El Complejo de Edipo según Freud

El Complejo de Edipo según Freud

Sigmund Freud (1856 – 1939), fundador del Psicoanálisis, realizó una gran cantidad de aportes a la Psicología profunda, entre los cuales destaca el complejo de Edipo como uno de los pilares de su teoría sobre el Inconsciente y la sexualidad.

El nombre se debe al mito del rey Edipo, cuyo relato trata sobre un hombre que, sin saberlo, mata a su padre Layo y toma a su madre Yocasta como esposa, con quien tiene cuatro hijos. Al enterarse de lo que había hecho se quitó los ojos y se exilió de Tebas, la tierra de la que era rey.

complejo de edipo según Freud

Freud comienza a reflexionar sobre el complejo de Edipo al desarrollar su teoría de la pulsión, las teorías sexuales infantiles y el desarrollo  de la sexualidad infantil en general.

Es necesario aclarar de antemano que El complejo de Edipo es, con ciertas variaciones, el mismo en el niño y en la niña, por lo que no existe el complejo de Electra.

Origen del Complejo de Edipo

El complejo de Edipo se origina como respuesta a la seducción de la madre a través de sus cuidados. Estos no son intencionadamente sensuales, pero acciones como bañar, limpiar o acariciar al bebé erogenizan el cuerpo del infante y permite el nacimiento de las pulsiones. Esta seducción es de naturaleza fálica porque el niño cobra estatuto de falo para la madre.

En el desarrollo de la sexualidad infantil, Freud desarrolla 4 etapas según el objeto con el cual se satisface la pulsión sexual: Oral (el objeto es la boca), Anal (el objeto es el ano), Fálica (el objeto es el pene en los niños, el clítoris en la niña), un período de latencia y finalmente la genital (la sumisión de las pulsiones parciales a la genitalidad y reproducción).

El complejo de Edipo inicia durante la etapa fálica, cuando el infante desarrolla las teorías sexuales infantiles, siendo la más relevante para este complejo la teoría de que sólo existe un genital, el pene. Según esta teoría, el niño piensa que todos los humanos tenemos un genital, el pene, y que su madre también tiene uno.

Atravesamiento del Complejo de Edipo

El complejo de Edipo es vivido de manera distinta por niños y por niñas, por lo que detallaremos su atravesamiento en dos apartados distintos.

Es necesario mencionar que, para Freud, tanto la masculinidad como la feminidad eran independientes del género de la persona. Para él, ambas eran posiciones subjetivas, es decir, formas que tienen los individuos de relacionarse con los demás, el ambiente que les rodea y consigo mismo.

En el niño

Como dijimos antes, durante la etapa fálica, el niño desarrolla teorías sexuales infantiles, siendo la más relevante para el complejo de Edipo la noción de que tanto los niños como las niñas tienen pene, como consecuencia de las exploraciones sobre su propio cuerpo y la seducción materna.

En este estadío el pene toma el estatuto de falo, es decir, de objeto simbólico de poder y ley. El niño, que es a su vez un objeto fálico para su madre, quiere tomarla a ésta como pareja pero se encuentra con su padre, quien ya la tiene como tal.

Su gran interés reside en la esperanza de que, gracias a que posee un pene, en el futuro podrá acceder al objeto incestuoso o un otro equivalente.

El niño capta esto al ver que hay una satisfacción que la madre no se procura en él, sino por medio de su padre. Él quiere ser todo para ella. El niño entra, pues, en un conflicto con el padre: desea hacerlo a un lado, sacarlo del triángulo amoroso para ocupar él su lugar.

El onanismo del niño en esta época se liga a la satisfacción fantaseada del complejo de Edipo.

El niño ha sido amenazado en varias ocasiones con que “se le va a caer el pene” o “se lo van a cortar” por jugar con su genital. La amenaza es, por lo general, dada por la madre en referencia al padre, quien sería el agente castrador.

Dicha amenaza cobra un significado distinto al mirar los genitales femeninos. Al encontrarse con que la niña no tiene pene, la amenaza se vuelve real para el niño, realmente cree poder perder su pene a causa de su comportamiento y sus pretensiones respecto de su madre.

Dicha amenaza le angustia, desarrollando la angustia de castración que lo llevará a tener un complejo de Castración. La única forma en que el niño puede resolver este complejo es renunciando a tomar a su madre como pareja y resignándose a la fantasía como única forma de satisfacción sexual que le queda.

A su vez, la satisfacción que se procura ahora ya no es la misma que antes; esta desilusión le lleva también al sepultamiento del complejo de Edipo. El complejo no está resuelto (y nunca se resolverá) pero queda sepultado en el inconsciente. Como consecuencia el niño enlaza, inconscientemente, lo femenino con un pene perdido, lo pasivo, y lo masculino con la posibilidad de perder el pene, lo activo.

Otra consecuencia, no menos importante, es que el niño deja de pretender deshacerse de su padre a desear ser como él. Se identifica con su padre para poder tener a su madre en su fantasía. Esto se conoce como una cicatriz del complejo de Edipo, donde la madre subsiste como la primera seductora.

Otra parte de su sexualidad es sublimada en otras actividades; el niño entra en la etapa de latencia y se dedica a explorar y aprender sobre el medio en el que vive.

En la niña

El complejo de Edipo es asimétrico entre el niño y la niña, por ocurrir las mismas etapas en un orden distinto.

La niña, durante la etapa fálica, toma a su clítoris como falo y objeto de satisfacción. En su inconsciente sostiene la teoría de que tanto hombres como mujeres tienen pene. Entre ellas, su madre también se encuentra incluida.

La madre ocupa el lugar de primera seductora, tal como ocurre con el varón. La madre, por ocupar un lugar activo y masculino, además de seducir a su hija le hace creer que tiene un pene, por lo cual la niña fantasea que en un futuro también tendrá uno que le permitirá acceder al objeto incestuoso.

Una vez cae en la cuenta de que su madre no tiene un pene y a ella tampoco le crecerá uno, la niña pasa a odiarla. La madre se vuelve un objeto siniestro al hacerla responsable de su falta de pene, cosa que no puede perdonarle.

En otras palabras, culpa a su madre de su propia castración por encontrarse ella misma (la madre) castrada también. La niña suponía una madre fálica porque ella, la hija, ocupaba el lugar de falo sin saberlo.

Desarrolla la envidia del pene, que es su forma de vivir el Complejo de Castración y que subsistirá en su inconsciente de ahora en adelante.

Freud desarrolla tres posibles salidas para la mujer del complejo de Castración:

  1. Inhibición sexual – Conlleva al desarrollo de una neurosis. La mujer reprime su sexualidad por creer que, al carecer de un pene, es incapaz de disfrutarla.

  1. Alteración del carácter – La mujer desarrolla un complejo de masculinidad. Se comporta como si tuviera un pene al equipararlo al falo. Lo masculino se vuelve parte de su carácter. No es una enfermedad.

  1. Feminidad normal – La mujer se define fálicamente (es decir, carente de un falo) como tal. Se le conoce también como la salida fálica a lo femenino. Es la entrada en el complejo de Edipo.

La niña supone ahora que hay algo más que la madre y regisnifica la percepción de su propia castración. Es por ello que troca (es decir, cambia una cosa por la otra) su zona erógena y su objeto de amor; la zona erógena deja de ser el clítoris y pasa a ser la vagina, mientras que el objeto deja de ser su madre (que ahora es odiada) y pasa a ser su padre.

La niña asume que lo femenino es la ausencia de lo fálico y que el desear es femenino puesto que se desea algo que no se tiene. El falo pasará a representar la falta de un objeto.

La niña ingresa finalmente al complejo de Edipo, deseando que su padre le dé un hijo, sustituto del falo perdido. Saldrá de este complejo al aceptar que no recibirá un hijo del padre y lo buscará en otros hombres. Su posición permanece masculina por ser activa en su búsqueda.

Ninguna de las tres resoluciones del complejo de castración se da sola. Más bien ocurre una mezcla de todas, siendo una más evidente que las demás.

Resulta interesante destacar que en el caso de la niña nunca se da un sepultamiento del complejo de Edipo.

¿Qué ocurre después?

Freud afirma que el atravesamiento de este complejo deja cicatrices permanentes en el psiquismo del infante. La particularidad de su trayectoria, así como su posterior sepultamiento (o no), condicionarán de forma muy grande la relación que tendrá el individuo con sus objetos de amor, tanto en su elección como en su forma de relacionarse e interactuar.

Un niño cuyo padre fue muy severo durante esta etapa, que sufrió a causa de la angustia de castración, es capaz de desarrollar una fobia (tal es el famoso caso del pequeño Hans y su fobia a los caballos), o tener luego dificultades para relacionarse con otros hombres una vez sea adulto.

Una niña que tenga dificultades para salir del complejo de Edipo podría sentirse constantemente insatisfecha respecto de sus parejas por no estar a la “altura” de su padre.

Hay dos secuelas importantes del complejo de Edipo: la formación del superyó y la fantasía.

El superyó es el heredero de la autoridad paterna. Existe gracias a las identificaciones esenciales ocurridas durante el complejo, cuando el Yo era endeble. También, y de esto dependerá su severidad también, es el heredero de las leyes y la moralidad, contemporáneas y posteriores al complejo.

Este superyó es introyectado por el sujeto, es decir que se vuelve inconciente y pasa a formar parte del carácter. En la fantasía subsisten los deseos incestuosos y queda como el único lugar donde el niño aún puede obtener satisfacción.

Una vez se ha finalizado el atravesamiento, el niño entra en la etapa de latencia, caracterizada por el olvido de los deseos incestuosos y el abrupto cese a las exploraciones sexuales y sobre el propio cuerpo por parte del niño.

Se erigen las barreras éticas y estéticas en el Yo, se empiezan a explorar los límites del niño con su medio. Es la etapa del pequeño científico, donde el niño constantemente experimenta con el medio, como forma de conocer aquello que puede o no puede hacer, aquello que le gusta y cómo obtenerlo, etc.

En resumen, si bien el complejo de Edipo es similar en muchos aspectos tanto para el niño como la niña, sus diferencias resultan importantísimas al definir al niño y a la niña como tales. Esto se debe a que antes de la entrada en el complejo, tanto el niño como la niña son bisexuales por naturaleza y carecen de conciencia respecto de su género, llegando a identificarse con uno hasta después.

En este artículo puedes conocer las teorías más conocidas de Freud.

Referencias

  1. Freud, S.: El esclarecimiento sexual del niño, Amorrortu Editores (A.E.), tomo IX, Buenos Aires, 1976.
  2. Freud, S.: Análisis de la fobia de un niño de cinco años, X, ídem.
  3. Freud, S.: 23º Conferencia: Los caminos de la formación de síntoma, XVI, ídem.
  4. Freud, S.: Pegan a un niño, XVII, ídem.
  5. Freud, S.: Psicología de las masas y análisis del yo, XVIII, ídem.
  6. Freud, S.: Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica entre los sexos, XIX, ídem.
  7. Freud, S.: El sepultamiento del complejo de Edipo, XIX, ídem.
  8. Freud, S.: La organización genital infantil, ídem.
  9. Freud, S.: Inhibición, síntoma y angustia, XX, ídem.
  10. Freud, S.: 33º Conferencia. La feminidad, XXII, ídem.
  11. Freud, S.: Esquema del psicoanálisis, XXIII, ídem.
  12. Sófocles: Edipo Rey, Tragedias, Editorial Edaf, Madrid, 1985.

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