Síndrome de Wallenberg: Síntomas, Causas, Tratamiento

Síndrome de Wallenberg: Síntomas, Causas, Tratamiento

El síndrome de Wallenberg, también conocido como infarto bulbar lateral, es un tipo de enfermedad vascular cerebral de carácter isquémico (Ulloa-Alday, Cantú-Ibarra, Melo-Sánchez y Berino-Pardo, 2015).

Es una patología que afecta fundamentalmente a la circulación sanguínea posterior, manifestándose con síntomas neurológicos fácilmente identificables (Ulloa-Alday, Cantú-Ibarra, Melo-Sánchez y Berino-Pardo, 2015).

sindrome de wallenberg

A nivel clínico, el síndrome de Wallenwerg se caracteriza por la presencia de una triada sintomática básica: síndrome de Horner, ataxia ipsilateral y alteraciones sensoriales (Ospino Quiroz y Monteagudo Cortecero, 2015).

Pueden aparecer otro tipo de complicaciones médicas como las náuseas, vómitos, vértigo, cefalea, hipertonicidad muscular, etc. (Sánchez-Camacho et al., 2010).

El origen etiológico de esta patología se encuentra en la oclusión de la arteria cerebelosa posterior, inferior o de la arteria vertebral (Day Ruedrich, Chikkannaiah, y Kumar, 2016).

En este sentido, puede desarrollarse de forma secundaria diversas condiciones médicas como la hipertensión, la vasculitis, el hipercolesterolemia, la arterioesclerosis, los traumatismos craneoencefálicos, entre otras (Day Ruedrich, Chikkannaiah, y Kumar, 2016).

Además, el diagnóstico del síndrome de Wallenberg suele combinar la exploración clínica con la realización de diversas pruebas de neuroimagen, como la tomografía computerizada (TC) y la resonancia magnética nuclear (RMN) (Miramontes González, Aláez Cruz, Puerto Pérez, Martín Oterino y Sánchez Rodríguez, 2008).

Finalmente, el tratamiento se centra tanto en la intervención médica de urgencia como en el control de las causas etiológicas de éste síndrome (Ulloa-Alday, Cantú-Ibarra, Melo-Sánchez y Berino-Pardo, 2015).

Definición

El síndrome de Wallenberg está constituido por un conjunto de síntomas neurológicos producto de un accidente cerebro-vascular (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2007.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), entre otras organizaciones internacionales, han señalado en diversas ocasiones que las enfermedades vasculares-cerebrales constituyen la segunda causa de fallecimiento a nivel mundial (Ulloa-Alday, Cantú-Ibarra, Melo-Sánchez y Berino-Pardo, 2015).

Concretamente, más de 4 millones de personas en países desarrollados mueren a causa de este tipo de patologías (Ulloa-Alday, Cantú-Ibarra, Melo-Sánchez y Berino-Pardo, 2015).

Nuestro sistema nervioso, en especial las áreas cerebrales, están nutridas por una amplia red de vasos sanguíneos que redirigen el flujo de sangre de forma homogénea y constante hacia todas las estructuras, con el fin de mantener su actividad funcional.

El sistema circulatorio cerebral se basa fundamentalmente en 4 grandes arterias organizadas en dos sistemas: el sistema posterior -vertebrovasilar- y el sistema anterior -carotideo- (Neurodidacta, 2016).

A nivel específico, estos irrigan diferentes áreas (Neurodidacta, 2016):

  • Sistema anterior: áreas cerebrales profundas, áreas frontales, parietales y buena parte de las áreas temporales.
  • Sistema posterior: tálamo, áreas temporales y occipitales

Como hemos señalado, un accidente o enfermedad cerebro vascular se desarrolla cuando algún tipo de evento anómalo o patológico interrumpe repentinamente el flujo sanguíneo de una o varias áreas cerebrales (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2015).

En este sentido, se han descrito un grupo amplio de eventos que pueden causar un bloqueo de éste: los accidentes isquémicos o las hemorragias cerebrales. (Martínez-Vila et al., 2011).

En el caso particular del síndrome de Wallenberg, tiene lugar un proceso isquémico en el que el flujo sanguíneo se reduce de forma parcial o total, debido a una oclusión a nivel local o específico.

Las consecuencias específicas van a variar en función de la parte del sistema circulatorio cerebral en la que se produzca la oclusión y, por tanto, las áreas cerebrales y nerviosas que pierdan la irrigación sanguínea.

Diferentes autores hacen referencia al sistema posterior como lugar de origen del síndrome de Wallenberg (Sánchez-Camacho-Maroto et al., 2010).

Generalmente, la oclusión de la irrigación sanguínea tiende a localizarse en la arteria cerebelosa posterior inferior (PICA), encargada fundamentalmente de nutrir buena parte del bulbo raquídeo y áreas inferiores de los hemisferios cerebelosos (Sánchez-Camacho-Maroto et al., 2010).

Debido a esto, el síndrome de Wallenberg recibe otro tipo de denominaciones, como infarto bulbar lateral, síndrome de la arteria cerebelosa o síndrome medular lateral (Ecured, 2016).

Se trata de una patología identificada inicialmente por el investigador Gaspard Vieusseux, a pesar de que reciba el nombre de Adolf Wallenberg, quien describió de forma precisa las características clínicas de esta patología (Ulloa-Alday, Cantú-Ibarra, Melo-Sánchez y Berino-Pardo, 2015).

El síndrome de Wallenberg queda definido como:

"Trastorno de carácter neurológico, provocado por la interrupción del flujo sanguíneo en áreas cerebrales posteriores y caracterizado por la presencia de vómitos, ataxia, síndrome de Horner, etc. (Kinaman, 2013)".

¿Es una patología frecuente?

El síndrome de Wallenberg constituye una de las patologías más frecuentes dentro de los accidentes cerebro-vasculares que afectan a las regiones posteriores (Martínez-Berganza, Sierra Bergua, Ruiz Ruiz, Rivas Jiménez, 2009).

Más del 80% de los ataques o episodios cerebro-vasculares se deben a procesos isquémicos y, de estos, un 20% afecta de forma específica a tejidos nerviosos irrigados por el sistema de circulación posterior (Roldán-Valadez, Juárez-Jiménez, Corona-Cedillo y Martínez-López, 2007).

A pesar de que no se conocen datos específicos sobre su incidencia, se trata de una enfermedad asociada fundamentalmente al sexo masculino, con una ratio de 3:1, en relación al sexo femenino (Carrillo-Esper et al., 2014).

Otro de los factores sociodemográficos relacionados con el incremento de la prevalencia del síndrome de Wallenberg es la edad. En este sentido, la edad media de presentación se aproxima a los 60 años (Carrillo-Esper et al., 2014).

Además, se trata de una enfermedad muy relacionada con diversos factores de riesgo, como es la hipertensión arterial, los niveles altos de colesterol, las patologías cardiacas o la diabetes (Sánchez-Camacho-Maroto et al., 2010).

Debido a esto, el síndrome de Wallenberg es un trastorno neurológico poco frecuente en la población infantil o adulta joven. Sin embargo, también se puede presentar como un proceso secundario a intervenciones quirúrgicas o traumatismos craneoencefálicos.

Signos y Síntomas

Los signos y síntomas producidos por el síndrome de Wallenberg suelen ser fácilmente reconocibles a nivel clínico, ya que en la mayor parte de los casos se caracterizan por un patrón sistemático constituido por:

Náuseas y vómitos

Las primeras manifestaciones clínicamente evidentes del síndrome de Wallenberg están constituidas por las náuseas y los vómitos (Sánchez-Camacho-Maroto et al., 2010).

Los pacientes suelen describir la presencia repentina de sensaciones gástricas dolorosas o molestas, acompañada de una necesidad incontrolable de vomitar.

Generalmente, el cuadro de malestar suele evolucionar hacia la presencia de vómitos recurrentes, es decir, a la expulsión del contenido del estómago.

Vértigo

Otro de los signos iniciales está constituido por la aparición repentina de vértigo en ausencia de otro tipo de factores o eventos desencadenantes (Sánchez-Camacho-Maroto et al., 2010).

El vértigo suele describirse a nivel clínico como el padecimiento de sensaciones de mareo, inestabilidad, movimiento y/o giros (National Instiutes of Health, 2010).

Los pacientes que presentan vértigo, como parte del curso clínico del síndrome de Wallenberg, refieren estar moviéndose o girando de forma constante (National Instiutes of Health, 2010).

En buena parte de los casos, el vértigo puede acompañarse de náuseas, pérdida de equilibrio, caídas o pérdida de consciencia temporal (DM, 2016).

Ataxia

Además de los eventos descritos anteriormente, los pacientes afectados por el síndrome de Wallenberg suele presentar procesos atáxicos (Ulloa-Alday, Cantú-Ibarra, Melo-Sánchez y Berino-Pardo, 2015).

Éstos suelen afectar fundamentalmente a las extremidades superiores e inferiores de un lado de la estructura corporal (Ulloa-Alday, Cantú-Ibarra, Melo-Sánchez y Berino-Pardo, 2015).

La ataxia se define como un síntoma de origen neurológico que provoca una amplia variedad de alteraciones de la coordinación motora y el control de diversos grupos musculares (DeMedicina, 2016).

Normalmente, los pacientes describen la presencia de movimientos involuntarios, falta de control, dificultad para ejecutar actos motores voluntarios, entre otras alteraciones (DeMedicina, 2016).

Alteraciones Respiratorias

El flujo sanguíneo deficiente o ausente en diferentes áreas nerviosas, especialmente en zonas del tronco encefálico y medulares, puede causar una alteración de la función respiratoria.

Lo más usual es que aparezcan algunos síntomas relacionados con (Sánchez-Camacho, 2010):

  • Patrón respiratorio ineficaz y arrítmico.
  • Contracciones bajas de oxígenos en sangre.
  • Limpieza deficiente de las vías áreas.
  • Secreciones purulentas en las vías áreas.

Otros síntomas sensoriales

La presencia de síntomas sensoriales va a depender fundamentalmente de las áreas cerebrales y espinales que se encuentren afectadas.

Sin embargo, en la mayor parte de los casos, éstos se caracterizan por incluir (Ulloa-Alday, Cantú-Ibarra, Melo-Sánchez y Berino-Pardo, 2015):

  • Alteración de la sensibilidad: generalmente aparece una disminución de la percepción de sensaciones en las áreas corporales afectadas por el accidente cerebro-vascular.
  • Deterioro de la percepción de dolor: el umbral de dolor suele verse disminuido, requiriendo una estimulación intensa para percibir este tipo de sensaciones.Aunque puede afectar a regiones corporales amplias, lo más habitual es que afecte a las extremidades y zonas faciales.
  • Deterioro de la percepción térmica: al igual que con la percepción de dolor, la capacidad de identificar de forma precisa estímulos de temperatura variable se muestra disminuida. Suele afectar fundamentalmente a las extremidades, la cara y diversas áreas del tronco cerebral.
  • Parálisis facial: aunque es menos frecuente, también es posible que aparezca una parálisis muscular transitoria de diversos grupos muscules que controlan la expresión facial.

Síndrome de Horner

Las características clínicas del síndrome de Horner constituyen otro de los puntos centrales dentro del curso clínico del síndrome de Wallenberg.

El síndrome de Horner es un trastorno neurológico que afecta a la integridad de las redes nerviosas que se distribuyen desde el hipotálamo hacia áreas faciales y oculares (National Institutes of Health, 2016).

Además del síndrome de Wallenberg y los accidentes cerebro vasculares, el síndrome de Horner puede aparecer como consecuencia de cefaleas recurrentes y procesos migrañosos, formaciones tumorales, inyecciones y procedimientos quirúrgicos o lesiones mecánicas entre otros (National Institutes of Health, 2016).

Alguna de las consecuencias médicas más significativas del síndrome de Horner incluyen (National Institutes of Health, 2016):

  • Alteración de la producción de sudor, especialmente de forma unilateral en áreas faciales.
  • Flacidez o caída de los parpados.
  • Alteración de la localización ocular, presentando una posición hundida dentro de la cuenca facial.
  • La contracción pupilar suele verse alterada, presentando un tamaño más reducido de lo habitual.

Alteraciones cognitivas y funcionales

Aunque son menos frecuentes, los pacientes afectados pueden presentar diversas alteraciones dentro de la esfera cognitiva:

  • Desorientación espacio-temporal.
  • Desorientación personal.
  • Dificultad o incapacidad de concentrarse y mantener la atención.
  • Problemas de memoria.
  • Alteraciones de la producción o expresión del lenguaje.
  • Dificultad para resolver problemas y situaciones cotidianas.

Estas características, junto con las posibles alteraciones físicas, suelen ocasionar un estado de dependencia significativo.

Normalmente, las personas que padecen el síndrome de Wallenberg requieren la ayuda de alguien para realizar buena parte de las actividades rutinarias como: comer, ducharse, andar, etc.

Causa

Las características clínicas del síndrome de Wallenberg son producto de un accidente cerebro-vascular.

A pesar de que los infartos e ictus cerebrales pueden aparecer debido a una amplia variedad de factores, en el caso del síndrome de Wallenberg esté se asocia especialmente a (Day Ruedrich, Chikkannaiah, y Kumar, 2016; Sánchez-Camacho-Maroto et al., 2010):

Diagnóstico

A nivel clínico, es fácil identificar esta patología debido a la magnitud de sus manifestaciones y al carácter restringido de la variedad sintomatológica.

En los servicios médicos de urgencia, el examen físico preliminar permite identificar de forma temprana la presencia de una patología de carácter cerebro-vascular.

Posteriormente, se emplean diversas pruebas de laboratorio para localizar el lugar de la oclusión arterial. Algunas de las más empleadas son la tomografía computerizada o la resonancia magnética nuclear (Miramontes González, Aláez Cruz, Puerto Pérez, Martín Oterino y Sánchez Rodríguez, 2008).

Tratamiento

Las intervenciones médicas empleadas en el síndrome de Wallenberg son fundamentalmente sintomática. Se centran en el tratamiento de las complicaciones médicas y las posibles repercusiones funcionales secundarias a este.

En general, se suele emplear un abordaje similar al diseñado para el tratamiento de Ictus.

Tras la estabilización en el síndrome de Wallenberg, resulta fundamental la rehabilitación física y neuropsciológica del paciente.

Referencias

  1. Carrillo-Esper et al. (2014). Síndrome de Wallenberg. Rev Invest Med Sur Mex, 141-144.
  2. Day Ruedrich, E., Chikkanniah, M., & Kumar, G. (2016). Wallenber's lateral medullary syndrome in adolescent. American Journal of Emergency Medicine.
  3. Dmedicina. (2016). Ataxia. 
  4. Ecured. (2016). Síndrome de Wallenberg.
  5. Kinman, T. (2013). Wallenberg Syndrome. 
  6. NIH. (2016). Síndrome de Horner. 
  7. NIH. (2016). What is Wallenberg's Syndrome? 
  8. Ospino Quiroz, J., & Monteagudo Cortecero, J. (2015). A propósito de un caso de síndrome de Wallenberg. SEMERGEN.
  9. Ramírez Moreno, J. (s.f.). Nociones básicas de anatomia.
  10. Roldán-Valadez, E., Juárez-Jiménez, H., Corona-Cedillo, R., & Martínez-López, M. (2007). Síndrome de Wallenberg: Hallazgos en resonancia magnética con correlación clínica. Gac Med Mex.
  11. Sánchez-Camacho-Maroto et al., . (2010). Infarto de la PICA, síndrome de Wallenberg, a propósito de un caso . Rev Clin Soc Esp Enfer Neurol, 55-58.
  12. Ulloa-Alday, J., Cantú-Ibarra, S., Melo Sánchez, M., & Berino-Pardo, D. (2015). Síndrome de Wallenberg. Med Int Mex, 491-498.

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