5 Importantes Efectos del Estrés en la Salud

5 Importantes Efectos del Estrés en la Salud

Los efectos del estrés en el organismo se dan tanto a nivel físico como mental: `puede provocar daños en el sistema cardiovascular, endocrino, sistema gastrointestinal, sistema sexual e incluso en la sexualidad.

La respuesta de estrés implica la producción de una serie de cambios psicofisiológicos en el organismo en respuestas a una situación de sobredemanda. Dicha respuesta resulta adaptativa al preparar a la persona para enfrentarse a situaciones de emergencia, de la mejor manera posible.

efectos del estrés

A pesar de esto, hay ocasiones en las que el mantenimiento de esta respuesta durante largos períodos, la frecuencia y la intensidad de la misma, acaba perjudicando al organismo.

El estrés puede provocar diversos síntomas como úlceras, incremento de determinadas glándulas, atrofia de ciertos tejidos, que dan lugar a patologías.

Hoy en día existen cada vez más posibilidades de conocer cómo interactúan entre sí las emociones y la biología. Un ejemplo de esto es la abundante investigación existente entre las relaciones directas e indirectas que existen entre estrés y enfermedad.

Efectos del estrés en la salud humana

1- Efectos en el sistema cardiovascular

Cuando se produce una situación estresante se generan una serie de cambios a nivel del sistema cardiovascular como pueden ser:

  • El incremento de la frecuencia cardíaca.
  • Constricción de las arterias principales que provocan el aumento de la presión arterial, sobre todo se dan en aquellas que canalizan la sangre al tracto digestivo.
  • Constricción de las arterias que suministran sangre a los riñones y la piel, facilitando el aporte sanguíneo a la musculatura y el cerebro.

Por otro lado, la vasopresina (hormona antidiurética que produce aumento de la reabsorción de agua), hace que los riñones frenen la producción de orina y así se produzca una disminución de la eliminación de agua, produciéndose, consecuentemente, un aumento del volumen sanguíneo y un aumento de la presión arterial.

Si este conjunto de cambios, se producen en repetidas ocasiones a lo largo del tiempo, se produce un desgaste importante en el sistema cardiovascular.

Para entender los posibles daños que se dan, hay que tener en cuenta que el sistema circulatorio es como una enorme red de vasos sanguíneos cubiertos por una capa denominada pared celular. Esta red alcanza todas las células y en ella existen puntos de bifurcación en los cuales la presión sanguínea es mayor.

Cuando la capa de la pared vascular sufre daños, y ante la respuesta de estrés que se genera, existen sustancias que se vierten al torrente sanguíneo como los ácidos grasos libres, triglicéridos o colesterol, que penetran en la pared vascular, se adhieren a ella y consecuentemente la engrosan y endurecen, formando placas. Así, el estrés influye en la aparición de las llamadas placas ateroscleróticas que se sitúan en el interior de la arteria.

Esta serie de cambios puede ocasionar daños en el corazón, en el cerebro y en los riñones. Dichos daños se traducen en una posible angina de pecho (dolor en el tórax producido cuando el corazón no recibe la suficiente irrigación sanguínea); en un infarto de miocardio (parada o grave alteración del ritmo de los latidos del corazón por obstrucción de la arteria/as correspondiente/s); insuficiencia renal (fallo del funcionamiento del riñón); trombosis cerebral (obstrucción del flujo de alguna arteria que riega parte del encéfalo).

A continuación, se expondrán tres ejemplos sobre fenómenos estresantes, de diferente índole, para ilustrar lo anterior.

En un estudio realizado en 1991 por Meisel, Kutz y Dayan, se comparó en la población de Tel Aviv, los tres días de ataques con misiles de la Guerra del Golfo, con los mismos tres días del año anterior, y se observó una mayor incidencia (el triple), de infarto de miocardio en los habitantes.

También cabe destacar esta mayor incidencia ante desastres naturales. Por ejemplo, tras el terremoto en Northrige de 1994, se observó un incremento de los casos de muerte cardíaca súbita, durante los seis días posteriores a la catástrofe.

Por otro lado, se incrementa el número de infartos de miocardio en campeonatos del mundo de fútbol, sobre todo si los partidos finalizan en penaltis. La incidencia más alta se da dos horas después de los partidos.

En general, se puede afirmar que el rol del estrés es el de precipitar el fallecimiento de las personas cuyo sistema cardiovascular está muy comprometido.

2- Efectos en el sistema gastrointestinal

Cuando una persona presenta una úlcera en el estómago esta puede ser debida o bien a la infección por la bacteria Helicobacter pylori, o bien la presentan, sin que exista una infección. En estos casos es cuando se habla del posible papel que juega el estrés en las enfermedades, aunque no se sabe bien qué factores están implicados. Se barajan varias hipótesis.

La primera hace referencia a que cuando se da una situación estresante, el organismo reduce la secreción de los ácidos gástricos, y simultáneamente, se reduce el engrosamiento de las paredes del estómago, ya que, durante ese período, no es necesario que se encuentren en funcionamiento dichos ácidos para producir la digestión, se trata de “economizar” algunas de las funciones del organismo que no son necesarias.

Tras dicho período de sobreactivación intensa se produce una recuperación de la producción de ácidos gástricos, en concreto del ácido clorhídrico. Si este ciclo de reducción de la producción y recuperación se produce de manera repetida, se puede llegar a desarrollar una úlcera en el estómago, que por tanto no está tan relacionada con la intervención de un agente estresante, sino con dicho período.

También es de interés comentar la sensibilidad que presenta el intestino al estrés. Como ejemplo podemos pensar en una persona que antes de presentarse a un examen importante, por ejemplo, una oposición, tiene que acudir al baño en repetidas ocasiones. O, por ejemplo, alguien que tiene que exponer la defensa de una tesis delante de un jurado compuesto por cinco personas que te evalúan, y en mitad de la exposición siente deseos irrefrenables de ir al baño.

Así, no es extraño hacer alusión a la relación causal entre el estrés y ciertas enfermedades intestinales, por ejemplo, el síndrome del intestino irritable, consistente en un cuadro de dolor y cambio en el hábito intestinal, produciéndose diarrea o estreñimiento en la persona ante situaciones o condiciones estresantes. Sin embargo, estudios actuales informan de la implicación de aspectos conductuales en el desarrollo de la enfermedad.

3- Efectos en el sistema endocrino

Cuando las personas se alimentan se producen en el organismo una serie de cambios destinados a la asimilación de los nutrientes, su almacenamiento y su posterior transformación en energía. Se produce una descomposición de los alimentos en elementos más simples, que pueden asimilarse en moléculas (aminoácidos, glucosa, ácidos libres…). Estos elementos se almacenan respectivamente en forma de proteínas, glucógenos y triglicéridos, gracias a la insulina.

Cuando se produce una situación estresante, el organismo tiene que movilizar la energía sobrante y lo hace mediante las hormonas del estrés que hacen que los triglicéridos se descompongan en sus elementos más simples, como ácidos grasos que se liberan al torrente sanguíneo; que el glucógeno se degrade en glucosa y que las proteínas se conviertan en aminoácidos.

Tanto los ácidos grasos libres como el exceso de glucosa, se liberan en el torrente sanguíneo De esta manera, mediante dicha energía liberada, el organismo puede hacer frente a las sobredemandas del medio.

Por otro lado, cuando una persona experimenta estrés, se produce una inhibición de la secreción de insulina y los glucocorticoides hacen que las células adiposas sean menos sensibles a la insulina. Esta ausencia de respuesta se da sobre todo debido a la ganancia de peso en personas, que provoca que las células adiposas, al distenderse, sean menos sensibles.

Ante estos dos procesos, se pueden dar enfermedades como las cataratas o la diabetes.

Las cataratas, que se traducen en una especie de nube en el cristalino del ojo que dificulta la visión, se originan debido a la acumulación de un exceso de glucosa y ácidos grasos libres en sangre, que no pueden almacenarse en las células adiposas y forman placas ateroscleróticas en las arterias obstruyendo los vasos sanguíneos, o propiciando la acumulación de proteínas en los ojos.

La diabetes, es una enfermedad del sistema endocrino, de las más investigadas. Se trata de una enfermedad común en la población de mayor edad de las sociedades industrializadas.

Existen dos tipos de diabetes, el estrés influye más en la diabetes tipo II o diabetes no insulino-dependiente, en la que el problema radica en que las células no responden bien a la insulina, a pesar de que esté presente en el organismo.

De esta manera se concluye que el estrés crónico en una persona con predisposición a padecer diabetes, que sea obesa, con una dieta inadecuada y de edad avanzada, constituye un elemento esencial en el posible desarrollo de la diabetes.

4- Efectos en el sistema inmunitario

El sistema inmunitario de las personas está compuesto por un conjunto de células denominadas linfocitos y monocitos (glóbulos blancos). Existen dos clases de linfocitos, las células T y las células B, que se originan en la médula ósea. Aun así, las células T emigran a otra zona, al timo, para madurar, es por eso por lo que reciben el nombre “T”.

Estas células realizan funciones de ataque a los agentes infecciosos de manera distinta. Por un lado, las células T producen inmunidad mediada por células, es decir, cuando un agente extraño penetra en el organismo, el monocito denominado macrófago, lo reconoce y alerta a una célula T auxiliar. Entonces estas células proliferan de manera desorbitada y atacan al invasor.

Por otro lado, las células B, producen una inmunidad mediada por anticuerpos. Así, los anticuerpos que generan reconocen el agente invasor y se ligan a él, inmovilizando y destruyendo a la sustancia extraña.

El estrés puede influir en estos dos procesos y lo hace de la siguiente forma. Cuando se produce estrés en una persona, la rama simpática del sistema nervioso autónomo suprime la acción inmune, y el sistema hipotalámico-hipofisario-suprarrenal, al activarse, produce en grado elevado glucocorticoides, deteniendo la formación de nuevos linfocitos T y disminuyendo la sensibilidad de los mismos a las señales de alerta, así como expulsando los linfocitos de la corriente sanguínea y destruyéndolos a través de una proteína que rompe su ADN.

Así, se concluye que existe una relación indirecta entre el estrés y la función inmunitaria. A mayor estrés, menor función inmunitaria, y a la inversa.

Un ejemplo lo podemos encontrar en un estudio realizado por Levav y cols en 1988, donde vieron que los padres de los soldados israelís fallecidos en la Guerra del Yom Kippur, mostraron una mayor mortalidad durante el período de duelo que aquellas que observaron en el grupo control. Además, ese incremento de mortalidad se produjo en mayor medida en padres viudos o divorciados, confirmando otro aspecto estudiado como es el papel amortiguador de las redes de apoyo social.

Otro ejemplo mucho más común es el del estudiante que en épocas de exámenes, puede sufrir una disminución de la función inmunitaria, poniéndose malo con un resfriado, gripe…

5- Efectos en la sexualidad

Un tema un poco diferente al que se han ido tratando a lo largo de este artículo es el de la sexualidad, que por supuesto también puede verse afectada por el estrés.

La función sexual en hombres y mujeres puede verse modificada antes determinadas situaciones experimentadas como estresantes.

En el hombre, ante determinados estímulos el cerebro estimula la liberación de una hormona liberadora denominada LHRH, que estimula la pituitaria (glándula que se encarga de controlar la actividad de otras glándulas y de regular determinadas funciones del cuerpo, como el desarrollo o la actividad sexual). La pituitaria libera la hormona LH y la hormona FSH, produciéndose la liberación de testosterona y espermatozoides, respectivamente.

Si el hombre vive una situación de estrés se produce una inhibición en este sistema. Se activan otros dos tipos de hormonas; las endorfinas y las encefalinas, que bloquean la secreción de la hormona LHRH.

Además, la pituitaria segrega prolactina, cuya función es la de disminuir la sensibilidad de la pituitaria a la LHRH. Así, por un lado, el cerebro segrega menos LHRH, y por otro la pituitaria se protege para responder en menor grado a ésta.

Para más inri, los glucocorticoides de los que se habló anteriormente, bloquean la respuesta de los testículos a la LH. Lo que se extrae de toda esta serie de cambios que se producen en el organismo cuando se da una situación de estrés es que éste se prepara para responder ante una situación potencialmente peligrosa, dejando de lado, claro está, el tener relaciones sexuales.

Un aspecto con el que quizás se está más familiarizado es la falta de erección en el hombre ante el estrés. Dicha respuesta está determinada por la activación del sistema nervioso parasimpático, mediante el que se produce un incremento del riego sanguíneo en el pene, el bloqueo de la salida de la sangre por las venas y el llenado de sangre de los cuerpos cavernosos del mismo, produciéndose el endurecimiento de éste.

Así, si la persona se encuentre estresada o ansiosa su organismo está activado, en concreto se produce la activación del sistema nervioso simpático, con lo que el parasimpático no se encuentra en funcionamiento, no produciéndose una erección.

En cuanto a la mujer, el sistema de funcionamiento es muy similar, por un lado, el cerebro libera LHRH, que a su vez segrega LH y FSH en la pituitaria. La primera activa la síntesis de estrógenos en los ovarios y la segunda estimula la liberación de óvulos en los ovarios. Y por otro, durante la ovulación, el cuerpo lúteo formado por la hormona LH, libera progesterona, estimulándose así las paredes del útero para que en caso de que un óvulo se fecunde, pueda implantarse en éstas y transformarse en embrión.

Existen ocasiones en las que dicho sistema falla. Por un lado, se puede producir la inhibición del funcionamiento del sistema reproductor cuando se da un aumento en la concentración de andrógenos en la mujer (ya que las mujeres también presentan hormonas masculinas), y una diminución en la concentración de estrógenos.

Por otro lado, la producción de glucocorticoides ante el estrés puede producir la disminución de la secreción de las hormonas LH, FSH y estrógenos, reduciéndose la probabilidad de ovulación.

Y además, la producción de prolactina incrementa la reducción de progesterona que a su vez interrumpe la maduración de las paredes uterinas.

Todo esto puede llevar a ocasionar problemas de fertilidad que afectan a un número cada vez mayor de parejas, que se transforman en una fuente de estrés que agrava el problema.

También podemos hacer referencia a la dispareunia o coito doloroso, y vaginismo, contracción involuntaria de los músculos que rodean la abertura de la vagina. Con respecto al vaginismo, se ha observado que posibles experiencias dolorosas y traumáticas de tipo sexual de la mujer, pueden provocar una respuesta condicionada de miedo a la penetración, que activa el sistema nervioso simpático, provocando la contracción de los músculos de la vagina.

La dispareunia por su parte, puede estar referida a preocupaciones de la mujer por si lo hará bien, inhibiendo la actividad del sistema nervioso parasimpático y activando el simpático, dificultándose las relaciones por una falta de excitación y lubricación.

Conclusiones

Ahora que se saben todos los posibles efectos adversos que pueden estar provocados por el estrés, no hay excusas para pensar en afrontar las situaciones de una manera más adaptativa recurriendo por ejemplo a técnicas de relajación o meditación, que han resultado muy eficaces.

Bibliografía

  1. Moreno Sánchez, A. (2007). Estrés y enfermedad. Más Dermatología. Nº1.
  2. Barnes, V. (2008). El impacto de la reducción del estrés en la hipertensión esencial y las enfermedades cardiovasculares. Revista Internacional de Ciencias del Deporte. Vol. IV, año IV.
  3. Amigo Vázquez, I., Fernández Rodríguez, C. y Pérez Álvarez, M. (2009). Manual de psicología de la salud (3ª edición). Ediciones pirámide.

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