Síndrome Constitucional: Síntomas, Causas y Tratamiento

Síndrome Constitucional: Síntomas, Causas y Tratamiento

El síndrome constitucional o síndrome de las 3 “A” es una enfermedad que se caracteriza por 3 componentes: astenia, anorexia y adelgazamiento o pérdida de peso significativa que es involuntaria.

Hernández Hernández, Matorras Galán, Riancho Moral y González-Macías (2002) indican, además, que este síndrome debe darse “no acompañado de ningún síntoma o signo que oriente al diagnóstico del padecimiento de una enfermedad propia de un determinado órgano o sistema”.

síndrome constitucional

Este síndrome constituye un reto clínico para los profesionales, ya que puede ser difícil de diagnosticar y conlleva una evaluación exhaustiva para detectarlo. Además, puede tener muchas causas, siendo éstas muy diversas (Castro y Verdejo, 2014).

El síndrome constitucional puede tener diferentes niveles de gravedad, donde el máximo grado es la caquexia, que se caracteriza por una importante pérdida de peso, cansancio, atrofia muscular y desnutrición; y se vincula en ocasiones con la aparición de cáncer.

Por otro lado, es una condición que puede darse en todas las edades; aunque es más habitual en edades avanzadas, ya que en estas etapas suele darse inapetencia y debilidad.

Existen diferentes conceptos en la literatura para definir esta condición, como síndrome general, síndrome de afectación general, síndrome caquexia-anorexia-astenia, síndrome caquéctico, etc.

¿Cuáles son sus componentes?

- Astenia: significa falta de energía o debilidad física y psíquica para llevar a cabo las actividades diarias que anteriormente se realizaban con normalidad, y es la manifestación menos evidente de este síndrome.

Aproximadamente un 25% de los pacientes que acuden a consulta dicen presentar fatiga o debilidad, aunque no significa que vayan a presentar este síndrome.

Si aparece aisladamente, sin otros síntomas, incluso puede ser funcional porque da la señal para que nuestro cuerpo descanse ante periodos largos de estrés. Sin embargo, en este síndrome viene acompañada de otras manifestaciones, por lo que constituye un problema a tratar.

La astenia orgánica y funcional se diferencian en que tienen distintas causas, en la duración (la funcional dura más), el curso fluctuante, la resistencia al ejercicio físico, y otra sintomatología (en la funcional aparece imprecisa, poco delimitada).

Ante esta situación, el profesional procurará descartar primero posibles causas orgánicas. (Suárez-Ortega et al., 2013)

- Anorexia: en este caso se define como una significativa falta de apetito no producida por otros problemas como los asociados a la cavidad bucal, pérdida de dientes, o ausencia de olfato. Es decir, se comprueba si se debe a otras causas puntuales.

Según Suárez-Ortega et al. (2013), se acaba desarrollando por muchos procesos y es habitual que poco a poco desemboque en caquexia (fuerte desnutrición) o incluso en la muerte. Ya que nuestro cuerpo necesita nutrientes para poder sobrevivir.

Para saber si una persona ha llegado a la caquexia, se utilizan los siguientes criterios:

  • Pérdida de peso no intencionada de más o igual del 5% en menos de 6 meses.
  • Índice de masa corporal (IMC) menor de 20 en menores de 65 años, y menor de 22 en mayores de 65.
  • Bajo índice de grasa corporal (menos del 10%).
  • Niveles bajos de albúmina.
  • Citoquinas en sangre elevadas.

La falta de apetito se asocia con el siguiente componente, el de pérdida de peso o adelgazamiento.

- Adelgazamiento: conlleva una pérdida de peso involuntario, principalmente de tejido graso. Esto comienza a considerarse grave cuando se pierde en un mes de manera no voluntaria el 2% del peso, en 3 meses más del 5% y en 6 meses, más del 10%.

Este adelgazamiento puede ir asociado, como dijimos, al punto anterior (falta de hambre), a problemas en el sistema digestivo, pobre absorción de los nutrientes, sitofobia o miedo a comer o demencia. Si se sigue dando a pesar de incrementar el consumo de calorías, puede deberse a diabetes mellitus, hipertiroidismo o diarreas.

En el cáncer, este adelgazamiento puede deberse a causas multifactoriales: tumores digestivos que comprimen los órganos, activación de factores de necrosis, o efectos secundarios de otros tratamientos.

En el síndrome constitucional es importante saber que esta pérdida no es debida a un periodo de dieta voluntario, diuréticos u otras enfermedades. Para calcular cuánto peso se ha perdido se usa esta fórmula (Brea Feijoo, 2011):

Porcentaje de peso corporal perdido = Peso habitual – Peso actual x 100 / Peso habitual

¿Qué tipos hay?

La clasificación típica consiste en:

- Síndrome Constitucional Completo: presenta los 3 componentes arriba explicados.

- Síndrome Constitucional Incompleto: la pérdida de peso, que es un síntoma imprescindible, se acompaña o sólo de astenia, o sólo de anorexia.

¿Cuáles son sus causas?

Las causas principales consisten en:

- Enfermedades orgánicas no tumorales (en un 40% de los pacientes): es frecuente que el síndrome se deba o se vincule a enfermedades gastrointestinales, como inflamación intestinal, úlceras, ser celíaco, problemas de deglución, pancreatitis, etc. También puede asociarse con enfermedades del sistema endocrino como hiper o hipotiroidismo, diabetes mellitus o, en casos más raros, feocromocitoma o hiperparatiroidismo.

Por otro lado, puede surgir por infecciones como tuberculosis, fungemias, parásitos, VIH, etc. O relacionarse con enfermedades del tejido conectivo, pulmonares o renales. En ésta última, la pérdida de peso asociada a la hemodiálisis es la situación que produce más morbilidad y mortalidad.

Las alteraciones cardiovasculares pueden formar parte de la etiología del síndrome constitucional, haciendo que el individuo adelgace por múltiples razones como hipercatabolismo (degradación o síntesis de proteínas muy rápidamente) o falta de apetito. Se vincula en varias ocasiones a isquemia mesentérica (que ocasiona falta de riego sanguíneo en el intestino delgado). Por otro lado, la caquexia se ha asociado con insuficiencia cardiaca grave.

Curiosamente una persona que toma muchos fármacos también puede desarrollar este síndrome, principalmente produciéndose la pérdida de peso en el adulto mayor.

- Tumores (sobre un 25% de los afectados) o neoplasias, que consiste en el desarrollo de tejido nuevo en alguna parte del organismo, pudiendo ser maligno o benigno. En un 50% los pacientes que presentan tumores tienen metástasis cuando se les diagnostica. Los más comunes son los gastrointestinales, seguidos de los genitourinarios y luego, los oncohematológicos.

- Enfermedades neurológicas: ya que el deterioro neurológico va produciendo una disfunción visceral y, por tanto, una reducción en la ingesta de alimentos. Las más frecuentes asociadas con el síndrome son los Accidentes Cerebrovasculares, la demencia, la Esclerosis múltiple o el Parkinson.

- Causas psiquiátricas: los trastornos mentales, sorprendentemente, también pueden configurar una causa para el síndrome constitucional. Por ejemplo, la depresión puede dar lugar a esta condición en 1 de cada 5 afectados. Principalmente estos trastornos abarcan el trastorno de la conducta alimentaria, la demencia o trastorno por somatización.

- Causas sociales: es importante tener en cuenta que, en zonas más desfavorecidas del mundo, sobre todo los adultos mayores, pueden presentar este síndrome por no poder acceder a una alimentación adecuada.

En un estudio de Hernández Hernández, Matorras Galán, Riancho Moral y González-Macías (2002) resaltan la importancia de estudiar la etiología de este síndrome. Se analizaron a 328 pacientes con el síndrome constitucional y se organizó su etiología por frecuencia, siendo de más a menos frecuente: tumores malignos, trastornos psiquiátricos y enfermedades orgánicas en el tracto digestivo.

¿Cómo se diagnostica?

Para diagnosticarle se deben cumplir los criterios que hemos expuesto anteriormente, clasificándose en tipo completo o incompleto.

Una vez que el profesional se asegura de que cumple con estos criterios diagnósticos, se va a preguntar al paciente sus antecedentes personales (enfermedades, ocupación, vivienda…) y familiares (si hay historia de otras enfermedades, cáncer o trastornos mentales).

Se obtendrán datos sobre la actividad física, o si lleva una vida sedentaria o activa, la forma de alimentarse, si consume fármacos o drogas. Para conocer la gravedad de los síntomas, se cuestionará la duración de éstos y en qué manera está afectando a la vida de la persona.

En cuanto a la exploración física, normalmente se realiza un análisis de sangre, examen de orina, una prueba bioquímica básica, comprobar si hay sangre oculta en las heces y ecografía abdominal.

Si no se ha podido llegar a un diagnóstico concreto incluso tras la exploración exhaustiva, se puede llegar al diagnóstico de síndrome constitucional de origen desconocido (transcurriendo mínimo 3 semanas de estudio en internación). Y lo recomendable es que se realice un seguimiento cada dos meses al principio, y más adelante, cada seis (Rodríguez Rostan, 2015).

¿Cuál es su prevalencia?

Según Suárez-Ortega et al. (2013) en el Hospital Universitario de Gran Canaria “Doctor Negrín” existe una alta prevalencia del síndrome constitucional (un 20% aproximadamente).

Por otro lado, en el estudio de Hernández Hernández, Matorras Galán, Riancho Moral y González-Macías (2002), analizó a pacientes con este síndrome y encontraron que el 52% de los pacientes eran hombres y el 48% mujeres. La edad media de los pacientes era de 65.4 años, aunque las edades oscilaban de 15 a 97 años.

Además, en el 44% de los afectado se encontró al menos una enfermedad concomitante más, y en el 24% más de una condición asociada.

¿Cómo se puede tratar?

Evidentemente el tratamiento en este síndrome es de carácter individualizado, es decir, se adapta completamente a los síntomas y problemas que presente cada paciente.

Para ello, además de tener en cuenta los síntomas, se valorará la etiología, la fase de la enfermedad, las opciones terapéuticas que existen, el impacto del problema en el funcionamiento de la persona, etc.

La mejor manera de abordar el Síndrome Constitucional es a través de una intervención multidisciplinar, participando varios profesionales: médicos, enfermeras, nutricionistas, terapeutas ocupaciones, fisioterapeutas, psiquiatras, etc.

En primer lugar, se insiste en un cambio nutricional del paciente supervisado por un profesional. Se procura que el afectado aumente la cantidad de calorías que consume mediante una dieta hipercalórica ajustada a las preferencias y necesidades de éste, evitando la restricción de alimentos. En algunos casos puede ser recomendable tomar suplementos nutricionales.

De forma general en este síndrome, pueden ser de utilidad ciertos fármacos como el acetato de megestrol o bajas dosis de corticoides (como dexametasona o prednisona), que sirven para mejorar síntomas de anorexia y de pérdida de energía (astenia). Otros fármacos utilizados son la ciproheptadina y la metoclopramida.

Sin embargo, como este síndrome puede ser tan variable en cada individuo, habría que valorar de manera individual los riesgos y beneficios de tomar estos fármacos, ya que pueden tener efectos adversos como hipertensión, insomnio, insuficiencia suprarrenal, trastornos grastrointestinales, etc. (Castro Alvirena y Verdejo Bravo, 2014).

Es importante, además, que si existen complicaciones que han generado la enfermedad se actúe sobre ellas. Por eso es esencial saber lo que ha causado el síndrome, porque es en ese punto donde va a ir enfocado el tratamiento: si existe hipertiroidismo, neoplasias, enfermedades neurológicas, problemas gastrointestinales, etc. Se va a crear un tratamiento específico para actuar en la causa.

Referencias

  1. Brea Feijoo, J. (s.f.). Síndrome constitucional. Recuperado el 21 de julio de 2016, de Fisterra.com: http://www.fisterra.com/
  2. Castro Alvirena, J., & Verdejo Bravo, C. (2014). Diagnostic protocol and treatment of constitutional syndrome in the elderly. Medicine, 11(62), 3720-3724.
  3. Hernández Hernández, J., Matorras Galán, P., Riancho Moral, J., & González-Macías, J. (2002). Espectro etiológico del síndrome general solitario. Revista Clínica Española, 202: 367-374.
  4. Ramírez, F. B., Carmona, J. A., & Morales Gabardino, J. A. (2012). Estudio inicial del paciente con síndrome constitucional en atención primaria. FMC. Formación Médica Continuada En Atención Primaria, 19, 268-277.
  5. Rodríguez Rostan M.L. (2015). Síndrome constitucional: un desafío frecuente para el médico clínico. Servicio de Clínica Médica. Hospital J.M. Cullen. Santa Fé. Recuperado el 21 de julio de 2016, de Clínica Cullen: http://clinicacullen.com/
  6. "Síndrome general". (s.f.). Recuperado el 21 de julio de 2016, de Universidad de Cantabria: http://ocw.unican.es/
  7. Suárez-Ortega, S., Puente-Fernández, A., Santana-Baez, S., Godoy-Díaz, D., Serrano-Fuentes, M., & Sanz-Peláez, O. (2013). Síndrome constitucional: entidad clínica o cajón de sastre. Revista Médica Del IMSS, 51(5), 532-535.

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