Síndrome de TORCH: Síntomas, Causas, Tratamento

Síndrome de TORCH: Síntomas, Causas, Tratamento

El síndrome de TORCH hace referencia a un grupo amplio de patologías que pueden causar procesos infecciosos durante la gestación o en el momento del nacimiento (Departamento de Ginecoobstetricia del HJJAB-IGSS, 2014).

Específicamente, el acrónimo TORCH comprende 5 tipos de infecciones (Departamento de Ginecoobstetricia del HJJAB-IGSS, 2014):

  • T: Toxoplasmosis
  • O: Otros –Sífilis, varicela, etc.-
  • R: Rubeola.
  • C: Citomegalovirus
  • H: Herpes Simple.

síndrome de TORCH

Las manifestaciones clínicas dependerán del tipo de infección congénita que se desarrolle en el afectado (Díaz Villegas, 2016).

Sin embargo, existen algunos signos y síntomas comunes: retraso generalizado del crecimiento, fiebre, hepatoesplenomegalia, anemia, petequias, hidrocefalia, calcificaciones, etc. (Díaz Villegas, 2016).

La sospecha diagnóstica suele efectuarse en base a los hallazgos clínicos. Sin embargo, es esencial realizar un estudio serológico para identificar el origen de la infección (Cofré, Delpiano, Labraña, Reyes, Sandoval e Izquierdo, 2016). En este síndrome lo más habitual es emplear el perfil diagnóstico de TORCH (Kim, 2015).

El tratamiento del síndrome de TORCH será específico en cada individuo y depende del tipo de infección que padezca. Los especialistas médicos suelen recurrir al empleo de los abordajes clásicos en cada patología.

¿Qué es el síndrome de TORCH?

El síndrome de TORCH hace referencia a un conjunto de patologías que puede causar procesos infecciosos congénitos (National Organization for Rare Disorders, 2016).

Las infeccionas congénitas se definen por ser condiciones médicas que se transmiten de madre a hijo durante la gestación o en el momento del nacimiento (Salvia, Álvarez, Bosch, Goncé, 2008).

Normalmente, este tipo de procesos infecciosos tienen a adquirirse durante el primer, segundo o tercer trimestre de embarazo (Díaz Villegas, 2016).

Sin embargo, también es posible que la infección se contraiga al paso del feto por el canal del parto (Díaz Villegas, 2016).

En el caso de este síndrome, su denominación se basa en el acrónimo de las infecciones congénitas más comunes: T (toxoplasmosis), R (rubeola), C (citomegalovirus) y H (H) (Salvia, Álvarez, Bosch y Goncé, 2008).

La O, suele hacer referencia a otros procesos infecciosos entre los que se incluyen la sífilis, la varicela, la malaria, tuberculosis, papilomavirus, entre otros (Salvia, Álvarez, Bosch, Goncé, 2008).

Cada tipo de infección va a generar un curso clínico diferencial: momento de presentación, signos y síntomas, complicaciones médicas, tratamiento, etc.

Como señalan autores como Salvia, Álvarez, Bosch y Goncé (2008) todos presentan algunas características comunes:

  • La transmisión del agente patológico de la madre al hijo puede ocurrir por un contacto directo durante el nacimiento o por la vía placentaria durante la gestación.
  • El origen del proceso infeccioso puede estar asociado a agentes virales, bacteriológicos o parasitarios.
  • En la madre la infección no suele ocasionar síntomas significativos por lo que suelen pasar inadvertidas.
  • El diagnóstico incluye en todos los casos un estudio serológico, biológico molecular o un cultivo celular.
  • El curso clínico puede ser similar en muchas de las infecciones, sin embargo, son ampliamente variables.
  • El agente patológico que se contrae antes de las 20 semanas de gestación ocasiona importantes complicaciones médicas, como el desarrollo de malformaciones físicas.
  • La infección en etapas más tardías de la gestación suele ocasionar prematuridad, bajo peso al nacer o algunas alteraciones del sistema nervioso central.
  • Las infecciones contraídas durante el parto suelen generar neumonitis, hepatoesplenomegalia, sepsis, anemia, entre otros.
  • Algunas de las patologías pueden permanecer asintomáticas durante el período neonatal. Suelen generar secuelas neurosensoriales en momentos posteriores.

¿Es frecuente?

El síndrome de TROCH y los procesos infecciosos de origen congénito son patologías frecuentes (Díaz Villegas, 2016).

Su incidencia alcanza una cifra cercana al 2,5% del total de recién nacidos cada año (Díaz Villegas, 2016).

No todos los afectados presentan complicaciones médicas significativas. Un porcentaje grande presenta un curso clínico asintomático (Díaz Villegas, 2016).

¿Cuáles son las infecciones más comunes asociadas al síndrome de TROCH?

Los procesos infecciosos categorizados dentro del síndrome de TROCH incluyen: toxoplasmosis, rubeola, citomagalovirus, herpes simple y otros menos frecuentes como la  varicela-zoster, sífilis, parvovirus, papilomavirus, etc. (Departamento de Ginecoobstetricia del HJJAB-IGSS, 2014; Díaz Villegas, 2016; Salvia, Álvarez, Bosch, Goncé, 2008; Ticona Apazza y Vargas Poma, 2011):

Toxoplasmosis

La toxoplasmosis es una infección generada por un protozoo. Suele contraerse a través de la ingestión de algunos alimentos mal lavados o poco cocinados.

En la mayoría de los casos, las madres afectadas no suelen presentar una sintomatología significativa, pero transmiten la infección al embrión durante la gestación.

La toxoplasmosis congénita suele considerarse una patología poco frecuente en la población general. Los estudios epidemiológicos cifran su incidencia en 1 caso por cada 1.000 partos.

El proceso infeccioso suele manifestarse en el feto durante la gestación o en la etapa neonatal. 

A pesar de que los signos y síntomas pueden variar entre los afectados, los más comunes abarcan: corio-retinitis, esplenomegalia, calcificaciones cerebrales, epilepsia, anemia, episodios febriles, alteraciones del líquido cefalorraquídeo, etc.

El diagnóstico definitivo de esta patología suele basarse en los resultados de los análisis serológicos.

Por su parte, el tratamiento empleado en la gestante se orienta hacia la prevención de la transmisión. Los fármacos más usados son lo antimicrobianos.

En el caso del tratamiento del feto infectado, lo más habitual es la administración de pirimetamina y sulfadiacina, junto con un control médico exhaustivo.

Rubeola

La rubeola es otra de las infecciones congénitas clasificadas bajo el nombre de síndrome de TORCH.  La contracción del virus de la rubeola suele asociarse al contacto directo o a las secreciones nasofaríngeas.

Tiene un período de incubación de unos 18 días y puede ocasionar importantes daños en el feto cuando la madre contrae la infección durante o antes del cuarto mes de embarazo.

Aunque no es muy frecuente en la población general, la rubeola puede generar una cantidad importante de patologías.

Las alteraciones más frecuentes están asociada a la presencia de patologías cardiacas. Suelen estar presenten en más del 70 de los casos y se caracterizan por:

  • Ductus arterioso.
  • Estenosis de la arteria pulmonar.
  • Necrosis arterial.
  • Anomalías septales y/o ventriculares.
  • Pérdida de estriación.

Otras complicaciones médicas frecuentes son la hipoacuisa, microcefalia, cataratas, hipoplasia ocular, microftalmos, retinopatías, etc.

El diagnóstico de la rubeola suele realizarse en base a la identificación de algunos de los signos clínicos señalados anteriormente. Además, se realiza un análisis de las secreciones faríngeas.

La confirmación diagnóstica final suele depender del aislamiento del virus y de los resultados inmunológicos.

No se ha diseñado un abordaje terapéutico específico para la rubeola de origen congénito.  Lo más habitual es la inmunización contra este virus antes del embarazo.

Las vacunas suelen administrarse en mujeres en edad fértil, al menos un mes antes de la concepción. Su uso durante la gestación está contraindicado.

Citomegalovirus

El citomegalovirus es un agente patológico perteneciente a la familia de Herpesviridae y es exclusivo del ser humano.

Se trata de la infección de origen congénito más común en la población general. Suele transmitirse por contacto directo con líquidos corporales como la sangre.

Buena parte de las infecciones son asintomáticas o subclínicas en las mujeres afectadas. Sin embargo, durante la gestación el feto puede desarrollar la infección a través de una reactivación del proceso o infección primaria de la gestante.

Este tipo de proceso infeccioso puede ocasionar importantes lesiones en el feto: atrofia óptica, microcefalia, calcificaciones ventriculares, hepatoesplenomegalia, ascitis o retraso en el crecimiento.

Además, un porcentaje más reducido de afectados también puede desarrollar episodios febriles, encefalitis, afectación respiratoria, púrpura cutánea, hepatitis o retraso generalizado del desarrollo psicomotor.

El diagnóstico de la infección por citomegalovirus requiere una confirmación a través de pruebas de laboratorio. Es necesario realizar un aislamiento del virus en la sangre o en el líquido amniótico durante la gestación.

Además, diversos estudios experimentales están examinando la eficacia de fármacos como el ganciclovit para el tratamiento de esta patología.  La administración de inmunoglobulina no suele estar indicada en estos casos.

Herpes simple

Los casos de infecciones por el virus del herpes simple suelen alcanzar cifras altas en muchos de los países desarrollados, dando lugar a 1 diagnóstico por cada 3.500 partos.

Este tipo de virus suele contraerse a través de un portador con lesiones en áreas cutáneas o mucosas a través de su excreción por diversos fluidos corporales como la saliva, el semen o las secreciones vaginales.

A pesar de que la mayoría de infecciones son asintomáticas, el virus del herpes simple tiene la capacidad de permanecer en un estado latente en el organismo pudiendo reactivarse de forma esporádica.

En el caso de las madres gestantes portadoras, este virus puede transmitirse al feto en el momento del parto cuando pasa por el canal vaginal.

Aunque algunos casos permanecen asintomáticos, las complicaciones médicas por infección neonatal de herpes están asociadas al desarrollo de enfermedad diseminada (fallos respiratorios, hepáticos, encefalitis, anomalías en el SNC, etc.), patologías del sistema nervioso central (convulsiones, irritabilidad, alteraciones térmicas, trastornos de conciencia, etc.). o patologías oculares, cutáneas y/o bucales.

La identificación de este proceso infeccioso requiere diversos análisis de laboratorio. Suele realizarse un cultivo celular a partir de muestra de lesiones genitales, lesiones cutáneas del recién nacido o los fluidos corporales.

El tratamiento del herpes simple se basa en la administración de medicación antiviral, como el Aciclovir.

Además, es importante aislar al feto durante el parto a través de la realización de un parto asistido por cesárea.

Varicela-Zóster

El virus de la varicela es uno de los más contagiosos. Es exclusivo de la especie humana y presenta un periodo de incubación de unos 10 o 20 días.

En la actualidad, más del 80% de las gestantes son inmunes a este virus gracias a las avanzadas técnicas de vacunación. Sin embargo, su frecuencia alcanza 2 o 3 casos por cada 1.000 embarazadas.

La infección fetal suele suceder antes de la semana 20 de gestación a través de una vía transparentaría.

En los casos de infección materna en días cercanos al parto o posteriores a éste el riesgo de infección neonatal es alto y grave.

Durante la gestación, este tipo de infección puede ocasionar lesiones cutáneas, alteraciones musculoesqueléticas, lesiones neurológicas y oftalmológicas.

En cambio, si la infección se produce en la fase neonatal puede aparecer una varicela con afectación mulsisitémica grave.

El diagnóstico en el caso de la gestante se clínico y se basa en la identificación sintomática y el análisis serológico. En el caso del examen fetal, suele realizarse una amniocentesis para aislar el virus.

El tiramiento materno suele requerir la administración de inmunoglibulina variecela-zoaster. Mientras que el tratamiento del recién nacido requiere gamma-globulina específica o inespecífica.

Sífilis

La sífilis es un preso infeccioso ocasionado por el virus Treponema pallidum. Cualquier embarazada afectada y no tratada puede transmitir esta patología durante la gestación o el momento del parto.

Las manifestaciones embrionarias y neonatales de la sífilis pueden ser muy amplias: meningitis, coriza, hepatoesplenomegalia, adenopatía, neumonitis, anemia, prematuridad, retraso generalizado del crecimiento, alteraciones óseas, etc.

A pesar de que buena parte de los afectados presentan un curso asintomático durante muchos años, la sífilis puede ocasionar algunas manifestaciones tardías: episodios convulsivos, sordera o discapacidad intelectual, entre otros.

Esta patología requiere una intervención médica de urgencia. Cuando la madre ha sido tratada suele emplearse la penicilina, mientras que si no ha sido tratada suelen emplearse otro tipo de tratamientos.

Parvovirus

La infección por parvovirus B19, produce diversas alteraciones cutáneas entre las que se encuentran los eritemas infecciosos.

No es una patología frecuente, pero puede ocasionar el aborto espontáneo en un 10% de los casos. Aunque si la infección se da en las últimas fases de la gestación, el curso clínico está asociado al desarrollo de hidrops, trombocitopenia, miocarditis, lesiones hepáticas, etc.

El tratamiento de esta condición médica suele centrarse en el abordaje de los síntomas y las complicaciones médicas.  En el caso de alteraciones graves durante la gestación puede emplearse la transfusión intrauterina.

Papilomavirus

El papilomavirus es otro de los agentes patológicos exclusivo de la especie humana. Los fetos y embriones suelen verse afectados por procesos infecciosos generados por vías transplacentarias o por el paso a través del canal del parto.

El curso clínico de esta condición médica se caracteriza fundamentalmente por el desarrollo de alteraciones respiratorias.

Las intervenciones médicas se centran en el mantenimiento de la apertura de las vías aéreas y el seguimiento de las complicaciones médicas.

Referencias

  1. Díaz Villegas, M. (2016). TORCH. Texto de la Cátedra de Pediatría.
  2. IGSS, G. d.-O. (2014). Manejo de TORCH en el Embarazo. Guías de Práctica Clínica Basadas en Evidencia.
  3. NORD. (2016). TORCH Syndrome. Obtenido de National Organization for Rare Disorders: http://rarediseases.org/rare-diseases/.
  4. Salvia, M., Álvarez, E., Bosch, J., & Goncé, A. (2008). Infecciones congénitas. Asociación Española de Pediatría.
  5. Ticona Apaza, V., & Vargas Poma, V. (2011). SÍNDROME DE TORCH. Revista de Actualización Clínica.

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