Síndrome de Sudeck: síntomas, causas, tratamientos

Síndrome de Sudeck: síntomas, causas, tratamientos

El síndrome de Sudeck o síndrome de dolor regional complejo (SDRC) es un tipo de patología dolorosa de curso clínico crónico que se atribuye al desarrollo de una disfunción del sistema nervioso central o periférico (Rogers & Ramamurthy, 2016).

A nivel clínico, el síndrome de Sudeck se caracteriza por la presencia de una disfunción o déficit variable del sistema neurológico, musculo esquelético, cutáneo y vascular (Díaz-Delgado Peñas, 2014).

síndrome de Sudeck

Los signos y síntomas más prevalentes en esta condición médica suelen incluir: dolor recurrente y localizado en las extremidades o áreas afectadas, anomalías en la temperatura y color de la piel, sudoración, inflamación, incremento de la sensibilidad cutánea, deterioro motor, y retraso significativo de la recuperación física funcional (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2015).

Además, en cuanto a sus características clínicas se han descrito dos formas diferentes estadios de evolución: estadio I o precoz, estadio II y estadio III (Díaz-Delgado Peñas, 2014).

Aunque los factores etiológicos específicos del síndrome de Sudeck no se conocen con exactitud, una amplia variedad de mecanismos puede desempeñar un papel importante tanto en su génesis, como en el mantenimiento.

Una buena parte de los casos se desarrollan tras el padecimiento de un trauma o intervención quirúrgica, patología infecciosa, o incluso la radioterapia (National Organization for Rare Disorders, 2007).

En cuanto al diagnóstico de esta patología, debe ser fundamentalmente clínico y confirmarse con otras pruebas complementarias (radiología, estudio gammagráfico, etc.) (Rodrigo et al., 2000).

A pesar de que no existe una cura para el síndrome de Sudeck, el abordaje terapéutico requiere un enfoque multidisciplinar que suele incluir terapia farmacológica, rehabilitación física, procedimientos quirúrgicos y tratamiento psicológico, entre otros (Ribera Canudas, X).

¿Qué es el síndrome de Sudeck?

El dolor es uno de los síntomas médicos que todas las personas experimentan o han experimentado en algún momento.

De esta forma, solemos buscar una remisión o alivio de éste a través de las técnicas disponibles (analgésico, atención médica de urgencia, etc.) y, además, el diagnóstico suele ser más o menos evidente (Clevelad Clinic, 2016).

Sin embargo, existen determinados casos en los que ninguno de estos abordajes resulta efectivo y no es posible hallar una causa médica específica (Clevelad Clinic, 2016).

Uno de estos casos es el síndrome de Sudeck, también conocido con el nombre de distrofia simpática refleja (DSR) u otros términos menos empleados como algodistrofía, algoneurodistrofia, atrofia de Sudeck, osteoporosis transitoria o síndrome de hombro-mano, entre otros (National Organization for Rare Disorders, 2007).

Los síndromes relacionados con el dolor crónico consecuentes a un traumatismo, han sido reportados en la literatura médica a través de varios siglos. Sin embargo, no es hasta 1900 cuando Sudeck describe por primera vez este síndrome denominándolo “atrofia ósea inflamatoria aguda” (Rodrigo et al., 2000).

Sin embargo, el término distrofia simpática refleja (DSR) fue propuesto y acuñado por Evans en 1946. Así, la International Association for Study of Pain, definió en 1994, los criterios clínicos y el termino de esta patología como Síndrome de Dolor Regional Complejo (Ribera Canudas, 2016).

El síndrome de Sudeck es una forma poco frecuente de dolor crónico que suele afectar de forma prioritaria a las extremidades (brazos o piernas) (Mayo Clinic, 2014).

Generalmente, los signos y síntomas característicos de esta patología se presentan tras una lesión traumática, cirugía, accidente cerebro-vascular o cardíaco y está asociado a un funcionamiento deficiente del sistema nervioso simpático (Mayo Clinic, 2014).

Nuestro sistema nervioso (SN) suele dividirse a nivel anatómico en dos secciones fundamentales: el sistema nervioso central y sistema nervioso periférico (Redolar, 2014):

  • Sistema nervioso central (SNC): esta división se encuentra compuesta por el encéfalo y la médula espinal. Además, presenta otras subdivisiones: hemisferios cerebrales, tronco encefálico, cerebelo etc.
  • Sistema nervioso periférico (SNP): esta división se encuentra compuesta esencialmente por los ganglios y los nervios craneales y espinales. Éstos se encuentran distribuidos por casi todas las áreas corporales y se encargan de transportar información (sensitiva y motora) de forma bidireccional con el SNC.

Además, debemos destacar que el sistema nervioso periférico a su vez, presenta dos subdivisiones fundamentales (Redolar, 2014):

  • Sistema nervioso autónomo (SNA): esta subdivisión funcional se encarga fundamentalmente del control de la regulación interna del organismo Así, tiene un papel esencial en el manejo de la respuesta de los órganos internos a las condiciones internas de éste.
  • Sistema nervioso somático (SNS): esta subdivisión funcional se encarga fundamentalmente de la transmisión de información sensorial procedente de la superficie corporal, órganos de los sentidos, la musculatura y los órganos internos, hacia el SNC. Además, a su vez se encuentra subdividido en tres componentes: simpático, parasimpático y entérico.

Así, la rama nerviosa simpática, forma parte del sistema nervioso autónomo y se encarga de la regulación de los movimientos involuntarios y los procesos homeostáticos del organismo. Específicamente, el sistema nervioso simpático se encarga de la producción de respuestas de defensa ante eventos o circunstancias que representen un peligro, potencial o real (Navarro, 2002).

La activación repentina y masiva del sistema simpático produce una amplia variedad de relaciones entre las que podemos destacar: dilatación pupilar, sudoración, incremento de la frecuencia cardíaca, bronca dilatación, etc. (Navarro, 2002).

Por lo tanto, cuando un daño o lesión afecta al sistema simpático, es posible que se produzcan de forma sistemática respuestas anormales, como es el caso del síndrome de Sudeck.

¿Es una patología frecuente?

Cualquier persona puede padecer el síndrome de Sudeck, independientemente de su edad, sexo, lugar de procedencia o grupo étnico.

No se han identificado diferencias relevantes en cuanto a la edad de aparición, sin embargo, se ha podido registrar una prevalencia más elevada de esta patología en las mujeres con una edad promedio de 40 años (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2015).

En el caso de la población pediátrica, no aparece antes de los 5 años de edad y, además, es escasamente frecuente antes de los 10 años (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2015).

A pesar de que son escasos los datos estadísticos relacionados con esta patología, muchos apuntan a una incidencia de 5,6-26, 2 casos por cada 100.000 habitantes de la población general. Además, el ratio de prevalencia es de 4:1 a favor del sexo femenino (Villegas Pineda et al., 2014).

Por otro lado, las causas desencadenantes más frecuentes son de tipo traumática, normalmente padecimiento de fracturas óseas (Villegas Pineda et al., 2014).

Signos y síntomas

El cuadro clínico característico del síndrome de Sudeck incluye una amplia variedad de signos y síntomas que, suelen variar en función de la evolución temporal de la patología (Díaz-Delgado Peñas, 2014):

Estadio I o precoz

En la fase inicial del síndrome de Sudeck los síntomas pueden fluctuar de forma recurrente y mantenerse de forma indefinida. Además, el inicio suele ser lento, puede comenzar con una sensación de debilidad o ardor en algunas áreas, seguido de una rigidez progresiva.

Algunas de las alteraciones más comunes en esta etapa son:

  • Dolor: este síntoma es la característica más definitoria del síndrome de Sudeck. Muchas personas afectadas lo describen como una sensación quemante o punzante que aparece de forma persistente. Además, presenta algunas características: alodinia (aparición ante la presencia de estímulos benignos o inocuos), decremento de los umbrales de dolor o hiperpatía (reacción retardada y exagerada ante un estímulo cutáneo). Normalmente, las áreas más afectadas por el dolor son los brazos, piernas, manos y pies.
  • Edema: las áreas afectadas suelen mostrar un proceso de hinchazón debido a un incremento o acumulación anormal de líquido en los tejidos.
  • Livedo reticularis/extrema: esta condición médica hace referencia al desarrollo progresivo de una decoloración cutánea que tiende a mostrarse rojiza o azulada. Se asocia fundamentalmente a la presencia de edema, dilatación de los vasos sanguíneos y reducción de la temperatura corporal.
  • Alteración de la temperatura corporal: los cambios en la temperatura cutánea de las áreas afectas son frecuentes, pueden variar incrementado o reduciendo los habituales.
  • Hiperhidrosis: la sudoración excesiva es otro hallazgo médico frecuente en esta patología. Generalmente suele presentarse de forma localizada.

Estadio II

  • Dolor: este síntoma se presenta de forma similar a la fase anterior, sin embargo, puede extenderse a otras áreas corporales, más allá de la superficie originaria y tienen a volverse más severo.
  • Edema duro: al igual que en la fase anterior, las áreas afectadas suelen mostrar un proceso de hinchazón debido a un incremento o acumulación anormal de líquido en los tejidos. Sin embargo, presenta una estructura dura, no depresible.
  • Alteración de la sensibilidad: cualquier estímulo puede provocar el disparo del dolor, además, los umbrales relacionados con la sensibilidad y la percepción de la temperatura se encuentran reducidos. Rozar o tocar el área afectada puede producir un profundo dolor.
  • Palidez y calor cianótico: es frecuente observar una decoloración cutánea, tendente a la palidez. Además, las áreas afectadas, a veces pueden presentar una temperatura elevada o reducida, en comparación con otras superficies corporales.
  • Alteración capilar: el crecimiento del pelo disminuye o se ralentiza de forma significativa. Además, es posible identificar diversas anomalías en las uñas, como ranuras.

Estadio III

  • Dolor: en esta fase, el dolor puede presentarse de forma equivalente a las fases anteriores, disminuir o, en casos más graves, presentarse de forma constante e intratable.
  • Atrofia muscular: la masa musculare tiende a reducirse de forma significativa.
  • Desarrollo de contracturas y rigidez: debido a la atrofia muscular, los músculos pueden desarrollar contracturas y rigidez persistente. Por ejemplo, los hombros pueden permanecer “congelados” o fijos.
  • Dependencia funcional: la capacidad motora se encuentra gravemente reducida, por lo que muchas personas afectadas, suelen requerir ayudar para la realización de las actividades rutinarias.
  • Osteopenia: al igual que la masa muscular, el volumen o concentración ósea también puede reducirse a niveles por debajo de lo normal o esperado.

Causas

Como hemos señalado anteriormente, las causas específicas del síndrome de Sudeck no se conocen con exactitud, a pesar de estar relacionadas con el sistema nerviosos simpático (Mayo Clinic, 2014).

Al margen de esto, es posible clasificar esta patología en dos tipos fundamentales, con signos y síntomas similares, pero con causas etiológicas diferenciales (Mayo Clinic, 2014):

  • Tipo I: suele aparece tras el padecimiento de una enfermedad o lesión que no daña de forma directa los nervios periféricos del área originaria. Este es el tipo más frecuente, aproximadamente un 90% de los afectados parecen síndrome de síndrome de Sudeck Tipo I.
  • Tipo II: suele aparecer tras el padecimiento de una condición o evento médico que altera de forma parcial o completa alguna de las ramas nerviosas de la extremidad o área originaria.

Los factores etiológicos más relacionados con esta patología incluyen: traumas, cirugía, infecciones, quemaduras, radiación, parálisis ictus, ataques cardíacos, patologías de la columna vertebral o alteraciones relacionadas con los vasos sanguíneos (National Organization for Rare Disorders, 2007).

Por otro lado, debemos destacar que en algunos afectados no es posible identificar el factor precipitante y, además, también se han documentado casos familiares de la enfermedad, por lo que un campo potencial de investigación seria el análisis de los patrones genéticos de esta patología.

Las investigaciones más recientes sugieren que, el síndrome de Sudeck puede estar influenciado por la presencia de diversos factores genéticos. Se han identificado diversos casos familiares en los que esta patología presenta una parición temprana, con una presencia elevada de distonia muscular y, además, varios de sus miembros se encuentran gravemente afectados (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2015).

Diagnóstico

El diagnóstico inicial del síndrome de Sudeck se realiza en base a la observación clínica (Kirkpatrick et al., 2003).

El especialista médico, debe reconocer algunas de la características y manifestaciones más comunes en esta patología, por lo tanto, el diagnóstico suele efectuarse en base al siguiente protocolo (Kirkpatrick et al., 2003):

  • Evaluación de las características del dolor (evolución temporal, áreas afectadas, etc.).
  • Análisis de la función del sistema nervioso simpático.
  • Análisis de la posible presencia de edema e inflamación.
  • Evaluación de la presencia de posibles trastornos del movimiento.
  • Evaluación de la estructura cutánea y muscular (presencia de distrofia, atrofia, etc.).

Además, una vez se ha formado una sospecha consistente sobre el padecimiento de esta patología, es necesario emplear diferentes pruebas de laboratorio para descartar la presencia de otros procesos patológicos diferenciales.

Algunas de las pruebas más empleadas incluyen las radiografías, la tomo densitometría, la tomografía axial computerizada, la resonancia magnética nuclear o la gammagrafía (Cuenca Gonzáles et al., 2012).

Además, en la literatura médica también se ha señalado el empleo de otras pruebas como la flebografía intra-ósea, la termografía, la fluximetría cutánea o el Q-SART (Cuenca Gonzáles et al., 2012).

Tratamiento

Actualmente no existe una cura identificada para el síndrome de Sudeck, fundamentalmente debido al desconocimiento de los mecanismos etiológicos y fisiopatológicos.

Sin embargo, existen una amplia variedad de abordajes terapéuticos que pueden resultar efectivos en el control y alivio de los signos y síntomas que padecen las personas afectadas.

Así, el National Institute of Neurological Disorder and Stroke (2015), señala algunas de las terapias más empleadas:

  • Rehabilitación física.
  • Tratamiento farmacológico: analgésicos, antiinflamatorios no-esteroides, corticoides, anticonvulsivos, antidepresvios, morfina, entre otros.
  • Simpatectomía nerviosa farmacológica (bloqueo de las ramas nerviosas simpáticas a través de la inyección de anestésicos.
  • Simpatectomía nerviosa quirúrgica (lesión o destrucción de algunas áreas nerviosas de la rama simpática).
  • Electroestimulación nerviosa.
  • Infusión intratectal de fármacos analgésicos y opiáceos.
  • Tratamientos emergentes o en fase de prueba: inmunoglobina intravenosa, ketamina o cámaras hiperbáticas, entre otros.

Pronóstico médico de las piernas que sufren el síndrome de Sudeck

El pronóstico médico y la evolución de la patología varia de forma significativa entre las personas afectadas. En algunos casos, es posible observar una remisión completa y espontánea de los síntomas.

Sin embargo, en otros casos, tanto el dolor como otras patologías, suelen presentarse de forma irreversible, persistente y resistente a las terapias de tipo farmacológico.

Al margen de esto, los especialistas en el tratamiento del dolor y del síndrome de Sudeck, señalan que es imprescindible el abordaje temprano de la patología, ya que ayuda a limitar su progresión.

El síndrome de Sudeck sigue siendo una enfermedad poco conocida, existen escasos estudios clínicos que permitan esclarecer las causas, el curso clínico y el papel de las terapias experimentales.

Referencias

  1. Cleveland Clinic. (2016). Complex Regional Pain Syndrome. Obtenido de Cleveland Clinic: http://my.clevelandclinic.org/services/anesthesiology/pain-management/diseases-conditions/complex-regional-pain-syndrome
  2. Cuenca González, C., Flores Torres, M., Méndez Saavedra, K., Barca Fernández, I., Alcina Navarro, A., & Villena Ferred, A. (2012). Síndrome Doloroso Regional Complejo. Rev Clin Med Fam, 120-129.
  3. Díaz-Delgado Peñas, R. (2014). Síndrome de Dolor Regional Complejo. Asociación Española de Pediatría, 189-195.
  4. Gómez Jiménez, M., Viñolo Gil, M., Iglesias Alonso, A., Martínez Martínez, I., & Aguilar Ferrándiz, E. (2009). Síntomas y tratamiento del Síndrome de dolor regional Complejo. Fisioterapia, 60-64.
  5. Kirkpatrick, A., Román, G., & Nuñez Gudás, M. (2013). DISTROFIA SIMPÁTICA REFLEJA / SÍNDROME REGIONAL DOLOROSO COMPLEJO (DSR/SRDC) . Obtenido de International Research Foundation for RSD/CRPS : http://www.rsdfoundation.org/es/es_cpg.html
  6. Mayo Clinic. (2014). Complex regional pain syndrome. Obtenido de Mayo Clinic:

    http://www.mayoclinic.org/diseases-conditions/complex-regional-pain syndrome/basics/causes/con-20022844

  7. NIH. (2015). Complex Regional Pain Syndrome Fact Sheet. Obtenido de National Institute of Neurological Disorders and Stroke: http://www.ninds.nih.gov/disorders/reflex_sympathetic_dystrophy/detail_reflex_sympathetic_dystrophy.htm
  8. NORD. (2007). Reflex Sympathetic Dystrophy Syndrome. Obtenido de National Organization for Rare Disorders: http://rarediseases.org/rare-diseases/reflex-sympathetic-dystrophy-syndrome/
  9. Redolar, D. (2010). Neurociencia Cognitiva. Madrid: Panamericana.
  10. Ribera Canudas, M. (2016). Síndrome de Dolor Regional Complejo Tipo I y Tipo II.
  11. Rodrigo, M., Perena, M., Serrano, P., Pastor, E., & Sola, J. (2000). Síndrome de dolor regional complejo. Rev. Soc. Esp. Dolor, 79-97.
  12. Rogers, J., & Ramamurthy, S. (2016). Síndrome de dolor regional Complejo. Elservier .
  13. Villegas Pineda, M., Herera, C., León Martínez, T., & Ordoéz Fernández, V. (2014). Impacto del manejo con neuroestimulación en un paciente con síndrome doloroso complejo y cambios tróficos severos. Reporte de caso. Rev. Anestesiol. , 321-324.
  14. Fuente imagen.

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