Síndrome de Pearson: Síntomas, Causas y Tratamientos

Síndrome de Pearson: Síntomas, Causas y Tratamientos

El síndrome de Pearson es una de las conocidas como enfermedades raras, debido a su baja prevalencia. Consiste en una enfermedad de tipo mitocondrial que afecta a todo el cuerpo, es decir su afectación es multi-sistema. Su inicio se produce en la edad infantil y ocurre debido a la delección del ADN mitocondrial.

Este síndrome fue descrito por primera vez en 1979 por Howard Pearson, un médico pediatra especializado en hematología.  Una década más tarde, fueron descubiertas las delecciones del ADN mitocondrial que causan este síndrome.

síndrome de Pearson

¿Cuáles son sus causas?

Esta enfermedad multisistémica se produce por una anormalidad en la fosforilación oxidativa que es el proceso metabólico por el cual se utiliza energía liberada por la oxidación de nutrientes para producir la adenosina trifosfato (ATP). La anormalidad de este proceso es debida a la duplicación del ADN mitocondrial.

A pesar de ser una enfermedad mitocondrial, es decir, que es transmitida por la madre, se ha llegado a la conclusión de que el Síndrome de Pearson suele ser esporádico. Por lo tanto, existen las delecciones del ADN mitocondrial y que sirven como criterio diagnóstico, pero la distribución azarosa de este tipo de ADN provoca que confluyan células normales y otras con mutaciones.

Este hecho, denominado heteroplasmia, que se produce cuando un individuo presenta una mezcla de poblaciones distintas de mitocondrias, es la causante de la gran variabilidad en la expresión clínica de la enfermedad. Este término alude a que, a pesar de responder a un mismo diagnóstico, distintos individuos mostrarán distinta sintomatología, así como distintos niveles de afectación.

¿Cuál es su prevalencia?

Al tratarse de una enfermedad rara, afecta a una minoría de la población. Según el portal europeo de Enfermedades Raras, Orphanet, el síndrome de Pearson tiene una prevalencia de <1 / 1.000.000.

Además, añade que no existen más de 60 casos descritos. El tipo de herencia que transmite el síndrome de Pearson, al no estar relacionada con el sexo, afecta de igual manera a ambos niños y niñas.

¿Cuáles son sus síntomas?

El inicio del síndrome de Pearson es en la etapa infantil y existen pocos casos descritos que sean de neonatos. Los primeros signos son visibles durante el período de lactancia y antes de los seis meses de vida.

Este síndrome presenta un cuadro muy variado, con distintas afecciones. Existen tres características que las presenta cualquier persona que sufre el síndrome de Pearson y que son los siguientes:

Anemia sideroblástica refractaria

Es el síntoma por excelencia del síndrome de Pearson y consiste en la alteración de la síntesis de la hemoglobina en los precursores de la médula ósea. De esta manera, se producen los denominados sideroblastos en anillo.

Para su tratamiento, es conveniente controlar la anemia y, además, prevenir la sobrecarga del hierro.

En ocasiones, esta anemia está asociada con una neutropenia profunda que consiste en la disminución del número de neutrófilos (comúnmente conocidos como leucocitos o glóbulos blancos).

También de trombocitopenia; cuando   se presenta una situación      hematológica anormal y el número de plaquetas es inferior. Se produce            debido             a la destrucción del tejido eritrocítico en la médula ósea.

Vacuolización de los precursores de la médula ósea

Las células que son las precursoras de la médula ósea, en el caso del síndrome de Pearson, aumentan su tamaño de una manera considerable.

Disfunción exocrina del páncreas

Esta disfunción es la incapacidad del páncreas exocrino para realizar las funciones digestivas de manera normal. Suele producirse por una brusca reducción de la secreción pancreática. Está estrechamente relacionada con una mala digestión y, como consecuencia, conlleva la mala absorción de los alimentos no digeridos que suelen desencadenar en un estado de malnutrición.

Existe una gran variabilidad en la expresión del Síndrome de Pearson, debido a que las células patógenas están junto con las normales. Para que una persona presente manifestaciones patológicas, ha de acumular una cantidad suficiente de ADN mutado. En ocasiones y debido a los distintos órganos y sistemas que se encuentran afectados, se piensa que el síndrome de Pearson consiste en una asociación “incoherente” de síntomas.

En una publicación del Hospital Universitario Doce de Octubre de Madrid, que consistió en un estudio de tres casos del síndrome de Pearson, revelan que otros síntomas y que se suelen presentar más tarde son las afecciones oculares, endocrinas, cardíacas y neurológicas. En lo referente a las afecciones cardíacas, algunos pacientes requirieron la implantación de marcapasos.

En menor medida, existen pacientes diagnosticados por el Síndrome de Pearson que presentan alteraciones cerebrales y/o del tronco del encéfalo que son visibles a través de la resonancia magnética.

Además, algunos de ellos presentan hiperlactatorraquia, también conocida como hipoglucorraquia que supone la disminución de los niveles de la glucosa en el líquido cefalorraquídeo. También, son comunes la hiperproteinorraquia, aumento de las proteínas en el líquido cefalorraquídeo y el descenso del ácido fólico en este líquido.

¿Cómo se puede diagnosticar el síndrome de Pearson?

Normalmente el diagnóstico se puede hacer en base a la sintomatología observada. No obstante, y como indica la Asociación de Síndrome de Pearson, resulta necesaria la realización de distintas pruebas y exámenes para concluir en el diagnóstico de este síndrome.

En primer lugar, ante la sospecha de un síndrome mitocondrial, puede efectuarse un análisis preventivo para determinar las alteraciones genéticas más frecuentes en el ADN mitocondrial.

Otra prueba muy importante en el Síndrome de Pearson es la biopsia muscular y en el caso en que distintos síntomas confluyeran, resulta imprescindible. Esta prueba consiste en la extirpación de una pequeña muestra de tejido muscular para ser examinado y analizado. Es una prueba rápida y poco invasiva y además no es dolorosa.

La neuroradiología es útil en el diagnóstico de este síndrome puesto que ofrece imágenes del estado del cerebro y se podrá detectar la existencia de alguna anomalía. Gracias a los estudios de laboratorio, se medirán los niveles de ácido láctico y del líquido cefalorraquídeo y así se podrá establecer si responden a niveles medios o, si existe algún tipo de anormalidad.

Por último, y no por ello menos importante, se realizan pruebas que analizan la actividad de las enzimas.

En casos en los que existan síntomas cardíacos o que afecten a otros órganos o sistemas, como la visión, se realizarán las pruebas correspondientes con el objetivo de aplicar el tratamiento que requieran. También pueden realizarse estudios gastroenterológicos y nutricionales para comprobar que la absorción de nutrientes se está realizando correctamente.

Tratamiento

Hasta la fecha del día de hoy, el síndrome de Pearson requiere un tratamiento sintomático. Es decir, no existe ninguna terapia o medicación que cure la enfermedad y, por lo tanto, los tratamientos van encaminados a paliar los síntomas que este síndrome provoca en los individuos que lo padecen.

Para ello y, en primer lugar, es muy importante haber realizado un análisis exhaustivo que arroje datos sobre el estado de salud del menor y cuáles son sus carencias para poder enfocar de la manera más adecuada el tratamiento. Además, son necesarias las revisiones médicas para poder comprobar la evolución y comprobar que el tratamiento que se está usando es el adecuado.

Normalmente, el tratamiento irá encaminado a paliar los episodios infecciosos y los problemas metabólicos.

En los casos en los que la anemia sea grave, se prescribirán transfusiones de sangre. En determinadas ocasiones, este tratamiento irá acompañado de terapia eritropoyetina que consiste en la aplicación de una hormona que contribuirá a la creación de glóbulos rojos, también conocidos como eritrocitos.

También, en caso de que los haya, se tratarán los trastornos endocrinos o los síntomas que afecten a otros órganos que no han sido mencionados en este apartado y que mencioné anteriormente, como por ejemplo el sistema visual, el corazón, etc.

¿Es mortal?

Desgraciadamente, el síndrome de Pearson suele acabar con la vida de estos menores antes de los tres años de edad. Las causas son variadas y, entre ellas, se encuentran:

  • Riesgo de sepsis que es la respuesta masiva del organismo a un proceso infeccioso.
  • Las crisis metabólicas con acidosis láctica o fallo hepatocelular.

No existen cifras que nos hablen de cuál es la tasa de supervivencia de los niños afectados este síndrome. Pero, en el caso de que estos menores sobrevivan a la sintomatología, el síndrome de Pearson desaparece debido a la evolución fenotípica, desapareciendo la sintomatología hematológica de manera espontánea.

En lo que respecta a los signos neurológicos y miopáticos pueden incrementarse o bien, desaparecer. En algunos casos, el síndrome de Pearson deriva en otra enfermedad mitocondrial que es el síndrome de Kearns-Sayre.

¿En qué consiste el síndrome de Kearns-Sayre?

Este síndrome, también de tipo mitocondrial, se caracteriza por oftalmoplejía externa progresiva (debilidad progresiva de los músculos oculares y elevadores del párpado), retinitis pigmentaria (agrupación de enfermedades oculares degenerativas) y su inicio se produce antes de los 20 años de edad. Algunos rasgos comunes adicionales incluyen sordera, ataxia cerebelar y bloqueo cardíaco.

Las cifras sobre su prevalencia que ofrece Orphanet estiman que el síndrome de Kearns-Sayre afecta a una persona de cada 125.000.

Normalmente, la enfermedad se presenta en la etapa infantil con los siguientes síntomas: ptosis (desprendimiento total o parcial de un órgano), retinopatía pigmentaria y oftalmoplejía externa progresiva. A continuación, aparecen otros síntomas dependiendo de la distribución de la anomalía molecular, al igual que en el síndrome de Pearson.

Otros síntomas asociados a este síndrome son la sordera bilateral neurosensorial, las afectaciones cardiacas, las afectaciones del sistema nervioso central (ataxia cerebelar, disartria, debilidad facial bilateral, déficit intelectual), la miopatía del músculo esquelético, los desórdenes intestinales y endocrinos (pubertad retrasada, hipoparatiroidismo, diabetes) y el fallo renal. La progresión de la enfermedad es lenta y puede durar hasta décadas. Durante estos años pueden aparecer nuevos síntomas o bien empeorar los que ya están presentes.

El Síndrome de Kearns-Sayre también está causado por delecciones de fragmentos del ADN mitocondrial, afectando al proceso de fosforilación oxidativa. Existen casos excepcionados de este síndrome que se producen sin la delección del ADN mitocondrial y son como consecuencia de mutaciones puntuales localizadas en el mismo.

El diagnóstico se suele realizar en base a las manifestaciones y, posteriormente, las pruebas realizadas que lo confirmen. Las pruebas suelen ser las mismas que en el caso del síndrome de Pearson.   Normalmente el diagnóstico no se realiza en la etapa prenatal.

La mayoría de los casos de este síndrome de producen de manera esporádica. Las delecciones del ADN mitocondrial se transmiten de una generación a otra, de manera excepcional. Se estima que menos de un 4% de las mujeres transmiten a su descendencia a una delección del ADN mitocondrial. En el caso de loss varones, no lo transmiten.

De igual manera, el tratamiento de este síndrome trata de paliar los síntomas provocados. Se recomiendan las revisiones regulares de un especialista del corazón. En los casos en los que se produzcan bloqueos cardíacos, requerirán la implantación del marcapasos o un dispositivo que desfibrilador para mejorar la calidad de vida de estos pacientes.

Los pacientes que sufran sordera pueden usar audífonos. Además, el suplemento de coenzima Q10 ha resultado ser beneficioso en algunos casos. En el caso de las manifestaciones oftalmológicas, pueden ser tratadas quirúrgicamente, aunque el riesgo de recurrencia, así como el de posibles complicaciones oculares es elevado.

El pronóstico de la persona que padece el síndrome de Kearns-Sayre dependerá de los órganos que tenga afectados y del grado de afectación en cada uno de ellos. Este hecho está estrechamente relacionado con la proporción de ADN mitocondrial afectado y sano que esté localizado en cada uno de ellos.

En una gran cantidad de casos, la esperanza de vida de las personas que padecen este síndrome puede ser normal si reciben la atención médica adecuada, siguiendo el tratamiento y las pautas prescritas por los profesionales de la salud.

Bibliografía

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