Parálisis de Bell: Causas, Síntomas y Tratamiento

Parálisis de Bell: Causas, Síntomas y Tratamiento

La parálisis de Bell es un trastorno neurológico que afecta a la musculatura facial, provocando alteraciones a nivel estético, funcional y psicosocial (Benítez et al., 2016).

Esta patología constituye el tipo de parálisis facial más común y también recibe el nombre de parálisis facial periférica (León-Arcila etal., 2013).

Parálisis de Bell

La parálisis de Bell se produce por la presencia de diferentes daños o lesiones en los nervios faciales (par craneal VII) (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2010).

A pesar de que es una alteración que puede presentarse en cualquier grupo de edad, las causas etiológicas exactas son desconocidas. Sin embargo, en algunos casos se pueden identificar causas traumáticas o virales (León-Arcila et al., 2013).

Generalmente, el curso clínico de la parálisis de Bell es temporal. En la mayoría de los casos, los signos y síntomas comienzan a desaparecer pocas semanas después (Mayo Clinic, 2014).

¿Qué es la parálisis de Bell?

A principios del siglo XIX, un cirujano escocés llamado Charles Bell, describió por primera vez una alteración que consistía en una parálisis facial completa consecuente a un evento traumático en el área del agujero estilomastoídeo, por donde discurre el nervio facial (León-Arcila et al., 2013).

Esta condición médica recibió el nombre de parálisis de Bell y se produce como consecuencia de una irrupción de la función del nervio facial (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2010).

Los nervios faciales o el par craneal VIII, es una estructura que contiene las fibras nerviosas que se encargan de controlar buena parte de las funciones del área facial (Devéze et al., 2013).

De forma específica, el nervio facial realiza diversas funciones motoras de los músculos de la mímica facial, sensitivas en el conducto auditivo externo, gustativas en la porción anterior de la lengua y algunas funciones vegetativas parasimpáticas que controlan las secreciones de las glándulas lagrimales, nasales, submandibulares y sublinguales (Devéze et al., 2013).

El par craneal VII, es una estructura en par que transcurra a través de un canal óseo, en el cráneo, por debajo del área del oído, hacia los músculos faciales (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2010).

Cuando esta estructura nerviosa presenta daños, lesiones o se inflama, los músculos que controlan la expresión facial pueden debilitarse o paralizarse (American Academy of Ophthalmology, 2016).

En la parálisis de Bell, se produce una disminución o ausencia repentina de movilidad de los músculos inervados controlados por el nervio facial. Así es posible observar en la persona afectada que la mitad de su cara se encuentra paralizada o “caída” y  solo puede sonreír empleando un lado de su cara, cerrar un único ojo, etc. (American Academy of Ophthalmology, 2016).

Por lo tanto, las personas afectadas suelen presentar diversos déficits de las funciones de los músculos faciales y de la expresión facial, como imposibilidad de cerrar los ojos, sonreír, fruncir el ceño, elevar las cejas, hablar y/o comer (Benítez et al., 2016).

¿Es una patología frecuente?

La parálisis de Bell se trata de una de las alteraciones neurológicas más frecuentes siendo la principal causa de parálisis facial (León-Arcila et al., 2013).

Así, se ha observado que la parálisis de Bell es una alteración neurológica que afecta cada año a alrededor de 40.000 personas en Estados Unidos (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2010).

A nivel mundial, se estima que la incidencia de la parálisis de Bell se encuentra en aproximadamente 70 casos por cada 6.000 habitantes (Benítez et al., 2016).

Esta condición médica puede presentarse en hombres y mujeres y en cualquier grupo de edad, sin embargo, es menos prevalente en las etapas de la vida anteriores a los 15 años de edad y posteriores a los 60 (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2010).

Además, se han identificado una serie de factores de riesgo de incrementan de forma muy significativa su ocurrencia, entre ellos se encuentran el embarazo, la diabetes, o algunas patologías respiratorias (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2010).

Signos y síntomas

Los nervios fáciles tienen funciones muy diversas y complejas, debido a esto la presencia de una lesión en esta estructura puede generar diversas alteraciones (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2010).

Por lo tanto, los signos y síntomas de esta patología pueden fluctuar en función de la gravedad y de la persona afectada (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2010).

Los síntomas más característicos de la parálisis de Bell suelen afectar a un lado de la cara, por lo que en escasas ocasiones se presentan casos bilaterales de parálisis facial (American Academy of Ophthalmology, 2016).

Por lo general, el curso clínico de la parálisis de Bell suele presentarse de forma repentina y suele incluir algunas de las siguientes condiciones médicas (Mayo Clinic, 2014):

  • Debilidad de los músculos faciales.
  • Parálisis facial.
  • Dificultad para emitir expresiones faciales.
  • Dolor mandibular o en la región posterior al pabellón auditivo.
  • Incremento de la sensibilidad al sonido.
  • Disminución de la eficacia del sentido de gusto.
  • Dolor de cabeza recurrente.
  • Lagrimeo excesivo o sequedad ocular.

Además, la parálisis de Bell, se trata de una alteración con un efecto función y psicológico importante, ya que puede tener un gran impacto negativo en los pacientes y en su entorno psicosocial (León-Arcila et al., 2013).

Es permanente

La duración de las parálisis de faciales es variable. De acuerdo a las diferentes clasificaciones de esta patología en la literatura médica, podemos dividir este tipo de afecciones en transitorias y permanentes (Benítez et al., 2016).

La parálisis de Bell, es uno de los tipos de parálisis facial transitorias (Benítez et al., 2016). En aproximadamente el 80% de los casos, los síntomas se resuelven en unos tres meses, mientras que otros muchos estos comienzan a desaparecer en apenas dos semanas (Clevelan Clinic, 2016).

Causas

Este tipo de parálisis facial se produce cuando los nervios del par craneal VII se encuentran inflamados, comprimidos o lesionados, dando lugar al desarrollo de una parálisis o debilidad facial (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2010).

A pesar de esto, se desconoce la causa etiológica del daño nervioso en la parálisis de Bell (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2010).

Concretamente, más del 80% de los casos de parálisis de Bell son catalogados como idiopáticos (León-Arcila et al., 2013), término empleado para designar enfermedades que irrumpen de forma espontánea y no presentan una causa claramente definida.

A pesar de esto, existe otro porcentaje de casos en los que el curso clínico de la parálisis de Bell se asocia con la presencia de otro tipo de agentes patológicos, como el virus del herpes simple y varicela zóster (León-Arcila et al., 2013).

Además, también se han identificado otros casos producto de procesos infecciosos, alteraciones genéticas, variaciones hormonales o eventos traumáticos (León-Arcila et al., 2013).

Las causas etiológicas de las parálisis faciales son múltiples y se pueden clasificar en congénitas o adquiridas (Benítez et al., 2016).

Las parálisis fáciles de tipo congénito poden resultar de la presencia de un trauma congénito, síndrome de Möebious o de la división mandibular, aunque también pueden no presentar una causa conocida. Mientras que las parálisis faciales de tipo adquirido suelen resultar de un evento traumático o un proceso inflamatoria viral (Benítez et al., 2016).

Además de las condiciones señaladas anteriormente, existen diversos casos en los que la probabilidad de padecer una parálisis de Bell es superior a la de la población general (Mayo Clinic, 2014):

  • Mujeres en período de gestación: durante el tercer trimestre o en los primeros días post-parto.
  • Presentar una infección en el tracto respiratorio superior, como la gripe o el resfriado común.
  • Padecer diabetes.
  • Historia familiar compatible con la presencia de parálisis de Bell recurrente.

Diagnóstico

No existe una prueba o análisis de laboratorio específico que se emplee para confirmar la presencia o el diagnóstico de una parálisis de Bell (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2010).

En lugar de esto, este tipo de patología de origen neurológico se diagnostica en base a la presentación clínica, es decir, se realiza una exploración física pormenorizada en la que debe observarse: incapacidad para realizar movimientos o expresiones faciales, debilidad facial, etc. (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2010).

Es necesario excluir otras causas médicas de la parálisis facial como facturas de huesos temporales, neuromas acústicos, tumores auditivos (León-Arcila et al., 2013), derrames cerebrales y otras patologías o condiciones neurológicas (American Academy of Ophthalmology, 2016).

Por lo tanto, se suelen emplear varias pruebas complementarias para confirmar la presencia de la parálisis de Bel (León-Arcila et al., 2013).

Específicamente, la evaluación neurofisiológica es uno de los métodos más empleados para determinar el grado de degeneración nerviosa y predicción de la recuperación de la función facial

La electro neurografía es una de ellas, permite valorar cuantitativa y objetivamente la presencia de un compromiso en el nervio facial y además, permite establecer un pronóstico de recuperación aproximado (León-Arcila et al., 2013).

Además de esta, otras técnicas empleadas en la valoración de la parálisis de Bell son la electromiografía (EMG), las imágenes por resonancia magnética (IRM) o la tomografía computarizada (TC) (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2010).

¿Existe tratamiento para la parálisis de Bell?

Una vez que se realiza el diagnóstico de la parálisis de Bell es esencial iniciar de forma inmediata el tratamiento con el objetivo de que la recuperación se realice de forma completa y en el menor tiempo posible (León-Arcila et al., 2013).

Este tipo de patología puede afectar a cada persona diferente, en los casos más leves no es necesario el empleo de un tratamiento específico ya que los síntomas se resuelven de forma espontánea en poco tiempo, sin embargo, existen otros casos más graves.

A pesar de que no existe una cura o tratamiento estándar para la parálisis de Bell, el objetivo más importante es el tratamiento o eliminación de la fuente del daño neurológico (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2010).

En algunos casos, los especialistas médicos inician el tratamiento con corticoesteroides o fármacos antivirales en un período de tres a cuatro días tras la presentación de la parálisis facial (Cleveland Clinic, 2015).

Algunas investigaciones recientes han demostrado que los esteroides y los medicamentos antivirales como el acyclovir, son una opción terapéutica eficaz para la parálisis de Bell (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2010).

Además, el fármaco antiinflamatorio conocido como prednisona, suele emplearse para mejorar la función facial y limitar reducir la posible inflamación de las áreas nerviosas (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2010).

Por otro lado, la opción terapéutica basada en procedimientos quirúrgicos solo se considera como última opción cuando existe una parálisis facial total, sin respuesta a los fármacos (Cleveland Clinic, 2015).

Además de estos factores, también será importante tener en cuenta las posibles complicaciones médicas derivadas de la parálisis facial, como la alteración transitoria o permanente de la audición y la irritación o sequedad ocular (Cleveland Clinic, 2015).

La parálisis de Bell puede impedir el parpadeo en muchos casos, por lo que el ojo puede quedar expuesto de forma directa al medio exterior de forma permanente. Así, es importante mantener el ojo hidratado y protegido de posibles lesiones. Los especialistas médicos suelen prescribir el empleo de lágrimas artificiales, geles o parches oculares (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2010).

Por otro lado, el empleo de fisioterapia para ayudar a mantener el tono muscular del área facial resulta beneficioso en muchos afectados. Existen ejercicios faciales que pueden evitar el desarrollo de contracturas permanentes (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2010).

Además, los masajes o la aplicación de calor húmedo pueden ayudar a disminuir el dolor localizado (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2010).

Éstas y otras medidas terapéuticas empleadas en la parálisis de Bell deben ser prescritas e implementadas por los especialistas médicos de cada área.

Referencias

  1. AAO. (2016). Diagnóstico de la Parálisis de Bell. Obtenido de American Academy of Ophthalmology:http://www.aao.org/salud-ocular/enfermedades/paralisis-de-bell-diagnostico
  2. Benítez, S., Danilla, S., Troncoso, E., Moya, A., & Mahn, J. (2016). Manejo Integral de la Parálisis Facial. Rev Med Cin Condes, 27(1), 22-28.
  3. Cleveland Clinic. (2016). Bell's Palsy. Obtenido de Cleveland Clinic:

    https://my.clevelandclinic.org/services/head-neck/diseases-conditions/hic-bells-palsy

  4. khan, A. (2015). What Is Bell’s Palsy? Obtenido de Healthline: http://www.healthline.com/health/bells-palsy#Overview1
  5. León-Arcila, M., Benzur-Alalus, D., & Alvarez-Jaramillo, J. (2013). Parálisis de Bell, reporte de un caso. Rev Esp Cir Maxilofac., 35(4), 162-166.
  6. Mayo Clinic. (2014). Bell's palsy. Obtenido de Mayo Clinic:

    http://www.mayoclinic.org/diseases-conditions/bells-palsy/basics/tests-diagnosis/con-20020529

  7. NIH. (2010). Parálisis de Bell. Obtenido de National Institute of Neurological Disorders and Stroke:http://espanol.ninds.nih.gov/trastornos/paralisis_de_bell.htm
  8. NIH. (2014https://www.nlm.nih.gov/medlineplus/ency/article/000773.htm). Bell's palsy. Obtenido de MedlinePlus: https://www.nlm.nih.gov/medlineplus/ency/article/000773.htm

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