Hipercalcemia: Síntomas, Causas, Tratamientos

Hipercalcemia: Síntomas, Causas, Tratamientos

Hipercalcemia es el término médico que empleamos para hacer referencia a una acumulación normal y patológica de calcio en el organismo que, puede poner en

grave riesgo la supervivencia de la persona afectada (Nuevo-Gonzalez, 2009).

A nivel clínico, la hipercalcemia puede dar lugar a una amplia variedad de alteraciones, entre las que se incluyen las anomalías cardiovasculares, neurológicas o renales (Nuevo-Gonzalez, 2009).

hipercalcemia

Por otro lado, en cuanto a las causas etiológicas de la hipercalcemia, ésta puede presentar un origen muy heterogéneo. Así, factores como los procesos tumorales, las deficiencias tiroideas, síndromes genéticos, entro otros, pueden dar lugar al desarrollo de la hipercalcemia (National Institutes of Health, 2014).

De esta forma, son variados los mecanismos que pueden producir esta alteración: exceso de resorción ósea, incremento de la absorción intestinal, reducción de la excreción de calcio por el sistema renal o un aumento de la resorción de calcio en el túbulo renal (Ortiz García y Sánchez Luque, 2016).

En cuanto al diagnóstico de la hipercalcemia, éste se basa en la combinación de la evaluación de la sintomatología clínica y el empleo de diversas pruebas de laboratorio, tanto para evaluar los niveles de calcio como para descartar otro tipo de patologías (Gómez Giraldo, 2016).

Por otro lado, a pesar de las características médicas de la hipercalcemia, existen diferentes abordajes terapéuticos basado en la fluidoterapia, la administración de diuréticos, glucocorticoides, biofosfonatos, nitrato de galio, etc (Nuevo-Gonzalez, 2009).

¿Qué es la hipercalcemia?

La hipercalcemia es una condición médica en la que existe un nivel anormalmente elevado de calcio en el torrente sanguíneo (Mayo Clinic, 2015).

El calcio es una de las sustancias fundamentales para el organismo. Éste participa en la formación de huesos, músculos, nervios, además de tener un papel destacado en diversos procesos esenciales (American Society of Clinical Oncology, 2016), como la contracción y relajación muscular, la coagulación sanguínea, la secreción de hormonas, el ritmo cardíaco o como la actividad cerebral (National Institutes of Health, 2015).

En este sentido, el cuerpo de los adultos llega a contener una cantidad cercana a los 1.000g de calcio (Gómez Giraldo, 2016).

Así, la mayor parte de calcio del organismo se encuentra localizada específicamente en los huesos, alrededor del 99%, mientras que aproximadamente un 1% circula por el torrente sanguíneo (American Society of Clinical Oncology, 2016, los tejidos blandos y el líquido extracelular (Gómez Giraldo, 2016).

Generalmente, el nivel normal o funcional de calcio en la sangre oscila en un rango de 8,5-10.5 md/dl (Cleveland Clinic, 2009).

Por lo tanto, una elevación sobre estos parámetros, usualmente por encima de 14 mg/dl, se considera como un proceso patológico o anormal que requiere atención médica de urgencia (Geen, 2014).

Sin embargo, el organismo es capaz de controlar los niveles de calcio en el torrente sanguíneo a través de diferentes mecanismos, dentro de los cuales la hormona paratiroidea y los riñones juegan un papel fundamental en la eliminación de esta sustancia (American Society of Clinical Oncology, 2016).

A nivel específico, los niveles de calcio en sangre se deben fundamentalmente al flujo de entrada y salida de calcio en el intestino, los huevos y los riñones (Gómez Giraldo, 2016).

Además, de la proporción de calcio libre, solo el 45% se presenta de forma activa o iónica, mientras que el porcentaje restante actúa unido a otro tipo de sustancias, como proteínas y fosfatos (Nuevo-Gonzalez, 2009).

Por lo tanto, las concentraciones de éste pueden variar en función de la fluctuación del volumen de otro tipo de sustancias, como la albúmina (Nuevo-Gonzalez, 2009).

De esta forma, existe una amplia variedad de factores que pueden alterar tanto el equilibrio de calcio como los mecanismos fisiológicos que controlan su producción como eliminación y, por tanto, dar lugar del desarrollo de la hipercalcemia y consecuentemente, a una cantidad importante de complicaciones médicas (Ortiz García y Sánchez Luque, 2016).

Además, se trata de una patología con un pronóstico médico pobre cuando se asocia a patologías malignas como los procesos cancerosos. Concretamente, la tasa de supervivencia a un año no supera el 30% de los casos, mientras que más del 75% fallecen dentro de los 3 primeros meses de tratamiento médico (Geen, 2014).

¿Es una patología frecuente?

La hipercalcemia se considera una condición médica frecuente en los servicios sanitarios, ya que afecta aproximadamente a un 5% de los pacientes hospitalarios y en un 1% en el área extra-hospitalaria (Nuevo-Gonzalez, 2009).

Específicamente, diferentes estudios estadísticos estiman que la hipercalcemia presenta una prevalencia inferior a un caso por cada 100 personas en la población general (National Institutes of Health, 2015).

En cuanto a los factores demográficos que influyen en la presentación de la hipercalcemia, se ha identificado una prevalencia significativamente más elevada en el sexo femenino (Geen, 2014).

En este sentido, la incidencia de esta patología en edades superiores a los 65 años de edad es de 250 casos por cada 100.000 mujeres (Geen, 2014).

Por otro lado, aunque se han identificado un número importantes de procesos patológicos que pueden dar lugar al desarrollo de la hipercalcemia, existen algunas más comunes (Geen, 2014).

Así, se considera un trastorno muy común en pacientes oncológicos, cuyo porcentaje de presentación puede llegar a alcanzar el 40% de los casos. Por otro lado, el hiperparatiroidismo es otra de las causas más comunes, diagnosticándose cada año más de 50.000 casos en Estados Unidos (Geen, 2014).

Signos y síntomas

En el caso de la hipercalcemia, las manifestaciones clínicas propias de esta patología van a depender fundamentalmente de la gravedad de esta, es decir, del nivel de calcio sanguíneo, de la velocidad de progresión y de la causa etiológica específica (Nuevo-Gonzalez, 2009).

Cuando se observan valores moderados de incremento de calcio en sangre, no suelen aparecer síntomas graves, aunque pueden aparecer algunos signos de fatiga muscular, cansancio psicológico o sentimientos de ansiedad y depresión psiquiátricas (Ortiz García y Sánchez Luque, 2016):

Sin embargo, en la mayoría de los casos, cuando existe una elevación más grave, es posible identificar diversos signos y síntomas comunes, todos ellos relacionados con alteraciones gastrointestinales, neuromusculares, cardiovasculares, renales e incluso psiquiátricas (Ortiz García y Sánchez Luque, 2016):

a) Manifestaciones Gastrointestinales

En cuanto a las alteraciones asociadas el sistema gastrointestinal, son varios los síntomas que puede provocar la hipercalcemia:

- Dolor Abdominal: es frecuente que la persona afectada refiera sensaciones molestas y o dolorosas en el área abdominal, generalmente derivadas de la presencia de distensión (inflamación) o de náuseas y vómitos recurrentes.

- Anorexia: en este caso, el término anorexia se emplea para hacer referencia a la ausencia de apetito.

- Estreñimiento: la frecuencia de deposición inferior a tres veces por semanas se considera una afección médica, que puede llegar a producir episodios de dolor, desgarro, sangrado e incluso fisura anal.

- Pancreatitis: el almacenamiento patológico de calcio también puede dar lugar al desarrollo de inflamación en el páncreas, estructura fundamental para la producción de diversas sustancias vitales para el funcionamiento del organismo.

b) Manifestaciones Cardiovasculares

Como hemos señalado con anterioridad, la hipercalcemia se refiere a la presencia de niveles elevados de calcio en la sangre, por lo tanto, el sistema cardiovascular será una de las áreas más afectadas ante el padecimiento de este tipo de patología.

Así, algunos de los signos y síntomas más frecuentes abarcan:

- Incremento de la tensión arterial: la tensión o presión arterial se refiere a la fuerza que ejerce la sangre al pasar por los conductos arteriales para alcanzar todos los órganos y estructuras corporales. La elevación anormal de ésta, puede ocasionar importantes complicaciones médicas relacionadas fundamentalmente con la distensión y el debilitamiento de las paredes arteriales.

- Calcificaciones: los vasos sanguíneos también pueden verse afectados por una acumulación de calcio en sus paredes, dando lugar a un estrechamiento de los conductos o a la formación de placas y trombos. En estos casos, existe un alto riesgo de desarrollo de accidentes cerebrovasculares (ACV).

- Hipertrofia cardiaca: la acumulación de calcio en las áreas cardíacas, puede generar un engrosamiento de las paredes ventriculares y estructuras y, por tanto, impedir el bombeo eficiente del corazón.

- Arritmias: la presencia de las alteraciones cardíacas descritas anteriormente puede ocasionar el desarrollo de un ritmo cardíaco anormal y arrítmico. En este sentido, las personas afectadas pueden desarrollar otro tipo de complicaciones médicas sensaciones de mareo, molestias torácicas o pérdida temporal del conocimiento.

c) Manifestaciones neuropsiquiátricas

Los niveles anormales de calcio, también pueden generar una amplia variedad de manifestaciones neurológicas y psiquiátricas, ya que se trata de una sustancia con un papel destacado en el funcionamiento y actividad cerebral:

- Déficits cognitivos: en el área de las funciones cognitivas, uno de los aspectos más afectados por los procesos hipercalcémicos es la memoria. En estos casos, es posible observar en las personas afectadas perdidas recurrentes de memoria.

- Ansiedad: en este caso, hacemos referencia a la presencia de algunos síntomas relacionados con la excitación fisiológica o la inquietud.

- Depresión: al igual que en el caso anterior, hacemos referencia a la presencia de sentimientos de tristeza, desinterés o disminución de la iniciativa general.

- Alteración del nivel de conciencia: otro de los eventos médicos frecuentes es la presencia de episodios de confusión espaciol-temporal y personal, estupor y coma.

- Trastornos mentales: en algunos casos, los signos y síntomas relacionados con la ansiedad y depresión pueden alcanzar un estatus patológico, requiriendo por tanto atención psicológica y psiquiátrica especializada.

d) Manifestaciones musculo-esqueléticas

- Cansancio muscular: la fatiga muscular y el cansancio exagerado ante la realización de actos motores constituyen otro de síntomas más recurrentes en los casos de hipercalcemia.

- Mialgias: con este término, hacemos referencia a la presencia de dolor muscular persistente, con un grado variable de leve a incapacitante. Además, en algunos casos también es posible identificar dolor óseo recurrente.

- Insuficiencia respiratoria: la dificultad para mantener la respiración deriva fundamentalmente de la inactividad de los grupos musculares encargados de su control.

- Destrucción del tejido óseo: otro de los eventos frecuentes en la degeneración o destrucción del tejido óseo, observable en la osteólisis, osteoporosis o artritis.

e) Manifestaciones renales

Los riñones presentan un papel destacado en el control y mantenimiento de los niveles de calcio en la sangre y consecuentemente en el organismo, por lo tanto, constituye un área ampliamente afectada por la hipercalcemia:

- Nefrocalcinosis: con este término hacemos referencia a la presencia de depósitos anormales de calcio en los riñones. Esta afección puede dar lugar al desarrollo de cálculos renales e incluso insuficiencia.

Además de esta consecuencia médica, el filtrado deficiente de la sangre puede dar lugar al desarrollo de otras complicaciones, como la diabetes o la deshidratación.

Causas

Se ha logrado identificar diversos factores y procesos patológicos asociados al desarrollo de la hipercalcemia, sin embargo, el personal sanitario especializado de la Clínica Mayo (2015), destaca alguna de las más comunes:

- Anomalías en las glándulas paratiroideas.

- Desarrollo de tumores.

- Presencia de otras patologías como la sarcoidosis.

- Ausencia de movimiento físico.

- Consumo de fármacos, como el litio.

- Consumo de suplementos vitamínicos, especialmente cantidades elevadas de calcio o vitamina D.

- Factores genéticos, asociados a la hipercalcemia hereditaria.

- Deshidratación corporal.

Diagnóstico

Como señalamos en la descripción inicial de la hipercalcemia, el diagnóstico de este proceso patológico debe basarse fundamentalmente en dos aspectos fundamentales (Gómez Giraldo, 2016):

- Evaluación de la sintomatología clínica (anomalías gastrointestinales, cardiacas, neurológicas, renales, psiquiátricas, etc.).

- Test de laboratorio: determinación de los niveles de calcio (en sangre y orina).

Junto con estos abordajes, deben emplearse otro tipo de pruebas como los rallos X, la resonancia magnética o la tomografía computerizada, para descartar la presencia de otro tipo de patología o complicaciones médicas.

Tratamiento

Existen diferentes abordajes médicos de la hipercalcemia, algunos de ellos con diferentes objetivos (Ortiz Garcia y Sánchez Luque, 2016):

- Control de la deshidratación corporal

- Incremento de eliminación o excreción renal del calcio.

- Tratamiento de la causa etiológica de la hipercalcemia.

En este sentido las intervenciones médicas más usuales abarcan la rehidratación (administración intravenosa de líquido), la admiración de diuréticos (furosidemida), administración de fármacos contra la vitamina-D (hidrocortisona) medicación para la reducción de recambio óseo (difosfonatos, mitramicina, calcitonina), etc. (Ortiz Garcia y Sánchez Luque, 2016).

Referencias

  1. ADCO. (2016). Hypercalcemia. Obtenido de American Society of Clinical Oncology:

    http://www.cancer.net/

  2. Cleveland Clinic. (2009). Hypercalcemia. Obtenido de Cleveland Clinic:

    http://www.clevelandclinicmeded.com/

  3. Gómez Giraldo, C. (2016). Hipercalcemoa e Hipocalcemia.
  4. Green , T. (2014). Hypercalcemia in Emergency Medicine. Obtenido de Medscape: http://emedicine.medscape.com/
  5. Mayo Clinic. (2016). Hypercalcemia. Obtenido de Mayo Clinic:

    http://www.mayoclinic.org/

  6. NIH. (2014). Hypercalcemia. Obtenido de MedlinePlus: https://www.nlm.nih.gov/
  7. Nuevo-González, J. (2009). Hipercalceia como urgencia édica. REEMO, 51-55.
  8. Ortiz García, C., & Sánchez Luque, J. (2016). Hipercalcemia.

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