Asma bronquial: Consecuencias y Factores

Asma bronquial: Consecuencias y Factores

El asma es una enfermedad heterogénea caracterizada por la inflamación crónica de las vías respiratorias. Como consecuencia se observan síntomas respiratorios como sibilancias, dificultad para respirar, opresión en el pecho y tos, que varían en el tiempo y en intensidad.

Si prestamos atención al origen etimológico de la palabra, observamos que procede del verbo griego aazein, cuyo significado es el de "exhalar con la boca abierta o jadear".

asma

Desde la Antigüedad se ha reconocido que el paciente asmático sufre un padecimiento psicosomático, donde los aspectos emocionales como angustia, miedo o tristeza, juegan un papel relevante. Es decir, se parte de una concepción etiopatogénica multicausal del asma bronquial, donde una predisposición genética eclosiona ante múltiples estímulos precipitantes, dentro de los cuáles se incluyen los de origen psicológico.

El concepto general del papel emocional y el medio social en el asma es descrito por Hipócrates en el sigo IV a.C. Por su parte, Franz Alexander en 1950, fue el primero que propuso una clasificación de 7 enfermedades psicosomáticas entre las que se encontraba el asma y aseguraba que la coexistencia de factores psicológicos y somáticos explicaba por qué los síntomas pueden desaparecer al efectuar ciertos cambios en alguno de ellos.

Consecuencias psicosociales del asma

Con respecto a las consecuencias psicosociales, las patologías psiquiátricas que se han visto relacionadas con el asma son depresión, ansiedad, ataques de pánico y el abuso de sustancias.

La depresión es la más frecuente, su prevalencia en pacientes pediátricos asmáticos es del 5 al 15%, y se describen síntomas depresivos hasta en el 50%, más frecuente que en la población sana.

En adolescentes la prevalencia de depresión aumenta a un 16,3%. La depresión se acrecienta ante la imprevisibilidad del ataque y su múltiple causalidad, además provocan un sentimiento de indefensión aprendida, es decir, la persona se comporta de forma pasiva, con la sensación subjetiva de no poder hacer nada, aunque realmente existan oportunidades reales de cambiar la situación aversiva. Por otro lado, la apatía dificulta que la persona atienda a los síntomas prodrómicos y se asocia con muerte pediátrica.

La ansiedad, se da sobre todo en aquellos pacientes con asma persistente e influyen en la propia dificultad para respirar durante el ataque asmático, así como en la intermitencia del asma y los distintos precipitantes. Dicha ansiedad está relacionada con los sentimientos de pánico y miedo comentados anteriormente.

Por otro lado, el incremento de la ansiedad en los pacientes se ve favorecido en relación a su imagen corporal debido al consumo de corticoides. Éstos influyen en la cara de luna llena, el vello en los brazos y piernas, las estrías, el aumento de peso, los hematomas en la piel y el acné.

La importancia de conocer la comorbilidad del asma y las emociones están en relación con el curso de la enfermedad ya que los pacientes con asma y con depresión o ansiedad acuden más a Urgencias. Con los costos de la enfermedad, los asmáticos que padecen una segunda patología, consumen más medicamentos y visitan un mayor número de especialistas en salud.

Con el aumento del índice de mortalidad y también con la prevención, ya que existen datos que aquellos pacientes en tratamiento con antidepresivos cíclicos que padecen depresión mayor han revelado mejoría en los síntomas y en el uso menos frecuente de esteroides inhalados.

Otra de las consecuencias psicológicas observadas son las quejas somáticas. Son personas que están atentas a los síntomas físicos y presentan una actitud ansiosa y vigilante.

Un aspecto que puede resultar especialmente molesto en los asmáticos es la privación del ejercicio físico e incluso del juego. Sin embargo, es importante saber que no todas las actividades físicas pueden resultar perjudiciales, deportes como  la natación, la gimnasia, el ciclismo, ser portero en un equipo de fútbol, no tienen por qué provocar asma.

Por otro lado con la adecuada medicación preventiva y el calentamiento previo al ejercicio, las posibilidades de sufrir un ataque asmático son prácticamente nulas. Como dato curioso, me gustaría comentar que durante los Juegos Olímpicos de 1984, participaron 67 atletas con asma bronquial y 41 de ellos recibieron medallas.

En cuanto a los trastornos del comportamiento se observa en los pacientes una disminución de la competencia social y aumento de agresividad así como la realización de chantajes afectivos, utilizando el asma como medio para conseguir cosas.

Otras veces la medicación participa en dichas alteraciones del comportamiento produciendo efectos secundarios como la inquietud, todos estos aspectos dificultan la adherencia al tratamiento. Sin embargo, otros autores han informado que son pacientes con mayor empatía y sensibilidad emocional.

El deterioro del autoconcepto es otro aspecto implicado y es explicado por las experiencias derivadas de la enfermedad, como hospitalizaciones, visitas a urgencias, privación del ejercicio físico y absentismo escolar. En muchos colegios los niños tienen que pedir permiso para poder salir y tomar su medicación, ya que sólo en algunos se permite que los niños lleven el inhalador a clase. Esto provoca una separación de sus compañeros, retrasando el tratamiento y aumentando la probabilidad de absentismo escolar. Este último implica ansiedad al volver y puede dar lugar a crisis reforzadas negativamente si se evita el colegio.

Por último, existen déficits perceptivos y atencionales que suelen atribuirse a efectos de la medicación o a una excesiva atención a los síntomas.

¿Qué ocurre en un ataque de asma?

En la siguiente imagen podéis ver gráficamente qué pasa en los pulmones ante un ataque de asma.

asma

Existen diversos grados de gravedad, con lo que hablamos de asma leve, moderada y grave. Según ésta el tratamiento irá en una u otra dirección, y será temporal, puntual o de por vida.

En el 2009, en la Guía Española para el Manejo del Asma (GEMA), se propuso una clasificación de la gravedad del asma. A continuación os dejo una tablar para que podáis ver las diferencias.

Sin título

En cuanto a aspectos epidemiológicos, se trata de la enfermedad crónica más común en la infancia. La distribución por sexo es mayor en la infancia en los hombres, siendo la proporción 2:1;en la adolescencia la proporción hombre-mujer se iguala, siendo 1:1 y en la adultez sin embargo la prevalencia es mayor en mujeres. Además el 80% de los enfermos desarrolla el asma antes de los 5 años.

Con respecto a la mortalidad infanto-juvenil, esta es baja, aproximadamente 1/100000, sin embargo está aumentando ligeramente. El peor pronóstico se da si existe una exposición pasiva al tabaco, si los síntomas han aparecido de forma tardía, si existe bajo peso al nacer o prematuridad, si los ataques son severos y frecuentes y si la función pulmonar de la persona es reducida.

Si nos centramos en España, la prevalencia de casos en 2003 ofrece los siguientes datos. El asma se da en un 7,8% de los lactantes, un 13,5% de preescolares, un 11,5% de escolares y un 9,9% de adolescentes. En éstos últimos el asma es muy difícil de manejar. Aunque el diagnóstico sea más fácil ya que el diagnóstico diferencial es menos amplio, sin embargo existe una alta tasa de infradiagnóstico e infratratamiento. Muchos experimentan enfado, resentimiento o frustración al ser diagnosticado.

Además el incumplimiento del tratamiento es más frecuente en adolescentes que en cualquier otro grupo de edad, éste puede ser no intencionado (olvidarse de tomarlo, no entender o no haberle enseñado bien cómo utilizarlo) o intencionado (negación de la necesidad de tratamiento, preocupación por los efectos secundarios o rechazo del consejo por una persona autoritaria). Es por ello que no sorprende que el nivel de morbi-mortalidad sea 6 veces mayor en este rango de edad que en el rango de 5 a 9 años.

Factores que influyen en el asma

Los estudios realizados sobre este aspecto hablan de la presencia de alérgenos (polen, ácaros, ciertos alimentos, animales...), de infecciones, de la práctica de ejercicio físico así como de cambios de temperatura, sobre todo si la persona se expone a climas fríos.

En cuanto al papel de los factores psicológicos en el asma (variables cognitivas, emocionales y comportamentales), lo que los pacientes y sus familiares conocen, sienten y hacen sobre el asma puede tener un efecto beneficioso o perjudicial sobre la enfermedad.

Los factores psicológicos exacerbantes son las emociones, el estrés y patologías psiquiátricas como la depresión, la ansiedad y los ataque de pánico. El miedo y la ansiedad son sentimientos negativos, pues influyen en la pérdida del control emocional y atentan contra el buen estado de salud. Dichos factores emocionales juegan un papel importante en el desencadenamiento, evolución, mantenimiento y recuperación de las crisis asmáticas.

Variables psicológicas del asma

La interrelación entre las variables psicológicas y el asma es compleja de entender. Vázquez y Buceta en 1996, propusieron un esquema de las variables que afectan a la hiperreactividad bronquial.

FACTORES PSICOLOGICOS

Con procesos de condicionamiento este autor se refiere al condicionamiento clásico y al condicionamiento operante. Es decir, el asma aparece ante determinados estímulos no alérgicos que pueden haber sido asociados con experiencias recurrentes de irritación bronquial. También puede aparecer en situaciones en los que las manifestaciones de la enfermedad constituyen respuestas instrumentales que permiten al paciente obtener beneficios (reforzamiento positivo) o eliminar situaciones de aversión (reforzamiento negativo).

En cuanto a la sugestión, se trata de un fenómeno que produce cambios en el organismo por las expectativas generadas por el paciente. Ésto se comprobó con un experimento en el que se vio que la solución salina (supuesto broncoconstrictor) suponía en un 25-50 % de personas la reducción del calibre bronquial.

El papel de las emociones

Las emociones, por su lado, juegan un papel importante en la fisiopatología del asma. En un estudio de Marx et al. se compararon las emociones de los pacientes asmáticos con los sanos, y se vio que los primeros tenían un mayor número de expresiones faciales, actitudes hostiles y expresiones de impotencia en pacientes asmáticos, en relación a los pacientes sanos.  Por su parte, Rees en 1964, concluye que el 71% de las crisis infantiles están precedidas de precipitantes emocionales.

Conocimientos sobre la enfermedad

Con respecto a los conocimientos sobre la enfermedad, el 60% de los niños tienen adherencia baja a la medicación preventiva, además de no aplicársela correctamente. Mientras que el 20-30% tienen deficiencias de conocimiento importantes sobre la fisiopatología del asma, además de mostrar actitudes negativas con respecto a ésta.

Percepción del grado de obstrucción

La percepción del grado de obstrucción bronquial también es importante y preocupante, pues se ha visto que hasta el 15% de los pacientes no llegan a percibir un estado de broncoespasmo incluso al reducirse a la mitad el nivel espiratorio. Esto puede influir en lo comentado anteriormente sobre la adherencia al tratamiento.

También se dan casos contrarios en que la ansiedad podría elevar el umbral de percepción de la constricción de las vías aéreas, así como la interpretación de distintos signos físicos como broncoespasmo. Esto queda reflejado en los datos de hospitalización, existiendo un 39,8 % de pacientes hospitalizados con una correcta percepción frente un 84,2% con una incorrecta percepción.

Personalidad el paciente

En cuanto a la personalidad del paciente con asma se ha observado lo siguiente. Las personas con mayor pánico-miedo exageran síntomas, reaccionan con ansiedad y utilizan la medicación de forma alternante, en función de los síntomas.

Es decir, hay períodos en que utilizan los fármacos de forma excesiva para controlar las crisis y fases en las que toman menos medicación de la necesaria centrando su atención en los potenciales efectos secundarios de ésta, lo que puede provocar un nuevo ataque asmático. Sin embargo, aquellos con menor pánico-miedo niegan sus síntomas, repercutiendo ésto en la baja adherencia.

Existe un dato curioso sobre ésto y es que los médicos son muy sensibles a esta variable y tienden a prescribir más corticoides a aquellos con altos niveles de pánico-miedo

Por otro lado, los niños asmáticos pueden tener repercusiones en el aspecto social, y se sienten molestos por tomar la medicación así como con temor hacia la aparición de las crisis de asma.

Muchos de ellos se preocupan acerca de la muerte, de los efectos secundarios de las medicaciones, y tienen dudas respecto a su habilidad física. El hecho de tener que visitar los servicios de urgencias y los ataques asmáticos nocturnos, influyen en este sentimiento de vulnerabilidad y estrés emocional.

Actitudes del paciente

Las actitudes de la persona hacia el asma influyen sobremanera, las hay positivas y negativas. En cuanto a las primeras, se ha visto que el optimismo juega un papel importante sobre el automanejo del asma, así como la conciencia interna del paciente quien presta atención a los indicadores prodrómicos del asma. También hablamos del locus de control, de gran importancia en el automanejo.

En relación a las segundas hacemos referencia a la insatisfacción de estos pacientes con el personal sanitario, y al estigma psicológico o grado en que el asma es vista como un defecto de la persona.

¿Y qué papel tiene la familia?

Otro aspecto interesante a tratar es cómo afecta el asma en la familia y cómo provoca cambios significativos en la conducta y en la vida personal de todos los miembros.

No es raro observar en los padres conductas de sobreprotección del niño asmático ya que los padres a menudo consideran que el asma pone en peligro la vida de su hijo. Esto repercute en el grado de autonomía del niño así como en la disminución de sus habilidades sociales, incrementando su dependencia del grupo familiar. Los padres también presentan depresión y a veces viven la situación de asma como algo que escapa fuera de su control y recurren constantemente a preguntar al médico.

Existen estudios que muestran que los niños asmáticos con padres socialmente aislados tienen con más frecuencia síntomas de asma, más días de actividad limitada y escaso manejo de su sintomatología, además acuden con mayor periodicidad al servicio de urgencias.

Sin embargo, de cara a la intervención terapéutico hay que tener en cuenta que los padres desempeñan un papel fundamental en la ayuda y control psicológico de los niños y adolescentes, así como en el apoyo, autocontrol y conocimiento de la enfermedad.

Conclusiones

A lo largo de este artículo hemos podido ver cómo existe una relación circular entre las variables psicológicas y el asma, donde cada una de ellas puede actuar como causa o consecuencia, y de forma concurrente o sucesiva, a lo largo de la vida del paciente.

Todo ésto debe ser tenido en cuenta a la hora de intervenir en las personas asmáticas, prestando atención a todos los contextos que rodean al sujeto, tanto familiar, escolar y social.

Debido a que el asma suele afectar en mayor medida en la infancia y adolescencia, hay que tener en cuenta todas las variables influyentes en este rango de edad y las complicaciones añadidas.

Al fin y al cabo, una enfermedad crónica como es el asma requiere un tratamiento médico de base, con las consecuentes repercusiones en la vida que ésta tiene, comentadas a lo largo de este artículo. Por ello, se hace fundamental la labor de los psicólogos que ayudarán a paliar  y eliminar dichas repercusiones en la medida de lo posible.

Bibliografía

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