Colecho: Mitos, Realidades y Consejos Prácticos

Colecho: Mitos, Realidades y Consejos Prácticos

El colecho es la costumbre de compartir la misma cama con un bebé. Habitualmente se refiere a sus padres o solo a uno de estos, pero podría involucrar otros familiares con los que el infante viva. Es la forma más común de dormir a los bebés de muchas culturales del mundo.

Sin embargo, existe mucho debate sobre si es una conducta adecuada y, en caso de serlo, por cuánto tiempo debe prolongarse y cuáles serían los estragos en caso de extenderla por más tiempo del debido. También sobre si hay formas correctas o incorrectas de aplicarlo.

colecho

Para algunos, el colecho es no más que una de las muchas opciones de crianza entre las que el padre se puede decidir. Pero también cuenta con defensores acérrimos que aseguran que es la única forma en la que el bebé debería dormir.

Esta técnica forma parte de la llamada crianza con apego, que valora otros medios como el uso del fular, el canto de nanas y otras formas de contacto afectivo con el bebé, que buscan que crezca con un profundo sentido de pertenencia y amor a sus padres.

En este camino por decidir la mejor fórmula de crianza para los bebés, son muchos los mitos que han crecido sobre el colecho, tanto de alguno de sus aspectos positivos, que no han sido probados, como de otros negativos, que ya han sido claramente refutados.

Para ayudar a futuros padres, y a padres ya en proceso, a tomar la decisión sobre si compartir o no la cama con sus hijos, en este artículo listaré algunos de los mitos más comunes, y les daré una respuesta, basado en la lógica, en mis lecturas y en mi experiencia personal como padre y psicólogo infantil.

Además, también hablaré de las pautas para lograr un colecho psicológicamente sano, que creo es uno de los puntos más importantes a reforzar dentro de este tema. Ello, para los que decidan tomar esta dirección en su crianza.

En cualquiera de los casos, el presente artículo no tiene como intención el desfavorecer o criminalizar otras formas de crianza, ni ir en contra de quienes no estén a gusto con la idea del colecho. Es solo una guía para comprender mejor el tema.

Mito 1: El bebé no descansa bien

Realidad: Muchos padres que no practican el colecho suelen consultar continuamente los foros web, preguntando cómo hacer para que su hijo duerma mejor, pues, apenas suelta los brazos de los padres, donde dormía a pierna suelta, y pasa a la cuna, se despierta sin remedio.

Evidentemente, esto no es algo que le pasará a cada niño, y seguro existen los que pueden dormir solos sin problemas desde el primer día. Otros tardan semanas o meses en acostumbrarse. Lo más razonable aquí es concluir que no hay patrones.

Eso aplica tanto para los que hacen colecho como para los que no. Seguro que hay bebés que no duermen tan bien cuando están acompañados, y les toma un tiempo mayor o menor acostumbrarse. El error es filtrar solo la información que es conveniente.

Los pro-colecho abusan de remitirse a los datos de niños criados en cunas que no duermen bien. Los anti-colecho hacen lo propio con las cifras contrarias. En ambos casos, encontraremos un poco de todo. Pero, qué es lo que ocurre con más frecuencia en el colecho.

Lo que suelen indicar la mayoría de los padres que practican este método es que sus hijos (una vez se han habituado) duermen mejor acompañados que solos. A nuestra hija le tomó una semana acostumbrarse y ahora es su forma predilecta de dormir.

Mito 2: Los padres no duermen bien

Realidad: Como en el caso anterior, cada familia es diferente. Padres que se propusieron dormir en habitaciones separadas, que no pueden pegar un ojo atentos al monitor del bebé, y padres que se decidieron por el colecho y no duermen pensando que aplastarán a su hijo.

En cualquiera de los casos, que tener un bebé recién nacido se asocie a dormir mal es un cliché de la paternidad que todos repiten, sea cual sea su método de crianza. Lo que sí sucede es que, a medida que la familia se adapta a sus nuevos ritmos, el sueño va mejorando.

La primera noche practicando colecho surgirán muchos temores, pero se irán disipando si notamos que nuestro hijo la pasa bien. Poco a poco, el sueño irá mejorando para todos. Igual que otros padres terminarán acostumbrándose a caminar dormidos por los pasillos de la casa.

En mi experiencia personal, no solo duermo mejor con mi hija en cama, sino que incluso puedo descansar mejor durante el día. Al llegar del trabajo, por ejemplo, solo colocármela en el pecho me da la calma que necesito para una siesta. Y ella suele dormirse también.

Mito 3: Arruina la vida sexual e íntima de los padres

Realidad: Lo que puede arruinar realmente la vida sexual e íntima de una pareja es la falta de creatividad, y ello puede ocurrir con o sin hijos, con o sin colecho. Evidentemente, un hijo cambia la dinámica sexual de una pareja, pero ello debería tomarse como un reto.

Los detractores del colecho argumentan que es absurdo intentar tener relaciones con un bebé que puede despertarse en cualquier momento. Y eso es totalmente cierto. Pero no es menos absurdo que pensar que la sexualidad solo se consuma en la cama y la alcoba matrimonial.

Y, de la misma forma, no ofrece demasiadas comodidades el procurarse un tiempo de intimidad mientras el monitor del bebé, que duerme en otra habitación, está encendido y se escucha su llanto o gemidos de incomodidad. El efecto debe ser bastante parecido.

Así pues, el compromiso de una pareja que quiera mantener viva su intimidad es buscar alternativas espontáneas y creativas, que salgan de la cama matrimonial. Si podemos llevar al bebé a otro cuarto para tener intimidad en el propio, también se puede hacer lo contrario.

Sin ánimos de volver este artículo una guía sexual para parejas con hijos, la cocina, el baño, la sala y otras partes de la casa son igual de útiles. Y, de hecho, es lo obligatorio a realizar si no se quiere convertir la intimidad de la pareja en un acto lascivo para el niño.

Porque una contraparte de este mito es que el bebé no se entera de nada de lo que hacen los padres, ni le afecta, cuando varios estudios psicológicos muestran que sí es así. De cualquier forma, esto se ampliará en el punto sobre el colecho psicológicamente sano.

Mito 4: Impide el desarrollo de la independencia del niño

Realidad: ¿Le pedirían a un niño de 3 meses dormir solo 6 horas diarias los días que no complete sus tareas de aprendizaje a tiempo? ¿Le pedirían que no se irrite cuando tiene hambre? Entonces, ¿por qué pedirle que sea independiente antes de tiempo?

La evolución del ser humano lo hizo nacer prematuramente para darle a nuestras madres más oportunidades de supervivir ante sus depredadores; no porque considerase que nueve meses eran suficientes para un desarrollo completo. Este desarrollo, en el humano, es postnatal.

Parte de ese desarrollo implica la adquisición de habilidades de independencia que otras especies tienen al segundo de nacidas. Lo natural, entonces, es que el recién nacido dependa por entero de sus padres: para comer, para asearse, para abrigarse y, también, para dormir.

Y, así como permitir que un bebé duerma 16 horas no impide ni retrasa el desarrollo de un ritmo de sueño de 8 horas cuando llegue el momento, dormir con los padres no debería retrasar el desarrollo de la capacidad de dormir solo. No debería, aunque podría.

Podría, si no se hace un colecho correcto, igual que podría suceder si no se aplican las estrategias adecuadas para que el niño duerma en su cuna desde el primer día, como muchos padres desean. Lograr un colecho psicológicamente sano puede ser difícil, pero no imposible.

Se retrasaría la independencia del sueño si el niño no duerme solo ni un segundo del día. Pero eso es muy difícil. Hasta los padres más entregados al colecho tienen cosas que hacer las 8 horas de más que duerme al día el niño. Allí tienen un excelente espacio de entrenamiento.

Si bien nuestra hija duerme muy a gusto con nosotros, también pasa muchas horas del día durmiendo sola. En estos momentos, por ejemplo, duerme sola mientras yo escribo y su madre redacta las bases de un proyecto en el que está embarcada.

Mito 5: El colecho es peligroso para la integridad física del bebé

Realidad: Posiblemente haya un riesgo de que un padre tropiece con su hijo y lo lastime o lo sofoque al aplastarlo, pero es un riesgo bastante improbable en una pareja de padres sanos, que no consumen medicación incapacitante, alcohol o drogas.

Para los padres a los que la sola amenaza de ese minúsculo riesgo les parezca intolerable, probablemente deban saber que la mayoría de las prácticas que hacemos con los bebés tienen riesgos igual de pequeños y aun así las hacemos. Por ejemplo, cargarlo y que se caiga.

Si bien muchos argumentan que los pro-colecho fomentan la codependencia, una muestra alta de codependencia es evitar cualquier actividad que tenga un mínimo de riesgo para el niño, aun si es improbable. Si bien ellos todavía deben ser dependientes, nosotros debemos deshacernos de la codependencia y sus reveces negativos.

De cualquier forma, como el mercado para los bebés sabe aprovechar hasta el más pequeño hueco, existen muchos productos para garantizar que no se lastime al bebé durante el colecho. Nosotros usamos una almohada antirreflujo y es virtualmente imposible hacerle daño.

Mito 6: El colecho no alberga ningún riesgo y no puede hacerse mal

Realidad: Del otro lado, están los que piensan que el colecho no tiene nada malo y tiene todo lo bueno. O que los otros métodos tienen todo lo malo y nada de lo bueno. Basta un mínimo de lógica para saber que no existe nada que no albergue riesgos.

Empezar una actividad sin conocer sus riesgos potenciales, sus indicaciones y contraindicaciones es la mejor forma de conocer en carne propia esos efectos lesivos. Y, si es algo que involucre a nuestros hijos, no deberíamos tomarnos esto tan a la ligera.

El colecho está contraindicado para personas con epilepsia, alcoholismo, adicción a las drogas y durante ciertos tratamientos médicos. Otras condiciones específicas como la depresión (incluida la postparto) requieren de ser monitoreadas por un profesional.

También estaría contraindicado para personas con trastorno de terrores nocturnos, síndrome de piernas inquietas, parasomnias y otros trastornos del sueño. Pero, más importante, estaría contraindicado para los que no se logren adaptar en un tiempo prudencial.

Así como muchas madres que no pueden lactar a sus hijos terminan desarrollando depresión postparto por la ilusión que les hacía, forzarse a practicar el colecho, a costa de la salud física o emocional de uno o ambos padres, no traerá beneficios reales para el bebé.

Además, existen otra serie de riesgos cuando no se practica un colecho psicológicamente sano, que se explicarán a continuación. Eso quiere decir que sí es posible hacer un mal colecho, incluso cuando se tiene la mayor disposición y uno se ha informado bien.

Qué significa un colecho psicológicamente sano

Creo que es una deuda de la mayoría de los cursos prenatales para padres (e información en libros y la web), donde se habla de los beneficios de prácticas como el colecho, dar también las indicaciones de lo que se necesita para que sea una actividad psicológicamente sana.

Mi esposa y yo somos psicólogos infantiles y, mucho antes de decidirnos por el colecho con nuestra propia hija, hemos tenido que ayudar a muchos padres en consulta psicológica, que están empezando a ver los estragos de un colecho psicológicamente mal llevado.

Por esta razón, quiero listar algunas de las formas en las que el colecho puede ser nocivo para el niño y/o la pareja, explicando también, qué es lo que se requiere para devolverle la salud a esta práctica.

El colecho como amalgama de relaciones fracturadas

Lo más común que suele ocurrir es que, ya sea por el mismo colecho o por otras múltiples causas, la relación de pareja empieza a fracturarse, y esta se fuerza a sostener el colecho como una forma de amalgamar las fisuras de la relación.

En otras palabras, el hijo pasa de estar en medio de la cama a estar en medio de la relación. Y el rol del hijo no es unir a los padres. De hecho, el colecho no coloca ninguna obligación sobre el hijo. Todas las obligaciones son de los padres, quienes decidieron realizarlo.

Si la pareja tiene problemas derivados del colecho, lo mejor es frenarlo mientras se aplican los correctivos, o eliminarlo si se concluye que es la mejor decisión. Asistir a terapia de pareja sería lo más coherente. Si los problemas provienen de otras fuentes, con más razón no hay por qué volver al colecho una forma de reunir a la pareja.

El colecho y una sexualidad irresponsable de la pareja

Así como la mayoría de los padres temen tener relaciones sexuales al inicio del embarazo, pero igual terminan teniéndolas en algún momento del mismo, al inicio del colecho los padres suelen ser muy juiciosos en no practicar su sexualidad frente al hijo, pero luego no tanto.

Esto porque empiezan a elaborar toda una serie de justificaciones basadas en la comodidad más que en la investigación seria, para decirse que el hijo no verá ni escuchará nada y, en caso de hacerlo, no le afectará. Pues, la verdad es que sí le afecta.

No ocurre en sus primeros días de vida (aunque igual no es justificación para hacerlo), pero más temprano de lo que creemos el niño puede tener consciencia de las conductas de sus padres. Y esta es una para la que no está preparado y que puede generarle confusión y estrés.

Si una pareja decide practicar colecho, debe saber que es su absoluta responsabilidad (una muy pero muy seria) no tener relaciones sexuales con el niño en la misma habituación. No solo al hacerlo se incumplen las leyes de muchos países, sino que es nocivo para el bebé.

El colecho como forma de codependencia de los padres

Se supone que traemos niños al mundo por lo que creemos que podemos darle, enseñarle y hacerle sentir. Pero muchas veces tiene más peso lo que creemos que el hijo puede darnos o hacernos sentir. La codependencia implica depender del hijo y lo que este nos pueda dar.

Es común que muchos padres necesiten ser necesitados por sus hijos y, por ello, coarten las libertades de su hijo para que este siga siendo dependiente el mayor tiempo posible. Eso no tiene nada que ver con un colecho psicológicamente sano.

Como se dijo antes, el colecho es para nosotros darle tranquilidad al sueño de nuestro hijo mientras este es dependiente de nosotros; no para que él nos dé a nosotros el gusto de ser necesitados, siga o no necesitando de nosotros.

Si establecemos una relación de codependencia con nuestro hijo, este no desarrollará su independencia a tiempo, y allí sí será difícil hacer la transición fuera de la cama de los padres. Pero la codependencia también trae problemas en la autoestima y autoimagen del niño.

Un niño al que se le enseña que depende de los padres aprende a no confiar en su mente y su cuerpo, de modo que se arriesga menos a desarrollarse en independencia. Por ello, es fundamental recordar que el colecho es para los hijos y no para los padres.

El colecho como moda, pero emocionalmente vacío

La crianza con apego y sus diferentes métodos están ganando cada vez más adeptos, de modo que se está volviendo un lugar común y, como ocurre habitualmente, muchos de sus aspectos se han frivolizado como parte de la moda de ser padres nutritivos de la nueva era.

Pero el colecho, como cualquier otro método de crianza, no es para todos. Es para los que de verdad están convencidos de sus beneficios, estarán alerta ante sus riesgos y se esforzarán por hacerlo psicológicamente sano. Hacerlo solo porque es tendencia es un error.

De seguro el bebé obtendrá algunos de sus beneficios (como el de evitar la temida muerte súbita del lactante), pero a largo plazo puede no ser beneficioso. El colecho se trata de transmitir amor, calma, afecto y mimos, que deben salirnos de forma natural.

Si esto no ocurre, lo primero es no juzgarnos como malos padres (ni permitir que nos juzguen). Simplemente, el colecho no es para nosotros. Lo siguiente sería buscar el método que más guste a toda la familia, y aplicarlo con la mayor convicción y ganas posibles.

Conclusiones

Definitivamente, la crianza de un hijo implica la toma de decisiones complejas. Pero siempre que nos tomemos el tiempo de investigar y reflexionar es posible llegar a las decisiones que son correctas para cada uno de nosotros.

Ahora que conoces un poco más sobre el colecho, mi recomendación es que leas mucho más (tanto a los que están a favor como a los que están en contra), y una vez tomes una decisión, trates de seguirla y monitorearla a diario, tratando de hacer lo mejor a tu alcance. Tu bebé y tu salud emocional lo agradecerán.

Si practicas o has practicado este método, sería genial que compartas tu experiencia en los comentarios, igual que si estás próximo a ser padre y te estás preguntando si es lo mejor para tu familia. También hay espacio para los que opinen en contra.

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