¿Qué es la educación inclusiva?

¿Qué es la educación inclusiva?

La sociedad en la que estamos inmersos tiene el deber de asegurar el desarrollo de la inclusión educativa en todos los entornos formativos (Morilla, 2004).

El término inclusión en el marco educativo viene ligado a conceptos claves como los derechos humanos y la equidad educativa. Es decir, podemos resaltar la definición de educación inclusiva como los derechos que salvaguardan a la persona para que sea educada en la misma igualdad que los demás.

educación inclusiva

Han sido numerosas las ocasiones en las que se ha establecido cierta similitud entre el telón del cine y los parámetros sociales normales, es decir, nuestra forma de mirar es la imagen que atribuimos a las cosas (Souza, 2006).

Sin embargo, la sociedad debe tener claro que todos los seres humanos tenemos el derecho a la educación, a ser instruidos e incluidos dentro del Sistema Educativo, regido por la democracia. Ya que ello implica desarrollar el proceso de socialización en la persona, abogando por la unión de los valores, las normas y las bases que orientan a la educación en sí misma (Chisvert et al., 2013).

Es la propia Constitución española la que señala dichas bases, pero debemos tener en cuenta que no siempre, aun siendo necesario, se cumplen estos derechos de los que las leyes trazadas hablan.

Y es que según Chisvert et al. (2013), la desigualdad social existente comienza desde que se abre una brecha entre las lenguas y la comunicación. Es en ese instante cuando se observa la desigualdad que habita en la persona con respecto al lugar. Algo de lo que la sociedad rápidamente se hace consciente, y el contexto más cercano del alumno.

Por ello, ya no solo la familia es un factor relevante en este proceso de inclusión, antes integración, sino que la legislación es primordial. Siendo la propia escuela la red que entrama este proceso de socialización, gracias a la aportación del currículum.

En definitiva, se trata de una meta a conseguir en nuestras instituciones educativas, ya que será un modelo para el resto del alumnado. Siendo, sin lugar a dudas, el resultado visual y tangible de la educación democrática que debe brillar en las aulas de nuestro país (Casanova y Rodríguez, 2009).

La evolución de la educación inclusiva

La educación inclusiva ha ido evolucionando con el paso del tiempo, apostando por un impulso en el sistema educativo. Un cambio que ha ido en el camino que conduce hacia una escuela para todos, donde a partir de estas diferencias se conviva obteniéndose aprendizajes y excelentes experiencias (Marchesi, 2000; en Moriña, 2004).

La educación inclusiva ha evolucionado hacia una nueva conceptualización de atención a la diversidad, y de la educación en general.

El origen de la educación inclusiva se remonta a la ideología que lleva como base la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Es en este instante donde se establece que, el estado tiene la obligación de asegurar una educación igualitaria a toda la sociedad, con independencia de las características que presente cada alumno/a de forma individual.

No obstante, no es hasta 1990, en la UNESCO, en Jomtien (Thailandia), donde da comienzo el movimiento inclusivo propiamente dicho. Y más adelante, en una nueva conferencia de la UNESCO, en Salamanca, se establecen los pilares fundamentales, comprendiendo la educación inclusiva como política educativa (Moriña, 2004).

Actualmente la integración no ha llegado a consolidarse como algo positivo para incluir a nuestro alumnado. Existen profesionales que comentan la posibilidad de obtener beneficios si estas personas son incluidas en las aulas del sistema educativo español. Sin embargo, la sociedad muestra resistencia y no llega a pensar en lo positivo del asunto (Casanova y Rodríguez. Coords, 2009).

Las ventajas que puede aportar a la sociedad de este nuevo modelo integrado la podemos analizar, a partir de:

  • Las competencias que llegará a adquirir y demostrar la persona.
  • La ejecución de métodos adecuados para evaluar al alumnado, atendiendo a sus posibilidades, para desarrollar sus capacidades.
  • Suprime el etiquetaje que designa a nuestro alumnado.
  • Forma a profesionales con un nivel de conocimientos avanzados en la materia.

Por tanto, si promovemos la integración del alumnado y se lleva a cabo un agrupamiento heterogéneo, se favorece el proceso de enseñanza–aprendizaje, ya que se tiene en cuenta por encima de todo a la diversidad (Casanova y Rodríguez, et al., 2009).

La percepción social de la educación inclusiva

En la actualidad, existe desconocimiento en la sociedad acerca de las diversas dificultades con las que se encuentran algunos individuos. Acceder o no a determinados acontecimientos e infraestructuras, da paso a la implicación relacionada con la Integración de la persona.

A partir de aquí, hemos tomado como ejemplo a Del Campo y Santos (2007), quienes nos reflejan desde su ámbito, el sentido de la vista, lo relevante puede llegar a ser la adaptación del medio a la persona que lo requiere.

Y es que, una vez más, la Integración se propone como punto de encuentro en el que convergen dos perspectivas esenciales de la inclusión educativa, cultural y social (p. 5).

De este modo, se propone llegar más allá abarcando las necesidades a desarrollar en las organizaciones, siendo iniciativas que fomenten la inclusión de la sociedad y el acceso de todas las personas a todos los lugares y manifestaciones.

Es tarea de todas las instituciones y de sus profesionales, la acción de sensibilizar a la población y a la sociedad en sí misma.

La educación inclusiva en el desarrollo educativo

Para analizar la educación inclusiva dentro del ámbito educativo, debemos hacer alusión al término diversidad propiamente dicho.

Arnáiz (2003), en Chisvert et al.(2013), hace alusión al concepto de diversidad como aquel conjunto de peculiaridades que muestran que los seres humanos resultan ser diferentes entre sí.

Y es Echeita (2009), en Chisvert et al. (2013), quien hace una anotación añadiendo que existe una duda con respecto a las desigualdades del alumnado, ya que esta diferencia resulta ser más amplia cuando nos referimos a aquellos que se encuentran catalogados como discapacitados, llegándose a establecerse discusiones y escasos acuerdos con respecto a la contradicción que el sistema marca para estos individuos.

Por ello, debemos hacer especial hincapié en que resulta cuanto menos necesario plantearnos el cambio en cuanto a los valores y a las actitudes, comenzando a partir de los propios docentes.

Esto es debido a que las familias matriculan a sus hijos en las aulas del sistema educativo español, con el deseo de que sus descendientes reciban una educación completa, donde se dé la adquisición de competencias y conocimientos que hagan a las personas críticas, reflexivas, cultas y felices (Ledesma en Chisvert, Ros y Horcas, 2013).

Sin embargo, no todas las familias pueden gozar de este derecho en plenas condiciones. Un ejemplo de ello lo encontramos en los inmigrantes, según Chisvert et al. (2013), este grupo es uno de los nombrados como socialmente marginado y desde hace varios años se les vincula a la conceptos peyorativos y discriminantes, como son la exclusión y la pobreza.

Sin lugar a dudas, el fenómeno de las migraciones que se lleva a cabo en España se caracteriza por la rapidez y fluidez con la que se efectúa. Al mismo ritmo y ligereza comienzan a introducción de los pequeños en las aulas, teniendo este hecho un papel relevante, ya que ello implica que se produzca el proceso de socialización de este alumnado que acaban de comenzar una nueva vida lejos de su lugar de origen.

Este ejemplo nos acerca a la integración desde la importancia que tiene introducir a este alumnado dentro de nuestras aulas. Es el instante en que la educación toma las riendas estableciéndose como pilar fundamental para reducir la desigualdad y así promover una sociedad tolerante y unida.

Sin embargo, no debemos dejar a un lado que la culpabilidad de la problemática que envuelve a la sociedad va correlacionada con la política, la cual origina prácticas reales, no siendo excelentes ya que a su vez promueven desigualdades (Chisvert, 2013).

Tárraga y Tarín (2013), en Chisvert et al. (2013), advierten de la defensa para que la educación especial deje de estar al margen de la sociedad, donde los alumnos a los que se vincula, aun siendo un porcentaje bajo de la población, siguen siendo personas y deben dejar de ser nombrados como discapacitados.

De esta forma, se decidió ahondar en la situación, manifestando un cambio de denominación y mostrando a Escuela Inclusiva o Escuela para todos, como la fuente de riqueza de la educación inclusiva.

Asimismo, debe lograrse una educación igualitaria a la vez que se caracterice de calidad y participativa. Una educación que tenga en cuenta a la sociedad democrática en la que se instala, siendo ésta una herramienta que fomente el cambio de la sociedad.

¿Cómo podríamos adoptar la educación inclusiva?

La educación inclusiva debe estar incluida en una visión educativa y desarrollarse en todas las escuelas del mundo, no sólo en los países desarrollados. Además, dentro de éstos las instituciones educativas deben incluir en su reglamento las bases de la educación inclusiva para promover su identidad.

Sin embargo, no son ni los países ni las instituciones las que valoran los pros y contras de la práctica en lo que respecta a la educación inclusiva.

Son los propios investigadores, en el ámbito de las ciencias de la educación, los encargados de argumentarlos. Estos últimos valoran todas las posibilidades en lo que respecta al tema y señalan que, al tener tanto a su favor, la inclusividad debería reinar en las aulas de los centros educativos.

No obstante, nos encontramos ante la realidad y la práctica diaria, que desmonta a la “brillante” teoría y a la “excelente” política idealista.

Problemática

Nos remontamos hacia 1978, momento en el que se lleva a cabo el informe Warnock, donde se tiene presente la cantidad de reformas educativas que han sido llevadas a cabo en España, donde se firma e insiste en la realidad y puesta en marcha, sin embargo, la práctica no coincide con esta afirmación, y señala a la labor docente como la culpable de no efectuarse el cambio (Tárraga y Tarín, 2013; en Chisvert et al., 2013).

Autores como Tárraga y Tarín (2013), en Chisvert et al. (2013), pretenden dar respuesta a los problemas que se presentan en el avance de la inclusión educativa. Por ello, señalan como principales culpables a los Valores y a las Actitudes que se le han atribuido al ser humano a largo de su existencia.

A partir de aquí cobra vida el parámetro de normalidad y se distinguen distintos agrupamientos entre la diversidad humana. Se observa por tanto lo normal y lo anormal, es decir, aquello que verdaderamente podemos aceptar como “de nuestro entorno” y lo que no debe ser aceptado por la sociedad.

Asimismo, las personas que muestren diferencias con respecto a otras están incluidas dentro del parámetro anormal. Siendo así como la discriminación ha llegado hasta el punto de que, con el paso de los años, se ha ido definiendo a estos colectivos marginados con terminologías despectivas.

Por todo ello se ha dado una clara rivalidad entre lo que es y no normal, efectuando rechazo y discriminación hacia aquellos que no están encuadrados en el parámetro de la normalidad, abarcando a minorías, cultura, valores y creencias (Gundara, 2000; en Chisvert et al., 2013).

Marchesi (2004), en Chisvert et al. (2013), muestra todo este recorrido como un proceso constante que da de sí mismo un esfuerzo continuo y la capacidad de continuar hacia la utopía y el sueño de la modificación de estructuras de la sociedad, comenzando desde el escenario escolar y el trabajo dentro de las aulas.

Soluciones

Debemos partir de la comunidad educativa con la que hay que trabajar, no solo en lo que respecta a los docentes, sino que se debe hacer referencia a la sociedad en su conjunto. Tratando a la diversidad como un valor indispensable al que debemos tener siempre presente como base de nuestro trabajo para y por el alumnado (Chisvert et al., 2013).

El currículum que se emplea en las instituciones que rigen el sistema, establece diferentes opciones para ser adaptado a la diversidad con la que cuente la institución educativa. Y es que la diversidad supone un campo de investigación que aún queda al margen, debido a los factores tan diversos que lo componen y a los resultados que muestra tras ser analizado desde una gestión política, económica y administrativa.

Es decir, para llevar a cabo un currículum es necesario tener en cuenta a todos los aspectos que envuelven a los destinatarios, por ello, la construcción de éste debe contar con la participación de aquellos que lo llevan a la realidad: el profesorado y el alumnado (Aparisi-Romero, 2013; Chisvert et al., 2013).

En la actualidad, la sociedad en general está marcada por el miedo y el temor, la inquietud y el desasosiego.

Ni la propia educación puede pasar inadvertida, incluyendo a todos los profesionales a los que ésta atañe y posicionándola en innumerables ocasiones como el eje de la problemática económica. Quitándole el valor de lo que realmente es, una herramienta de cambio social, que lucha por la igualdad de la población (Aparisi-Romero, 2013; Chisvert et al., 2013).

En palabras de Aparisi-Romero (2013), citado en Chisvert et al. (2013), la igualdad también atañe a la educación. La cual puede aportar posibilidades sin cambiar la condición de la persona, es decir, da accesibilidad teniendo en cuenta las características sociales, culturales y económicas tanto del individuo como de su familia.

Haciéndose alusión a Freire (2001), debemos hace referencia al abanico que ofrece la educación con respecto a las posibilidades de acceder al conocimiento y desarrollarse socialmente.

Y es que en la actualidad, la educación está recibiendo mayor trato económico que el que realmente debe darse a través de la privatización. Son obstáculos que repercuten en los sectores poblacionales que, a lo largo de la historia, han sido marginados a partir de la segregación.

Objetivos

Esta llamada de atención implica la introducción de la igualdad en nuestras aulas, utilizando un modelo en el que lo igualitario responda a tratar a la diversidad como algo primordial en las instituciones educativas.

Por tanto, debemos tener presente la forma en la que la educación se aproxima a una educación igualitaria, sin perjuicios, totalmente libre. Una escuela donde se promueva la democracia sin atarnos a prejuicios y estereotipos que la sociedad ha creado (Gimeno, 2000; Chisvert et al., 2013).

Por otra parte, no debe quedar en el olvido la importancia de la comunicación en lo que respecta a la inclusión educativa. En Casanova y Rodríguez et al (2009), la temática de la comunicación envuelve a las inseguridades, a las experiencias fatídica y a la probabilidad de una exclusión del alumnado.

En un grupo debe darse, por supuesto, una relación donde se interactúe como conjunto de seres humanos que comparten un entorno común.

Vivir es convivir, es conversar, hablar con los demás para saber quién soy y quién puedo llegar a ser sin complejos ni egolatrías y esto puede y debe realizarse a través de la educación inclusiva. Educación para todos y en la que todos juntos aprendamos a conocernos, como forma ideal de llegar a una sociedad en la que la convivencia justa y equitativa constituya un hecho real. (p. 49)

La educación inclusiva abre sus puertas al alumnado que necesite de un apoyo educativo. Por ello, esta educación resulta ser esperanzadora, caracterizada como una nueva salida desde donde se puede aportar un grano de arena (Casanova en Casanova Rodríguez et al., 2009).

Es por ello por lo que debemos hacer relevancia a los tres objetivos que se les brinda cumplir a la educación española: eficacia, eficiencia y funcionalidad en sus aulas.

Sin lugar a dudas, la administración tiene la responsabilidad de introducir a cualquier escolar entre sus líneas de formación. Es en estas circunstancias cuando suceden problemáticas con respecto a la inclusión. No obstante, la utopía que se formula en la escuela es la de incluir, independientemente de la situación o procedencia, al alumnado en las instituciones ordinarias.

Además, debe diseñar para ello un currículum adaptado a una sociedad actual realizando mejoras que permitan el acceso igualitario a todas las personas (Casanova en Casanova Rodríguez et al., 2009). Por ello, debe tenerse en cuenta a los elementos que conforman el currículum en la escuela inclusiva.

Desafíos para su consecución

La inclusividad requiere para el profesorado formación inicial y la posibilidad de adquirir conocimientos de forma continuada y permanente. Entre estas líneas, Casanova Rodríguez et al. (2009), señalan términos relevantes como compromiso personal, innovación y actualidad.

Que no de forma obligada, la actitud debe contener la ilusión y la motivación pertinente con la que adquirir dicha formación para llevar a la práctica tal innovación en la realidad educativa.

El desafío que se plantea en la actualidad es la problemática profesor-alumno, siendo un reto que se le brinda al saber pedagógico (Tadesco, 2008; Casanova y Rodríguez et al., 2009).

El cuerpo docente debe asegurar la propia formación continua ya que en el siglo XXI, no sólo deben ser capaces de aportar al alumnado los conocimientos que a éstos se les exige, sino que es de especial relevancia el uso de las nuevas tecnologías en esta nueva metodología de enseñanza-aprendizaje.

A partir de ahí, el saber docente se enmarca en conocer los diversos contexto educativos para así realizar correctas adaptaciones al alumnado, el cual debe estar direccionado a la práctica educativa además de tomar en consideración que todo docente debe tener los conocimientos culturales reglamentarios (Casanova y Rodríguez et al., 2009).

...los programas de formación de los profesores de educación general deben tener énfasis específico y una visión común con respecto al trabajo cooperativo, a las necesidades educativas especiales, a los sistemas de apoyo y a la educación individualizada. (p. 107).

Lejos de una enseñanza puramente tradicional, nos encontramos ante un profesorado al que se le exige aquellas competencias específicas que le permitan atender a la diversidad en todo su esplendor.

Es la diversidad entendida como diferencias cognitivas, culturales y sociales del alumnado, quien contempla la innovación y el uso de las nuevas tecnologías.

Tal y como hemos mencionado con anterioridad, el aprendizaje del docente bilingüe, el empleo de una inteligencia emocional en auge y la resolución conflictiva a través del diálogo son, en resumidas cuentas, el perfil demandado en un cuerpo de profesorado capacitado para adaptarse a los nuevos retos que la sociedad brinda (González, 2008 en Casanova y Rodríguez et al., 2009).

Index, una mirada científica hacia la educación inclusiva

Entender la educación inclusiva supone realizar un revisión de la literatura amplia, ya que se trata de una temática atractiva al estudio y de la que numerosos profesionales han tenido el placer de catalogar entre sus obras más célebres. 

Una de estas argumentaciones más relevantes es Index for inclusion, el cual tiene la misión de transmitir las técnicas necesarias para trabajar la inclusión, abogando por el desarrollo de la participación y el fomento del aprendizaje en el alumnado a través de toda la comunidad educativa.

Para obtener la información más relevante del documento, hemos ahondado en la búsqueda de interpretaciones y traducciones referentes al mismo. Sandoval et al. (2002), no pretende pasar Index por alto dedicándole un visión exhaustiva a los ideales que un día sus autores se plantearon.

En el plano de los estudios realizados sobre la guía es conveniente resaltar el término de barreras para el aprendizaje, estableciendo cierta similitud con las necesidades educativas especiales.

Index no solo aporta una visión bibliográfica, sino que opta por mostrar indicadores y cuestiones idóneas para indagar en la individualidad, sin establecer una generalidad que impida obtener buenos resultados con respecto a la práctica y la realidad de cada institución.

El documento atiende a una distribución de tres pilares fundamentales. En un primer apartado, revisa la bibliografía idónea y acorde a la temática; en la segunda parte, se observa la estructura que el documento nos brinda; y finalmente, en la tercera parte, se explica el modo en que se podría llevar a la práctica la educación inclusiva (Sandoval et al, 2002).

Referencia bibliográficas:

  1. CASANOVA, M.A. Y RODRÍGUEZ, H. (COORDS.). (2009). La inclusión educativa, un horizonte de posibilidades. Madrid: La Muralla, S. A.
  2. CHIVERT TARAZONA M.J., HORCAS LÓPEZ, V. Y ROS GARRIDO, A. (2013). A propósito de la inclusión educativa: una mirada ampliada de lo escolar. Barcelona: Ediciones Octaedro, S.L.
  3. DURÁN, D., ECHEITA, G., GINÉ, C., LÓPEZ, M.L., MIQUEL, E. Y SANDOVAL, M. (2002). Index for inclusión. Una guía para la evaluación y mejora de la educación inclusiva. Contextos educativos, 5, 227 – 238.
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  5. FERNÁNDEZ CABEZAS, M., GARCÍA BERBÉN, A. B. Y BENÍTEZ MUÑOZ, J. L. (2006). Estudio de la percepción que el profesorado en activo posee sobre el maltrato entre iguales. Profesorado. Revista de currículum y formación del profesorado, 10, 1 – 12.
  6. GARCÍA ANTELO, B. (2011). La tutoría en la universidad: percepción de alumnado y profesorado. Santiago de Compostela: Servicio de Publicación e Intercambio Científico Campus Vida.
  7. HENDGES, M. (2009). El cooperativismo como inclusión social. Gezki. 5, 69 – 88.
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Referencias legislativas:

  1. Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de educación.
  2. Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa.
  3. Ley 17/2007, de 10 de diciembre, de Educación en Andalucía.