas de registro y 2 semanas de eliminación de aquellos alimentos sospechosos.

Como pruebas complementarias a las anteriores nos encontramos con las pruebas in vitro y las pruebas en vivo. Entre las primeras nos encontramos con la deteminación de IgE específica que es útil en el seguimiento de los pacientes y permiten confirmar el diagnóstico sospechado por la historia clínica y pruebas cutáneas; y el test de activación de basófilos (leucocitos en sangre periférica) que liberan su contenido al ser activados por el alérgeno.

En cuanto a las pruebas en vivo, nos referimos a las pruebas cutáneas. Entre ellas nos encontramos con el prick test, que consiste en colocar gotas de los extractos a estudiar en el antebrazo y realizar una puntura a través de la misma. O el prick-prick test, que consiste en realizar una picadura en el alimento sospechoso y posteriormente en la piel del paciente.

Por último, los tests de exposición oral o pruebas de provocación que consiste en poner en contacto de forma controlada y generalmente en medio hospitalario al paciente con una pequeña cantidad de alimento sospechoso que posteriormente se va incrementando de manera progresiva según la evolución de la respuesta.

Síntomas de las alergias alimentarias

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Los síntomas suelen aparecer entre los primeros minutos y las pocas horas tras haber entrado en contacto con el alimento. Rara vez se producen reacciones tardías (a excepción la dermatitis atópica). Hay que tener en cuenta que un mismo alérgeno alimentario en una persona no produce los mismos síntomas, con la misma rapidez e intensidad siempre.

  • Síntomas cutáneos: son los más frecuentes, los más llamativos y los menos graves. Pueden aparecer urticaria y enrojecimiento local o generalizado de la piel, edema (hinchazón de labios y párpados o lugar de contacto) y dermatitis atópica (DA) que es de difícil evaluación ya que no es inmediato.
  • Síntomas gastrointestinales: nos encontramos con el síndrome de alergia oral (SAO), de resolución rápida, que es una uticaria de contacto en la zona bucal: picor y angioedema de labios, lengua, paladar y garganta. Así como manifestaciones digestivas como naúseas, dolor abdominal, vómitos y/o diarrea.
  • Síntomas respiratorios: estornudos en serie, clara y abundante mucosidad y congestión nasal acompañado de lagrimeo y picor ocular (es el síntoma más frecuente). El asma y el edema de glotis (inflamación de la garganta que dificulta la entrada de aire y provoca alteraciones en la voz) son más graves.
  • Anafilaxia: afectación multisistémica (2 o más de los síntomas anteriores). Este cuadro requiere atención urgente inmediata y supone riesgo de muerte. Aparece en minutos tras la ingestión del alimento o incluso trazas de éste. Progresa muy rápidamente. Los pacientes pueden desarrollar prurito generalizado, urticaria, angioedema, edema laríngeo, broncoespasmo, dolores abdominales, vómitos, diarrea, arritmias cardíacas, hipotensión y choque. Los alimentos más frecuentemente implicados en las anafilaxias son el cacahuete, los frutos secos, los mariscos, las semillas, las frutas frescas, el apio, el huevo y la leche.

Tratamiento

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En primer lugar, el alergólogo deberá informar con total exactitud del tratamiento, pronóstico y riesgos que puede suponer una ingestión inadvertida del alimento, así como proporcionar instrucciones sobre su manera de proceder.

El tratamiento base es dietético y consiste en la estricta eliminación del alimento implicado en las reacciones alérgicas. En el caso de que la persona sea alérgica a varios alimentos, deberán de buscarse alimentos sustitutivos con el fin de confeccionar una dieta que cubra los requerimientos nutricionales.

En cuanto al tratamiento farmacológico, el alergólogo será el encargado de pautar las dosis y medicamentos convenientes para el paciente. Para las reacciones leves los fármacos recomendados son:

  • Los antihistamínicos que inhiben la acción de la histamina, y que son administrados en jarabe, pastilla, colirio o inyectables.
  • Los corticoides, que tienen una acción antiinflamatoria y los broncodilatadores para reacciones de tipo respiratorio.

Para las reacciones graves o anafilaxis se utiliza un autoinyectable de adrenalina, que es el único fármaco capaz de revertir los síntomas de una reacción sistémica con compromiso cardiovascular.

Consecuencias psicológicas

La alergia alimentaria es una carga para los pacientes y sus familiares, llegando a afectar a la salud mental en general y a la calidad de vida. El estrés, los niveles de ansiedad e impactos influyen significativamente sobre la familia y la vida cotidiana, llegando incluso a niveles excesivos que pueden dar lugar a trastornos psicopatológicos. Los pacientes suelen describir la alergia como una forma de vida y tienden a sentirse frustrados por la enfermedad.

Los adolescentes son un grupo de gran interés pues suelen verse envueltos en innumerables conductas de riesgo en la gestión de sus alergias a los alimentos, suelen sentirse frustrados en cuanto a la continua vigilancia y toma de decisiones que deben tomar, y con sentimientos de sentirse ignorados y mal entendidos por otros.

Los conocimientos inadecuados de su problema, excesiva confianza y minimización del riesgo propician que no revisen las etiquetas de los alimentos, que no se preocupen cuando coman fuera y que no sepan decidir entre llevar o no el autoinyector de adrenalina por si presentan una reacción anafiláctica.

Se han realizado numerosos estudios referentes a las consecuencias psicológicas en los pacientes alérgicos. Concretamente en un centro de alergia alimentaria de referencia de la región de Véneto (noroeste de Italia), se realizó uno para evaluar la efectividad de los tratamientos psicológicos que se les aplicaron a los pacientes.

Destacan las siguientes razones por las que solicitaron apoyo psicológico:

  • Un 40% refirió problemas emocionales, sociales, trastornos de ansiedad, estrés y problemas de estado de ánimo, así como preocupación excesiva, miedo, soledad, aislamiento social y mala auto-estima.
  • El 18 % refirió problemas alimentarios como la dieta monótona o excesivamente restringida que debían seguir, las dificultades para introducir alimentos, timidez excesiva y miedo a reintroducir la comida.
  • El 2% buscaron tratamiento por problemas de comportamiento, incluyendo conductas de oposición, Y un 25% de los tratamientos se buscaron como consecuencia de una reacción anafiláctica.

Por ello, los objetivos que se persiguen son asegurar la salud del paciente al mismo tiempo que una calidad de vida que le permita el desarrollo personal, familiar, social y laboral adecuado, y una normalización de la situación de éste.

Recomendaciones y prevención

La labor del psicólogo es fundamental a la hora de ayudar al paciente, proporcionándole estrategias para el manejo adecuado de su situación, y el nuevo cambio en el estilo de vida propiciado. Por ejemplo, por la dieta restrictiva que debe seguir según los alimentos a los que es alérgico, el manejo de su alergia en situaciones sociales y la identificación correcta de los síntomas para aplicar la medicación correspondiente.

Será necesaria una psicoeducación para facilitar enfoques más adaptativos (emocionales, conductuales, cognitivos y sociales) en el manejo de la alergia, permitiendo a los pacientes expresar sus sentimientos en un ambiente seguro, aliviar los sentimientos de angustia y evitar el riesgo psicopatológico.

Se asesorará al paciente proporcionándole información para que mejoren sus dificultades y fortalezas en el trato con la alergia a los alimentos, aleccionándole sobre el cambio en sus hábitos alimenticios, así como a extremar las precauciones en la manipulación y el cocinado de los alimentos.

Por otro lado, el paciente deberá tener especial cuidado en la revisión de las etiquetas de los alimentos, teniendo en cuenta que muchos de estos alimentos pueden aparecer en numerosos productos de forma enmascarada o con denominaciones desconocidas.

Con respecto a aquellas situaciones en las que los pacientes deban comer fuera de casa, por ejemplo, en el comedor del colegio, en un restaurante, en un cumpleaños… el psicólogo trabajará con ellos habilidades sociales como decir no ante aquellos alimentos que puedan provocarle alergia, así como se les entrenará en preguntar y revisar los ingredientes de lo que come fuera, sin que le suponga estrés tener que hacerlo, y normalizando la situación.

En cuanto a la prevención, es un tema que ha dado lugar a muchos debates y los metaanálisis realizados demuestran que la lactancia materna prolongada durante los primeros 3 a 6 meses de vida, protege a los niños de alto riesgo. La Academia Americana de Pediatría recomienda, además, evitar la ingestión de frutos secos por parte de la madre del lactante, retrasar la introducción de sólidos a los 6 meses e introducir frutos secos y mariscos después de los 3 años de edad.

Reflexión final

Es necesario concienciar a la sociedad de las consecuencias que suponen las alergias. En algunos supermercados existe cada vez una mayor variedad de productos libres de algún componente alimentario, como por ejemplo la lactosa o el gluten, sin embargo, es necesario continuar incrementando la oferta de productos y abaratar los costes.

Los alérgicos y sus familiares se quejan de lo costoso que resulta ser alérgico, tanto personalmente, pues se pierde mucho tiempo leyendo las etiquetas de los productos en los supermercados, como económicamente.

Por otro lado, son pocos los restaurantes que ofrezcan comida para alérgicos, limitando el ocio de estas personas, que dejan de acudir a ciertos lugares sociales por su problema alérgico. Aun así, es cierto que ha habido un gran avance últimamente, sin ir más lejos el otro día en un anuncio en un transporte público se informó sobre la toma de precauciones durante las comidas navideñas, donde se solían dar reacciones anafilácticas.

Es cierto que ha habido un gran avance últimamente y cada vez están más presentes en los medios de comunicación, donde se informa de la toma de precauciones en ocasiones especiales, por ejemplo en épocas como la navidad, donde el número de anafilaxis se dispara.

Sin embargo, aún queda camino que recorrer y son numerosas las investigaciones que se están realizando, sobre todo en el campo de la intervención, para intentar mejorar la calidad de vida de estas personas.

Referencias

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  3. Jennifer S. LeBovidge, PhD*; Karol Timmons, RN, MS, CPNP*; Christine Rich, MS, RN;Addie Rosenstock, MS, CCLS; Kirsten Fowler, MS, CCLS; Heather Strauch, BA*;Leslie A. Kalish, ScD; and Lynda C. Schneider, MD*. Evaluation of a group intervention for children with food allergy and their parents. Ann Allergy Asthma Immunol. 2008;101:160–165.
  4. Acosta, A., Bellido, N., Bello, L., Benito, E., Cortes, E., Durán, E., García E., Grande, M., Hernández, P., León, C., López, P., Madrona, E., Manzano, A., Miguel, N., Mouriz, D., Múñoz, P., Rodríguez, C., Sánchez, A. (2011). Alergias alimentarias, ¿y ahora qué?. (2ª ed.). International Marketing and Communication.

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