13 Poemas de Felicidad Cortos

13 Poemas de Felicidad Cortos

A continuación te dejo 14 poemas de felicidad de algunos de los mejores poetas de la historia como Pablo Neruda, Rubén Dario, Antonio Machado o Garcia Lorca.

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-Soneto del vino (Borges)

¿En qué reino, en qué siglo, bajo qué silenciosa

conjunción de los astros, en qué secreto día

que el mármol no ha salvado, surgió la valerosa

y singular idea de inventar la alegría?

Con otoños de oro la inventaron. El vino

fluye rojo a lo largo de las generaciones

como el río del tiempo y en el arduo camino

nos prodiga su música, su fuego y sus leones.

En la noche del júbilo o en la jornada adversa

exalta la alegría o mitiga el espanto

y el ditirambo nuevo que este día le canto

Otrora lo cantaron el árabe y el persa.

Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia

como si ésta ya fuera ceniza en la memoria.

poemas de felicidad

-El remordimiento (Borges)

He cometido el peor de los pecados

que un hombre puede cometer. No he sido

feliz. Que los glaciares del olvido

me arrastren y me pierdan, despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego

arriesgado y hermoso de la vida,

para la tierra, el agua, el aire, el fuego.

Los defraudé. No fui feliz. Cumplida

no fue su joven voluntad. Mi mente

se aplicó a las simétricas porfías

del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor. No fui valiente.

No me abandona. Siempre está a mi lado

La sombra de haber sido un desdichado.

-Oda al día feliz (Pablo Neruda)

Esta vez dejadme

ser feliz,

nada ha pasado a nadie,

no estoy en parte alguna,

sucede solamente

que soy feliz

por los cuatro costados

del corazón, andando,

durmiendo o escribiendo.

Qué voy a hacerle, soy

feliz.

Soy más innumerable

que el pasto

en las praderas,

siento la piel como un árbol rugoso

y el agua abajo,

los pájaros arriba,

el mar como un anillo

en mi cintura,

hecha de pan y piedra la tierra

el aire canta como una guitarra.

Tú a mi lado en la arena

eres arena,

tú cantas y eres canto,

el mundo

es hoy mi alma,

canto y arena,

el mundo

es hoy tu boca,

dejadme

en tu boca y en la arena

ser feliz,

ser feliz porque si, porque respiro

y porque tú respiras,

ser feliz porque toco

tu rodilla

y es como si tocara

la piel azul del cielo

y su frescura.

Hoy dejadme

a mí solo

ser feliz,

con todos o sin todos,

ser feliz

con el pasto

y la arena,

ser feliz

con el aire y la tierra,

ser feliz,

contigo, con tu boca,

ser feliz.

-Muere lentamente (Pablo Neruda)

Muere lentamente quien no viaja,

quien no lee,

quien no oye música,

quien no encuentra gracia en sí mismo.

Muere lentamente

quien destruye su amor propio,

quien no se deja ayudar.

Muere lentamente

quien se transforma en esclavo del hábito

repitiendo todos los días los mismos

trayectos,

quien no cambia de marca,

no se atreve a cambiar el color de su

vestimenta

o bien no conversa con quien no

conoce.

Muere lentamente

quien evita una pasión y su remolino

de emociones,

justamente estas que regresan el brillo

a los ojos y restauran los corazones

destrozados.

Muere lentamente

quien no gira el volante cuando esta infeliz

con su trabajo, o su amor,

quien no arriesga lo cierto ni lo incierto para ir

detrás de un sueño

quien no se permite, ni siquiera una vez en su vida,

huir de los consejos sensatos…

¡Vive hoy!

¡Arriesga hoy!

¡Hazlo hoy!

¡No te dejes morir lentamente!

¡No te impidas ser feliz!

-(Rubén Darío)  XXVI - ¡Aleluya!

Rosas rosadas y blancas, ramas verdes, 

corolas frescas y frescos 

ramos, Alegría! 

Nidos en los tibios árboles, 

huevos en los tibios nidos, 

dulzura, Alegría! 

El beso de esa muchacha 

rubia, y el de esa morena, 

y el de esa negra, Alegría! 

Y el vientre de esa pequeña 

de quince años, y sus brazos 

armoniosos, Alegría! 

Y el aliento de la selva virgen, 

y el de las vírgenes hembras, 

y las dulces rimas de la Aurora, 

Alegría, Alegría, Alegría!

-La felicidad (Amado Nervo)

Un cielo azul de estrellas

brillando en la inmensidad;

un pájaro enamorado

cantando en el forestal;

por ambiente los aromas

del jardín y el azahar;

junto a nosotros el agua

brotando del manantial

nuestros corazones cerca,

nuestros labios mucho más,

tú levantándote al cielo 

y yo siguiéndote allá,

ese es el amor mi vida,

¡Esa es la felicidad!...

Cruza con las mismas alas

los mundos de lo ideal;

apurar todos los goces,

y todo el bien apurar;

de lo sueños y la dicha

volver a la realidad,

despertando entre las flores

de un césped primaveral;

los dos mirándonos mucho,

los dos besándonos más,

ese es el amor, mi vida,

¡Esa es la felicidad...!

-El remordimiento (Jose Luis Borges)

He cometido el peor de los pecados 

que un hombre puede cometer. No he sido 

feliz. Que los glaciares del olvido 

me arrastren y me pierdan, despiadados. 

Mis padres me engendraron para el juego 

arriesgado y hermoso de la vida, 

para la tierra, el agua, el aire, el fuego. 

Los defraudé. No fui feliz. Cumplida 

no fue su joven voluntad. Mi mente 

se aplicó a las simétricas porfías 

del arte, que entreteje naderías. 

Me legaron valor. No fui valiente. 

No me abandona. Siempre está a mi lado 

La sombra de haber sido un desdichado.

-Finjamos que soy feliz (Sor Juana Inés de la Cruz)

Finjamos que soy feliz,

triste pensamiento, un rato;

quizá prodréis persuadirme,

aunque yo sé lo contrario,

que pues sólo en la aprehensión

dicen que estriban los daños,

si os imagináis dichoso

no seréis tan desdichado.

Sírvame el entendimiento

alguna vez de descanso, 

y no siempre esté el ingenio

con el provecho encontrado.

Todo el mundo es opiniones

de pareceres tan varios,

que lo que el uno que es negro

el otro prueba que es blanco.

A unos sirve de atractivo

lo que otro concibe enfado;

y lo que éste por alivio,

aquél tiene por trabajo.

El que está triste, censura

al alegre de liviano;

y el que esta alegre se burla

de ver al triste penando.

Los dos filósofos griegos

bien esta verdad probaron:

pues lo que en el uno risa,

causaba en el otro llanto.

Célebre su oposición

ha sido por siglos tantos,

sin que cuál acertó, esté 

hasta agora averiguado.

Antes, en sus dos banderas

el mundo todo alistado,

conforme el humor le dicta,

sigue cada cual el bando.

Uno dice que de risa

sólo es digno el mundo vario;

y otro, que sus infortunios

son sólo para llorados.

Para todo se halla prueba

y razón en qué fundarlo;

y no hay razón para nada,

de haber razón para tanto.

Todos son iguales jueces;

y siendo iguales y varios,

no hay quien pueda decidir

cuál es lo más acertado.

Pues, si no hay quien lo sentencie,

¿por qué pensáis, vos, errado,

que os cometió Dios a vos

la decisión de los casos?

O ¿por qué, contra vos mismo,

severamente inhumano,

entre lo amargo y lo dulce,

queréis elegir lo amargo?

Si es mío mi entendimiento,

¿por qué siempre he de encontrarlo

tan torpe para el alivio,

tan agudo para el daño?

El discurso es un acero

que sirve para ambos cabos:

de dar muerte, por la punta,

por el pomo, de resguardo.

Si vos, sabiendo el peligro

queréis por la punta usarlo,

¿qué culpa tiene el acero

del mal uso de la mano?

No es saber, saber hacer

discursos sutiles, vanos;

que el saber consiste sólo

en elegir lo más sano.

Especular las desdichas

y examinar los presagios,

sólo sirve de que el mal

crezca con anticiparlo.

En los trabajos futuros,

la atención, sutilizando,

más formidable que el riesgo

suele fingir el amago.

Qué feliz es la ignorancia

del que, indoctamente sabio,

halla de lo que padece,

en lo que ignora, sagrado!

No siempre suben seguros

vuelos del ingenio osados,

que buscan trono en el fuego

y hallan sepulcro en el llanto.

También es vicio el saber,

que si no se va atajando,

cuando menos se conoce

es más nocivo el estrago;

y si el vuelo no le abaten,

en sutilezas cebado,

por cuidar de lo curioso

olvida lo necesario.

Si culta mano no impide

crecer al árbol copado,

quita la sustancia al fruto

la locura de los ramos.

Si andar a nave ligera

no estorba lastre pesado,

sirve el vuelo de que sea

el precipicio más alto.

En amenidad inútil,

¿qué importa al florido campo,

si no halla fruto el otoño,

que ostente flores el mayo?

¿De qué sirve al ingenio

el producir muchos partos,

si a la multitud se sigue

el malogro de abortarlos?

Y a esta desdicha por fuerza

ha de seguirse el fracaso

de quedar el que produce,

si no muerto, lastimado.

El ingenio es como el fuego,

que, con la materia ingrato,

tanto la consume más

cuando él se ostenta más claro.

Es de su propio Señor

tan rebelado vasallo,

que convierte en sus ofensas

las armas de su resguardo.

Este pésimo ejercicio,

este duro afán pesado,

a los ojos de los hombres

dio Dios para ejercitarlos.

¿Qué loca ambición nos lleva

de nosotros olvidados?

Si es para vivir tan poco,

¿de qué sirve saber tanto?

¡Oh, si como hay de saber,

hubiera algún seminario

o escuela donde a ignorar

se enseñaran los trabajos!

¡Qué felizmente viviera

el que, flojamente cauto,

burlara las amenazas

del influjo de los astros!

Aprendamos a ignorar,

pensamiento, pues hallamos

que cuanto añado al discurso,

tanto le usurpo a los años.

-Canción primaveral (Federico García Lorca)

I

Salen los niños alegres 

De la escuela, 

Poniendo en el aire tibio 

Del abril, canciones tiernas. 

¡Que alegría tiene el hondo 

Silencio de la calleja! 

Un silencio hecho pedazos 

por risas de plata nueva. 

II 

Voy camino de la tarde 

Entre flores de la huerta, 

Dejando sobre el camino 

El agua de mi tristeza. 

En el monte solitario 

Un cementerio de aldea 

Parece un campo sembrado 

Con granos de calaveras. 

Y han florecido cipreses 

Como gigantes cabezas 

Que con órbitas vacías 

Y verdosas cabelleras 

Pensativos y dolientes 

El horizonte contemplan. 

¡Abril divino, que vienes 

Cargado de sol y esencias 

Llena con nidos de oro 

Las floridas calaveras!

-Me dijo una tarde (Antonio Machado)

Me dijo una tarde

de la primavera:

Si buscas caminos

en flor en la tierra,

mata tus palabras

y oye tu alma vieja.

Que el mismo albo lino

que te vista sea

tu traje de duelo,

tu traje de fiesta.

Ama tu alegría

y ama tu tristeza,

si buscas caminos

en flor en la tierra.

Respondí a la tarde

de la primavera:

—Tú has dicho el secreto

que en mi alma reza:

yo odio la alegría

por odio a la pena.

Mas antes que pise

tu florida senda,

quisiera traerte

muerta mi alma vieja.

-En ti encerré mis horas de alegría (José Martí)

En ti encerré mis horas de alegría

                           Y de amargo dolor;

Permite al menos que en tus horas deje

                           Mi alma con mi adiós.

Voy a una casa inmensa en que me han dicho

                           Que es la vida expirar.

La patria allí me lleva. Por la patria,

                           Morir es gozar más.

-Poema perdido en pocos versos (Julia de Burgos)

¡Y si dijeran que soy como devastado crepúsculo 

donde ya las tristezas se durmieron! 

Sencillo espejo donde recojo el mundo. 

Donde enternezco soledades con mi mano feliz. 

Han llegado mis puertos idos tras de los barcos 

como queriendo huir de su nostalgia. 

Han vuelto a mi destello las lunas apagadas 

que dejé con mi nombre vociferando duelos 

hasta que fueran mías todas las sombras mudas. 

Han vuelto mis pupilas amarradas al sol de su amor alba. 

¡Oh amor entretenido en astros y palomas, 

cómo el rocío feliz cruzas mi alma! 

¡Feliz! ¡Feliz! ¡Feliz! 

Agigantada en cósmicas gravitaciones ágiles, 

sin reflexión ni nada...

-Locus amoenus (Garcilaso de la Vega)

Corrientes aguas puras, cristalinas,

árboles que os estáis mirando en ellas,

verde prado de fresca sombra lleno,

aves que aquí sembráis vuestras querellas,

hiedra que por los árboles caminas,

torciendo el paso por su verde seno:

yo me vi tan ajeno

del grave mal que siento

que de puro contento

con vuestra soledad me recreaba,

donde con dulce sueño reposaba,

o con el pensamiento discurría

por donde no hallaba

sino memorias llenas de alegría. 

-¿Son todos felices? (Luis Cernuda)

El honor de vivir con honor gloriosamente,

El patriotismo hacia la patria sin nombre,

El sacrificio, el deber de labios amarillos,

No valen un hierro devorando

Poco a poco algún cuerpo triste a causa de ellos mismos.

Abajo pues la virtud, el orden, la miseria;

Abajo todo, todo, excepto la derrota,

Derrota hasta los dientes, hasta ese espacio helado

De una cabeza abierta en dos a través de soledades,

Sabiendo nada más que vivir es estar a solas con la muerte.

Ni siquiera esperar ese pájaro con brazos de mujer,

Con voz de hombre, oscurecida deliciosamente,

Porque un pájaro, aunque sea enamorado,

No merece aguardarle, como cualquier monarca

Aguarda que las torres maduren hasta frutos podridos.

Gritemos sólo,

Gritemos a un ala enteramente,

Para hundir tantos cielos,

Tocando entonces soledades con mano disecada.

Fuente foto.

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