Serotonina baja: ¿Cómo afecta a la depresión?

Serotonina baja: ¿Cómo afecta a la depresión?

Generalmente se conoce que la serotonina baja lleva a la depresión, mientras que para tratarla hay que intentar que los niveles de serotonina en el organismo sean altos.

La depresión es una epidemia silenciosa, una de las formas más comunes de enfermedad mental dentro de la población general y que en muchas personas todavía acaba asociándose a una debilidad de carácter de la que, si uno quiere, puede salir perfectamente.

serotonina baja

Este trastorno presenta gran importancia para la sociedad en general, dado que afecta a millones de personas en todo el mundo.

En general, la prevalencia de la depresión es del 15% y se asocia con la morbilidad y mortalidad tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo.

Es la quinta causa de discapacidad mundial y alrededor del 4% de la carga total de enfermedades en todo el mundo y afecta al menos al 20% de mujeres y 12% de hombres en algún momento a lo largo de su vida.

En este artículo puedes conocer más detalladamente qué es la depresión y qué papel juega la serotonina en la etiología de dicho trastorno.

¿Qué es la depresión?

La depresión es una patología que afecta al estado de ánimo, al pensamiento y al organismo (al cerebro).

Es un trastorno psiquiátrico que se caracteriza por una alteración del estado de ánimo que impregna todos los niveles de funcionamiento de la persona.

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) define la Depresión Mayor como un trastorno que incluye un conjunto de síntomas conductuales como:

  • Un estado de ánimo decaído
  • Anhedonia o disminución de placer en actividades que resultaban gratificantes
  • Alteraciones en el peso corporal
  • Alteraciones del sueño
  • Fatiga o pérdida de energía
  • Alteraciones psicomotoras
  • Sentimientos de culpa excesivos o de minusvaloración
  • Disminución de la concentración
  • Pensamientos de muerte o ideación suicida

¿Qué es la serotonina?

Existen cuatro clases de neurotransmisores (que son moléculas que liberan las neuronas activas y que influyen en la actividad de otras células):

  • Aminoácidos
  • Monoaminas
  • Gases solubles
  • Acetilcolina

Las monoaminas son una clase de neurotransmisores de molécula pequeña, las cuales se sintetizan a partir de un único aminoácido (una amina).

Las monoaminas están presentes en pequeños grupos de neuronas y sus cuerpos celulares se localizan, mayoritariamente, en el troncoencéfalo.

Existen cuatro monoaminas transmisoras: la dopamina, la noradrenalina, la adrenalina y la serotonina, que es la que nos ocupa en este artículo.

Las monoaminas se dividen en dos grupos según su estructura: las catecolaminas (dopamina, adrenalina y noradrenalina), que se sintetizan a partir del aminoácido tirosina y las indolaminas (serotonina o 5-hidroxitriptamina o 5-HT) que se sintetiza a partir del aminoácido triptófano.

La cantidad que se transporta depende de la concentración que tiene el individuo en el organismo y de la concentración de otros aminoácidos en el cuerpo, dado que todos compiten para ser transportados por el mismo transportador.

La mayor parte de la serotonina del cerebro se forma en los núcleos del rafe que se localiza en estructuras que conforman parte del tallo cerebral.

Dada la amplia distribución en el cerebro y también debido al número de receptores, el sistema de la serotonina juega un papel importante en la regulación de diversas funciones fisiológicas y participa en los procesos cognitivos y de control del estado anímico.

La serotonina tiene una acción importante en lo que se refiere al carácter, conducta, movimiento, apreciación del dolor, la actividad sexual, el apetito, las secreciones endocrinas, las funciones cardiacas y el ciclo de sueño y vigilia.

La amplia distribución de las vías serotoninérgicas y la multitud de receptores, más de 15 subtipos, indican su participación en tantas y tan diversas funciones.

¿Cuál es el papel de la serotonina en la depresión?

Una de las teorías sobre la etiología biológica de la depresión explica la hipótesis de que la depresión se debe a una deficiencia de neurotransmisores monoaminérgicos, entre los que encontramos la serotonina.

Debemos hacer referencia a la hipótesis monoaminérgica de la depresión.

La depresión mayor es una patología que se ha asociado a la serotonina al confirmarse que los antidepresivos que incrementan los niveles disponibles de serotonina acaban produciendo en los pacientes con depresión una mejoría de sus síntomas.

La evidencia de esta hipótesis es simple. Por ejemplo, se observó que la reserpina, que es un fármaco utilizado para tratar la hipertensión provocaba depresión en algunos pacientes.

La reserpina, la cual inhibe el almacenamiento de monoaminas, actúa como antagonista de la 5-HT y por tanto surge la idea de que los fármacos que inhiban este neurotransmisor (también la dopamina y la noradrenalina) podrían inducir depresión en los individuos.

Además, se observa también que aquellos fármacos que potencian estos tres neurotransmisores (actúan como agonistas) mejoran los síntomas depresivos. Estos fármacos serían tanto los antidepresivos tricíclicos (ATC) como los IMAOs (inhibidores de la monoamino oxidasa).

Esto demostró que estos neurotransmisores eran claves a la hora de tratar el trastorno que nos ocupa, la depresión.

Además, cabe destacar que otra evidencia resultó el hecho de que la tendencia suicida, presente en algunos pacientes con depresión y que resulta un criterio diagnóstico según el DSM, estaba relacionada con la disminución de los niveles de ácido 5-hidroxindolacético (5-HIAA) en el líquido cefalorraquídeo.

El 5-HIAA es un metabolito de la serotonina, lo que indica que presentaban poca neurotransmisión de la serotonina.

Cabe destacar que algunas investigaciones y observaciones clínicas eran contrarias a estas hipótesis. Por ejemplo, alguna investigación relacionó esta disminución de los 5-HIAA con relación exclusivamente a los suicidios violentos, por lo que parecía tener que ver con la violencia y no tanto con los síntomas depresivos.

Además, algunos fármacos o sustancias que incrementan también las monoaminas no tienen efectos antidepresivos. Es el ejemplo de la cocaína, que produce un aumento de las monoaminas y sin embargo no mejora los síntomas depresivos.

Se intentó inducir depresiones provocando una disminución en los niveles de serotonina, pero los resultados no fueron convincentes.

La administración de dosis altas de triptófano con el fin de elevar la concentración de serotonina en el cerebro tampoco tenía efectos en el alivio de la depresión.

Otro aspecto en contra de la hipótesis, y quizá el definitivo, es la “latencia terapéutica” que existe al tomar antidepresivos.

Se refiere al retardo con el que se produce la mejora de los síntomas, que tarda alrededor de 15 días, lo que señala que podría producirse algún tipo de ‘plasticidad cerebral’ que responda a dicha mejoría.

Por todo ello, surgen otras hipótesis, como la que se refiere a los mecanismos que están implicados en los receptores sinápticos, que indica que en la depresión habría una alteración de éstos.

De este modo, podría haber una regulación al alza, es decir, mayores receptores postsinápticos dado que hay menos cantidad de neurotransmisor.

Hay algunas evidencias de ello. Una de ellas sería que en cerebros de personas que se han suicidado hay un incremento de receptores de serotonina 5HT2.

Además, la serotonina estaría implicada en algunos síntomas y circuitos de la depresión como el humor depresivo, las alteraciones del sueño, el apetito e incremento de peso, la ideación suicida y los síntomas psicomotores.

El transportador de la serotonina es un elemento clave en el control de la actividad de dicho neurotransmisor, dado que regula la concentración efectiva de la 5-HT en la sinapsis del sistema nervioso.

El sistema serotoninérgico parece desempeñar un papel relevante. Los cambios en el tratamiento de la depresión operan a nivel pre y postsináptico, en la propia neurona serotoninérgica o en los receptores que decodifican la señal de serotonina.

La expresión funcional final de estos cambios es el aumento de la actividad de la serotonina en diferentes zonas bien del sistema nervioso central, del sistema límbico o de la corteza frontal.

Se llega a cuestionar también el papel de la serotonina en la depresión, dado que algunos estudios comparan el efecto de los ISRS, por ejemplo, con otros tratamientos no relacionados con la serotonina.

Algunas investigaciones con bupropion y reboxetina, por ejemplo, demostraron que éstos eran tan eficaces para tratar la depresión como los ISRS, y sin embargo ninguno de ellos afectaba a los niveles de serotonina.

En conclusión, los datos son contradictorios y no hay una evidencia clara que corrobore la teoría serotoninérgica.

Causas de la depresión

Aunque se han realizado estudios para conocer la etiología y los tratamientos más adecuados para la depresión, todavía algunos de sus mecanismos fisiopatológicos son desconocidos.

El conocimiento acerca de cómo funciona el cerebro dentro del proceso de salud y enfermedad ha ido incrementándose desde hace dos siglos.

Sin embargo, hay algunas áreas dentro de la medicina como pueden ser las enfermedades cardiovasculares cuyo progreso ha sido mucho mayor a la hora de conocer la fisiopatología. El de la depresión, por ejemplo, ha sido mucho menor.

La depresión ya fue reconocida de manera clínica por los antiguos griegos, pero fue sobre mediados del siglo XIX cuando se comenzó a estudiar qué mecanismos o neurotransmisores estaban implicados en ella, algo que condujo inevitablemente a desarrollar los distintos tratamientos.

Una cuestión importante ha radicado en si la depresión es un trastorno biológico o una respuesta al estrés psicosocial donde el organismo se ve incapaz de afrontarla.

Ambos casos se han reconocido como causas dentro de la depresión. Determinadas situaciones pueden conllevar a un individuo a sufrir un episodio depresivo, estímulos multifactoriales que constituyen estresores con valor afectivo para la persona afectada.

El estrés es un factor importante para generar un episodio depresivo; sin embargo, ello va ligado a los cambios biológicos, tanto fisiológicos como hormonales que se asocian al eje del hipotálamo-hipofisario-suprarrenal.

Por todo ello, entre las causas de la depresión encontramos factores genéticos, factores psicosociales y factores químicos, esto es, alteraciones de los neurotransmisores, que es lo que aquí nos ocupa.

Por ejemplo, entre los factores genéticos cabe destacar que el riesgo de morbilidad en pacientes de primer grado se incrementan en los estudios realizados y que algunos marcadores genéticos se han encontrado en distintos cromosomas, por ejemplo el 2, 10, 11, 17 y 18 entre otros.

Además, algunos estudios de asociación han destacado la importancia de polimorfismos de genes como el del transportador de serotonina en la génesis de la depresión.

En relación a los neurotransmisores, podemos destacar la explicación de que niveles anormales de algunos neurotransmisores como la serotonina (5-HT), la noradrenalina o la dopamina (que son neurotransmisores que actúan en las neuronas del sistema nervioso central) pueden ser importantes a la hora de explicar la fisiopatología de la depresión.

Tratamientos para la depresión

El tratamiento principal de elección está constituido por la farmacoterapia, la psicoterapia y la terapia electroconvulsiva.

Los fármacos antidepresivos se clasifican en: los antidepresivos tricíclicos (ATC), los antidepresivos inhibidores de la monoaminoxidasa (IMAOs) y los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS).

Encontramos otros como los IRN (inhibidores de la recapatación de NA), IRND (inhibidores de la recaptación de NA y DA), IRSN (inhibidores de la recaptación de NA y 5-HT), NaSSA (antidepresivos específicos noradrenérgicos y serotoninérgicos) y ASIR (antagonistas 5-HT2 / inhibidores de la recaptación).

La hipótesis de las monoaminas como explicación psicobiológica de la depresión ha dominado los conocimientos sobre esta enfermedad en las últimas décadas.

Los primeros antidepresivos (AD) iniciaron la era del tratamiento en la depresión, sin embargo, tanto los IMAO como los ATC, los primeros, no se diseñaron para tratarla sino que sus efectos se evidenciaron después.

A partir de las hipótesis dominantes se desarrollaron los AD que se han diferenciado entre ellos por su mecanismo de acción y la selectividad sobre los receptores presinápticos y postsinápticos.

En los años 50 se observó que la iproniazida, fármaco para tratar la tuberculosis mejoraba el estado de ánimo, lo que hizo que se extendiera su uso para tratar la depresión. Fue el primer paso para la síntesis de los IMAO y generarlo para tratar la depresión.

En 1958 se comprobó que la imimpramina mejoraba también el estado de ánimo y el estudio de sus mecanismos de acción permitió formular la teoría de la hipótesis monoaminérgica de la depresión y sintetizar los ATC.

La importancia farmacológica del transportador del 5-HT radica en el hecho de que los AD de primera generación, es decir, los tricíclicos, inhibían la recaptación de serotonina en mayor o menor grado.

Aunque como hemos visto estas teorías no están demostradas de manera concluyente y probablemente sean muy reduccionistas, sí permitieron el desarrollo de la investigación en AD y en base a las teorías se desarrollaron los nuevos AD, los ISRS.

Estos fármacos poseen la capacidad de inhibir y ser selectivos en la recaptación neuronal de la serotonina mediante el bloqueo del transportador. Poseen menos efectos secundarios y por ello la adherencia en los pacientes es mayor.

Estos últimos, los ISRS, fueron desarrollados buscando una mayor especificidad sobre el sistema serotoninérgico. Algunos ejemplos son la fluoxetina, la paroxetina, sertralina o citalopram.

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