Miedos infantiles: tipos, características y los más comunes

Miedos infantiles: tipos, características y los más comunes

Los miedos infantiles son una de las principales causas de las vivencias de ansiedad de los niños y adolescentes. A pesar del carácter evolutivo y la consideración de éstos como algo innato al desarrollo de las personas, es conveniente prestar atención a su presencia pues, si no se interviene tempranamente en ellos, pueden llegar a dar lugar a trastornos fóbicos.

¿Qué es el miedo?

El miedo es una emoción que experimenta el ser humano que puede llegar a constituir una parte importante en el aprendizaje de estrategias de afrontamiento a las experiencias cotidianas.

miedos infantiles

El aspecto filogenético de los miedos indica que las personas heredamos la capacidad para aprender fácilmente respuestas de miedo a ciertos objetos y situaciones (estímulos "preparados" filogenéticamente). Esto explica por qué desarrollamos miedo a las arañas o a las serpientes y no lo hacemos a los patos.

Por su parte, el aspecto ontogenético de éstos hace referencia al papel de los miedos en la adaptación y supervivencia de la persona durante las etapas de desarrollo del individuo.

Aspectos históricos

Barlow definió el miedo como una alarma primitiva que se activaba en el individuo, en respuesta a un peligro presente, caracterizado por una alta activación y un alto afecto negativo. Es decir, era aquella reacción producida ante un estímulo externo amenazante identificable y se diferenciaba de la ansiedad o aprensión ansiosa en que ésta presentaba una naturaleza cognitiva y afectiva y marcada orientación hacia el futuro.

Por su parte Marks, añadió que aquello que lo distinguía de las fobias es que en estas últimas existe miedo, pero es un miedo característico, pues era desproporcionado, conducía a evitación, era de un carácter irracional, sobrepasaba el control voluntario y producía un malestar significativo.

Los primeros estudios comenzaron a realizarse en la década de los años 20. Watson y Rayner en 1920 experimentaron con un bebé llamado Albert de 11 meses de edad. Intentaron condicionar el miedo del pequeño mediante la asociación de dos estímulos, el estímulo incondicionado era un ruido fuerte ante el que Albert tenía miedo y el estímulo neutro con el que se asoció era un animal, una rata blanca. Después de varios ensayos, el niño lloraba cada vez que veía la rata y lo acabó generalizando a todos aquellos objetos con pelo (abrigos, lana, otros animales…)

Por su parte, Jones en 1924, realizó un experimento con Peter, un niño que tenía un miedo similar al del pequeño Albert, miedo a los conejos. El objetivo que se planteó esta autora fue la de intentar extinguir el miedo que presentaba y para ello asoció un estímulo positivo, en este caso comida con el conejo. Al cabo de varios ensayos Albert dejó de experimentar miedo.

Posteriormente a estas primeras investigaciones no se progresó mucho en el estudio de los miedos debido a las siguientes razones:

- La falta de atención de los adultos a los miedos de sus hijos debido a la confianza depositada en la creencia de que se tratan de aspectos del desarrollo evolutivo de éstos sobre los que no hay que actuar. Esta creencia es reforzada ya que los adultos presencian épocas donde sus hijos tienen más miedos, ya sea a personas, objetos o a ciertas situaciones, y luego desaparecen.

En relación a esto Mussen, Conger et al. en 1979 concluyeron que la mayoría de los miedos que presentan los niños en la edad preescolar desaparecían 1 o 2 años después de su aparición.

- El grado de disrupción familiar que provocan los miedos de los niños es nulo, en comparación con otros comportamientos prevalentes en estas edades tales como comportamientos agresivos e hiperactivos. Es decir, un niño que está continuamente moviéndose, agitado y saltando por la casa llama más la atención y provoca mayores disrupciones que un niño con miedo a los mostruos, que apenas habla de éste.

- La confianza de los investigadores a equiparar los miedos en los adultos con los de los niños, argumentando que todas las investigaciones de los miedos de la edad adulta bastan para comprender y enfrentarse a las de los infantes.

Sin embargo, este período ha sido sustituido en los últimos años, desde mediados de los 60, por un interés creciente fundamentado en la publicación de estudios de incidencia de éstos en determinadas poblaciones, en la creación de instrumentos de evaluación de miedos infantiles, y en el diseño de estrategias de intervención para los mismos.

Puede ser que este resurgir del interés sea debido a la toma de conciencia de la importancia de las reacciones de miedo en el desarrollo del ser humano en base a su papel en la supervivencia del mismo, así como la importancia que los propios niños conceden a sus miedos y a la enorme cantidad de diferencias individuales en cuanto a la intensidad de éstos, a la aparición según la edad de unos u otros, a la prevalencia según el sexo…

King, Hamilton y Ollendick en 1988, afirman que las investigaciones en relación a los miedos manifiestan que la clase y contenido de los miedos están en relación con variables como la edad, sexo, clase socioeconómica, frecuencia y comportamientos patológicos.

Prevalencia de miedos y fobias infantiles

Sandín en sus estudios llega a la conclusión que los miedos más frecuentes, con una prevalencia de un 46% eran aquellos a animales pequeños (insectos, ratones, culebras o murciélagos).

Por otro lado, en el estudio ECA se concluye que los miedos son más prevalentes que las fobias. En concreto los porcentajes de prevalencia informan que un 24% de personas tenían miedos a los animales frente a un 6,1% de fobias a los animales, un 18,2 % tenía miedos a las alturas, frente a un 4,7 % de fobias a las alturas, un 6,8% a lugares concurridos y un 6,5% de personas con miedo a hablar en público.

La revisión de diversos estudios de prevalencia del número de los miedos normativos, basados en la cuantificación de los miedos referidos por la personas, oscila entre 10 y 20 miedos relevantes.

Además, se ha visto que los 10 miedos más comunes, son aquellos relacionados con la dimensión peligro físico y muerte. Observándose éstos en todas las edades, sexos, culturas y etnias.

Características diferenciales de los miedos infantiles

Contenido de los miedos según la edad

Las diferentes fases evolutivas del niño y adolescentes se asocian de manera más o menos específica a formas características de miedo. El contenido variado y cambiante de los miedos parece reflejar un proceso continuo de maduración cognitiva del sujeto a medida que avanza en las etapas del desarrollo.

Los miedos vinculados a cada fase del desarrollo pueden considerarse, por tanto, como “miedos evolutivos”, que pueden resultar normales (no suelen ser muy intensos), específicos de cada etapa, y por tanto transitorios.

La mayoría de los estudios longitudinales acerca de éstos indican que presentan un patrón de descenso paralelo al incremento de la edad, sobre todo a partir de la niñez media. A los 11 años se alcanza una estabilización. Sin embargo, algunos miedos aumentan como los miedos a los médicos, al peligro y a la muerte y al estrés psíquico social, por ejemplo, no tener amigos.

A continuación, se expondrán los contenidos de los miedos en relación a las etapas evolutivas.

  • Durante el primer año los niños comienzan a temer los estímulos de su medio inmediato, tales como los sonidos fuertes o la pérdida de apoyo. A medida que avanza el año, se va produciendo un incremento del miedo hacia las personas extrañas, los objetos extraños y la separación.

  • En el inicio de la niñez (1-2 años y medio) persisten los miedos típicos de la primera etapa (los asociados a la separación y a los extraños) y surgen nuevos miedos relacionados con peligros a ciertos animales (pequeños animales) y algunos fenómenos naturales (tormentas). Estos miedos se mantendrán durante la fase preescolar.

  • Durante la etapa preescolar (2 años y medio-6 años) ya se ha producido el incremento del desarrollo cognitivo, con lo que aparece en el niño la capacidad de experimentar miedo ante estímulos imaginarios globales, tales como la oscuridad, los fantasmas y los monstruos. Además, la mayoría de los miedos a los animales se desarrollan durante este periodo. Como miedo característico de esta etapa aparece el miedo a estar solo y que puede constituir un proceso evolutivo a partir del miedo a la separación de los padres.

  • En la niñez media (6-11 años), aparece el carácter realista y específico de los miedos, desvaneciéndose los temores a los seres imaginarios. Los miedos más representativos de esta etapa son los temores relacionados con el daño físico (accidentes de tráfico, quemaduras…), la muerte (miedo a la propia muerte o de un familiar) y los miedos médicos (heridas, sangre, inyecciones…). Además, es curioso observar la presencia de miedos nuevos que denotan cambios en el entorno social como son el temor al SIDA y el miedo a la separación o divorcio de los padres. En cuanto al primero, los niños en esta edad lo perciben como un fenómeno sobrenatural causante de la muerte, mientras que los adolescentes entienden el verdadero significado que éste implica. Con respecto al miedo a la separación, no es igual que el de la etapa anterior que está relacionado con la ansiedad de separación del niño de sus figuras de apego. Durante la niñez media empiezan a adquirir gran relieve los temores a la crítica y al fracaso, y los miedos asociados al ámbito escolar.

  • En la preadolescencia (11-13 años), se da una reducción de los miedos de tipo animal y un incremento de los miedos relativos a la crítica y el fracaso. Esta época supone el inicio de cambios evolutivos drásticos en la propia imagen, así como cambios de tipo social e interpersonal. Adquieren particular relevancia los temores relativos a la autoimagen (aspecto físico), sociales (miedo a no tener amigos), económicos y políticos. Los temores vinculados al mundo académico son igualmente frecuentes.

  • En la adolescencia (13-18 años), se mantienen los miedos que dominan la preadolescencia, y surgen aquellos temores más característicos como los relacionados con el sexo, las relaciones interpersonales, el rendimiento personal (miedo al fracaso académico o social, popularidad…), la crítica y la evaluación social. Durante la adolescencia se observa una tendencia hacia los miedos que se dan en los adultos, como son los que conciernen a las relaciones interpersonales con amigos y familiares.

Contenidos de los miedos según el sexo

Tanto en niños como en adolescentes, el género femenino presenta mayores niveles de temor que el género masculino. En cuanto a la existencia de diferencias en el contenido de los miedos encontramos las siguientes:

  • Las niñas presentan más miedo a la oscuridad, a los lugares extraños, a los sonidos, a los objetos o personas extrañas, a ser secuestradas, al robo o asesinato, a las serpientes, a la suciedad y a los animales.
  • Los niños suelen manifestar más miedo al peligro, al daño corporal, al colegio, al fracaso, a las pesadillas y a los seres imaginarios.

Por otro lado, en un estudio se vio que los miedos que mejor discriminaban entre chicos y chicas eran los referentes a las ratas, las arañas, serpientes, ratones, casas misteriosas, estar solo y tener malos sueños.

Por su parte, Sandín aseguraba que los miedos que mejor diferenciaban a chicos y chicas eran aquellos relacionados con la dimensión de pequeños animales y daños menores, miedos a animales como los escarabajos, lagartijas, murciélagos, ratas, ratones, arañas y serpientes.

Intensidad de los miedos y edad

En general, se da una menor intensidad del miedo conforme aumenta la edad, sobre todo en las chicas, con independencia de los miedos existentes. El descenso se da de forma más notoria al final de la niñez y durante la pre-adolescencia y adolescencia temprana.

Intensidad de los miedos y sexo

Prácticamente todos los estudios relevantes basados en pruebas de autoinforme han encontrado que las niñas y las adolescentes exhiben niveles globales de miedo significativamente más elevados que los niños y los adolescentes. Los trabajos también han constatado una relación positiva entre el sexo femenino y la intensidad del miedo en todas y cada una de las categorías fundamentales de los miedos.

En general las chicas siempre muestran niveles superiores de miedo, para cualquiera de las categorías de miedo existentes, si bien tales diferencias no parecen tan claras cuando se trata de miedos sociales clínicos en lugar de miedos sociales normativos.

Por su parte, Ollendick observa que los miedos a tener que ir al cole son igual de intensos en niños y niñas, y que los miedos a los gatos son más intensos en hombres.

Los 10 miedos infantiles más comunes

rabieta de niño

Los datos referentes a las investigaciones realizadas con población europea, norteamericana y australiana reflejan  unanimidad en los miedos más comunes. Todos se corresponden a la categoría o dimensión de miedos al peligro y a la muerte, salvo uno referente a la dimensión socio-evaluativa.

  • Ser atropellado por un coche/camión.
  • No poder respirar.
  • Ser invadidos por otro país.
  • Caerse de lugares altos.
  • Que un ladrón entre en casa.
  • Terremotos.
  • La muerte o gente muerta.
  • Padecer una enfermedad grave.
  • Ser enviado al director.
  • Miedo a una posible guerra atómica.

Conclusión

Retomando una de las razones expuestas en la introducción referente a la minimización que la mayoría de los padres realizan a propósito de los miedos, Sandín asegura que es importante prestar atención a éstos. Y es que, un miedo suele venir acompañado de otros y la existencia de un número elevado de éstos puede denotar una predisposición hacia los trastornos de ansiedad y actuar como marcador de predisposición psicopática general.

Bibliografía

  1. Moreno, I., Párraga, J. y Rodríguez, L. (1987). Miedos infantiles: Un estudio sobre población sevillana. Análisis y Modificación de Conducta, 13, 471-492.
  2. Méndez, F.X., Inglés, C.J., Hidalgo, M.D., García-Fernández J.M. y Quiles, M.J. Los miedos en la infancia y la adolescencia: un estudio descriptivo. Revista Electrónica de Motivación y Emoción, vol. 6, nº 13.
  3. Sandín, B. (1997). Ansiedad, miedos y fobias en niños y adolescentes. Madrid: Dykinson.
  4. Valiente, R., Sandín, B. y Chorot, P.(2010) Miedos en la infancia y adolescencia. Madrid: Aula abierta.
  5. Wicks-Nelson, R. e Israel, A.C. (1997). Psicopatología del niños y del adolescente. Madrid: Prentice-Hall.

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