Parálisis de Todd: Síntomas, Causas, Tratamiento

Parálisis de Todd: Síntomas, Causas, Tratamiento

Con el término parálisis de Todd hacemos referencia a un tipo de parálisis poscrítica o postictal que sigue a algunos tipos de crisis epilépticas (Urrestarazu, Iriarte, Alegre, Lázaro, Schlumberger, Artieda y Viteri, 2002).

Suele describirse como un déficit motor que afecta al movimiento eficiente de diversos grupos musculares (Pozo Alonso, Pozo Lauzán, Cordero López y Hernández Meilán, 2005).

síndrome de todd

Puede ocasionar alteraciones tanto en el hemicuerpo izquierdo como en el derecho y se relaciona con el movimiento de las extremidades superiores e inferiores (Pozo Alonso, Pozo Lauzán, Cordero López y Hernández Meilán, 2005).

En buena parte de los casos, el origen etiológico del síndrome de Todd se encuentra en el padecimiento de crisis convulsivas de carácter tónico clínico generalizadas (Sánchez Flores y Sosa Barragán, 2011).

Como señalan los especialistas Sánchez Flores y Sosa Barragán (2011), el diagnóstico de esta patología suele realizarse en base a la exclusión a través de la identificación de diversos criterios clínicos.

No existe una intervención médica específica para el síndrome de Todd. El tratamiento suele orientarse al control de las crisis convulsivas (Sánchez Flores y Sosa Barragán, 2011).

Sin embargo, es frecuente el empleo de algún tipo de terapia física para las secuelas musculares (Sánchez Flores y Sosa Barragán, 2011).

Características de la parálisis de Todd

El síndrome o parálisis de Todd se describe como un trastorno neurológico que suelen experimentar algunas personas que padecen epilepsia (National Institute of Neurological Disorders, 2011).

Específicamente, consiste en una parálisis muscular de carácter temporal que sigue a un período de ataque o crisis convulsiva (National Institute of Neurological Disorders, 2011).

Como sabemos, la epilepsia constituye una de las enfermedades neurológicas más graves y frecuentes en la población general.

Los datos publicados por la Organización Mundial de la Salud (2016) señalan que existen más de 50.000 millones de personas con un diagnóstico de epilepsia en todo el mundo (Organización Mundial de la Salud, 2016).

Su curso clínico deriva de la presencia de una actividad neuronal anormal y/o patológica que resulta en el padecimiento de crisis o ataques convulsivos recurrentes.

Es posible que las crisis epilépticas se caractericen por un incremento exagerado del tono muscular, el desarrollo de fuertes sacudidas musculares, la pérdida de consciencia o los episodios de ausencias.

Las secuelas de este tipo de eventos patológicos van a depender fundamentalmente de la complejidad y de las áreas cerebrales asociadas.

De esta forma, es posible apreciar manifestaciones de carácter positivo (conductuales, visuales, olfatorias, gustativas o auditivas) y alteraciones de carácter negativo (déficits afásicos, sensitivos o motores) (Fernández Torrón, Esteve-Belloch, Palma, Riverol e Iriante, 2012) como en el síndrome de Todd.

Este síndrome fue descrito inicialmente por Todd en el año 1854 (Urrestarazu, Iriarte, Alegre, Lázaro, Schlumberger, Artieda y Viteri, 2002).

El investigador Robert Bentley Todd natural de Dublín se estableció en Londres donde cosechó numerosos éxitos asociados al área de la medicina y la educación (Pozo Alonso, Pozo Lauzán, Cordero López y Hernández Meilán, 2005).

Inicialmente, caracterizó este síndrome como un tipo de alteración motora que aparecía tras la presencia de ciertos tipos de crisis epilépticas, especialmente las que presentaba un curso motor o generalizado (Urrestarazu, Iriarte, Alegre, Lázaro, Schlumberger, Artieda y Viteri, 2002).

Así, en los primeros momentos el síndrome de Todd recibió el nombre de parálisis epiléptica o parálisis postictal (Sánchez Flores y Sosa Barragán, 2011).

El término período ictal se emplea en el ámbito médico y experimental para hacer referencia a un estado anormal que se presenta entre el final de una convulsión y el comienzo de la recuperación de estado basal o inicial (Degirmenci y Kececi, 2016).

Es en esta fase donde se encuentran las características clínicas del síndrome o parálisis de Todd.

¿Es una patología frecuente?

La parálisis de Todd se considera un trastorno neurológico poco frecuente en la población general y especialmente en los adultos (Sánchez Flores y Sosa Barragán, 2011).

Los reportes clínicos internacionales señalan una mayor prevalencia asociada a la población pediátrica con epilepsia (Sánchez Flores y Sosa Barragán, 2011).

Diversos estudios clínicos, como referenciado por los autores Degirmenci y Kececi (2016) señalan que la parálisis de Todd presenta una prevalencia aproximada de 0,64% de los pacientes con epilepsia examinados.

¿Cuáles son los signos y síntomas característicos?

El curso clínico del síndrome de Todd está relacionado fundamentalmente con la aparición de diversos déficits motores, paresias y parálisis.

El término paresia suele emplearse para hacer referencia a un déficit parcial o completo de los movimientos voluntarios. Generalmente, no suele ser completo y está asociado el funcionamiento eficeiuten de las extremidades.

La paresia suele tener una presentación unilateral, es decir, afecta a una de las mitades corporales y está asociada a las áreas motoras afectadas por la descarga epileptópgena (Urrestarazu, Iriarte, Alegre, Lázaro, Schlumberger, Artieda y Viteri, 2002).

Siendo esta la más frecuente, también es posible que aparezca como (Sánchez Flores y Sosa Barragán, 2011):

  • Monoparesia: la ausencia parcial de movimiento tiende a afectar a un solo miembro, superior o inferior.
  • Paresia facial: la ausencia parcial de movimiento tiende a afectar de forma preferencial a las áreas cráneo-faciales.

Por su parte, la parálisis se refiere a la ausencia completa de movimiento relativo a diversos grupos musculares, ya sea a nivel facial o de forma específica en las extremidades.

Ambos hallazgos tienen una gran relevancia clínica debido tanto a la limitación funcional que ocasiones como a la consiguiente preocupación (Urrestarazu, Iriarte, Alegre, Lázaro, Schlumberger, Artieda y Viteri, 2002).

Otros signos y síntomas

El algunos pacientes en edad adulta, el fenómeno de Todd tiene a tomar una forma clínica asociado a déficits neurológicos focales (Sánchez Flores y Sosa Barragán, 2011):

  • Afasia: de forma secundaria a la parálisis muscular y/o la afectación de las áreas neurológicas encargadas del control de lenguaje es posible que la persona afectada presente una dificultad o incapacidad para articular, expresar o comprender el lenguaje.
  • Pérdida visual: puede identificarse una pérdida significativa de la agudeza visual asociada a una afectación de las regiones corticales sensoriales o a diversos problemas asociados a la posición de los ojos y la parálisis ocular.
  • Déficit somatosensorial: pueden aparecer algunas alteraciones asociada a la percepción de estímulos táctiles, dolorosos o la posición del cuerpo.

¿Cuál es el curso clínico del síndrome de Todd?

La presentación clásica de síndrome de Todd se ubica tras el padecimiento de una convulsión tónico-clónica de carácter generalizado (Sánchez Flores y Sosa Barragán, 2011).

Las crisis convulsivas tónico-clónicas se definen por un comienzo asociado al desarrollo de una rigidez muscular exagerada y generalizada (crisis tónica) (Asociación Andaluza de Epilepsia, 2016).

Posteriormente, resulta en la presencia de múltiples movimientos musculares incontrolables e involuntarios (Crisis clónica) (Asociación Andaluza de Epilepsia, 2016).

Tras este tipo de cris convulsiva, la instauración del síndrome de Todd puede identificarse por el desarrollo de una debilidad muscular significativa en piernas, brazos o manos (Sánchez Flores y Sosa Barragán, 2011).

La alteración muscular puede variar, tomando en algunos casos leves la forma de paresia y en otros más graves la parálisis completa (Sánchez Flores y Sosa Barragán, 2011).

La duración del fenómeno de Todd es corta. Es poco probable que la presentación sintomatológica supera las 36 horas (Degirmenci y Kececi, 2016).

Lo más habitual es que este tipo de parálisis presente una duración media de 15 horas (Degirmenci y Kececi, 2016).

La persistencia de estos síntomas suele asociarse a lesiones estructurales producto de accidentes cerebrovasculares (Degirmenci y Kececi, 2016).

A pesar de esto, en la literatura médica podemos identificar algunos casos con una duración de hasta un 1 mes. Éstos suelen estar asociados a procesos bioquímicos, metabólicos y fisiológicos de recuperación (Degirmenci y Kececi, 2016).

¿Cuáles son las causas?

Como hemos señalado, buena parte de los casos identificados de parálisis de Todd están asociados a crisis convulsivas producto del padecimiento de una epilepsia primaria (Sánchez Flores y Sosa Barragán, 2011).

Sin embargo, también existen otro tipo de procesos y eventos patológicos que pueden dar lugar a la presentación de crisis convulsivas de carácter tónico clónico:

¿Cómo se realiza el diagnóstico?

En el diagnóstico del síndrome de Todd es fundamental la exploración física, el análisis de la historia médica y el estudio de las crisis convulsivas primarias.

De forma adicional, para la confirmación del diagnóstico suelen empelarse los siguientes criterios clínicos Sánchez Flores y Sosa Barragán (2011):

  • Antecedentes o presencia inmediata de ataques convulsivos. Especialmente se asocian a las crisis de tónico clónicas generalizadas.
  • Identificación de hemiparesia o hemiplejia, paresia o parálisis.
  • Presencia variable de alteraciones visuales tras el desarrollo de la crisis convulsiva.
  • Remisión completa del curso clínico en un período de 48 a 72 horas.
  • Ausencia de alteraciones específicas a nivel estructural examinadas a través de pruebas de imagen.
  • Electroencefalograma normal.

En estos casos, es fundamental identificar la causa etiológica de las crisis convulsivas ya que pueden constituir un indicador directo de un proceso patológico grave que ponga en riesgo la supervivencia de la persona afectada.

¿Existe tratamiento?

No existe un tratamiento que se haya diseñado de forma específica para el síndrome de Todd.

Lo más habitual es que la intervención médica se centre en el tratamiento de la causa etiológica y el control de las crisis convulsivas. El tratamiento de primera línea en los casos de crisis graves son los fármacos anticonvulsivos o antiepilépticos.

De forma adicional, resulta beneficioso incluir a la persona afectada en un programa de rehabilitación física para la mejora de las alteraciones asociadas a la parálisis muscular y la consecución de un nivel funcional óptimo.

Referencias

  1. Degirmenci, Y., & Kececi, H. (2016). Prolonged Todd Paralysis: A Rare Case of Postictal Motor Phenomenon. Imedpub Journals.
  2. Epilepsy Foundation. (2016). Todd's Paralysis. Obtenido de Epilepsy Foundation: http://www.epilepsy.com/
  3. Fernández Torrón, R., Esteve Belloch, P., Riverol, M., Palma, J., & Iriarte, J. (2012). Hemiplejía prolongada como único síntoma de un estado epiléptico no convulsivo focal simple. Rev Neruología.
  4. NIH. (2011). Todd's Paralysis. National Instituto of Neurological Disorders and Stroke, http://www.ninds.nih.gov/disorders/
  5. OMS. (2016). Epilepsia. Obtenido de Organización Mundial de la Salud: http://www.who.int/
  6. Pozo Alonso, A. (2005). Epilepsia focal en el nilo y parálisis de Todd: experiencia de 11 casos. Rev Cuabana Pediatr.
  7. Sánchez Flores, H. (2011). Parálisis de Todd. Archivo de Medicina de Urgencia México.
  8. Urrestarazu, E. (2002). Paresia poscrítica durante estudios de monitorización de vídeo-EEG. Rev Neurol.

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