Escotofobia: Síntomas, Causas y Tratamientos

Escotofobia: Síntomas, Causas y Tratamientos

Escotofobia no es una palabra ampliamente conocida ni utilizada de forma habitual por la mayoría de la gente.

Sin embargo, hace referencia a una de las fobias más comunes: la fobia a la oscuridad.

escotofobia

De este modo, la escotofobia constituye uno de los tipos de fobia específica más conocidos y más prevalente en nuestra sociedad.

Este artículo lo dedicaremos a hablar sobre sus principales características, los factores que pueden originarla y los tratamientos que han demostrado ser eficaces para intervenir este tipo de problemas.

Un miedo extremo a la oscuridad

Cuando hablamos de escotofobia hacemos referencia precisamente a esto, a la experimentación de un miedo extremo cuando nos exponemos a la oscuridad.

Los espacios oscuros o sin luz constituyen situaciones que de por sí pueden crear un cierto nivel de alerta o activación en la persona. Este hecho se puede contextualizar desde el propio desarrollo y evolución de la especie.

Es decir, para el ser humano, atendiendo a sus características y capacidades físicas, el hecho de estar en un sitio donde no pueda ver o se dificulte su visión, implica una situación que puede resultar peligrosa para su integridad física.

De este modo, las personas, cuando nos encontramos en espacios oscuros podemos experimentar cierto grado de ansiedad.

Experimentar ansiedad ante la oscuridad no implica tener escotofobia

Experimentar ansiedad no implica la presencia de una escotofobia o una fobia a la oscuridad.

Así pues, la experimentación de nerviosismo o miedo en espacios oscuros puede resultar una manifestación normal y adaptativa del ser humano.

Pongámonos en situación. Por ejemplo, estás en casa a punto de irte a dormir, te metes en la cama y apagas la luz.

Si eres un adulto, lo normal es que ante esta situación no experimentes ninguna sensación de ansiedad ni miedo.

¿Por qué no experimentamos ansiedad los adultos en la oscuridad(normalmente)?

Ahora bien, ¿por qué no experimentamos ansiedad ante este tipo de situaciones los adultos?

La respuesta es bien sencilla, ya que las personas, al ser individuos capaces de razonar, podemos ser perfectamente conscientes de que a pesar de que no haya luz estamos en un sitio seguro, tranquilo y en el que no necesitamos la vista para controlar posibles amenazas.

Así pues, cuando estamos en casa sin luz no poseemos ninguna asociación entre nuestro hogar y el peligro, por lo que el hecho de que podamos ver lo que hay resulta más o menos irrelevante.

¿Qué ocurre en los niños?

Este hecho puede funcionar de una forma distinta en los niños, ya que estos, a pesar de estar en casa (lugar seguro para ellos) pueden experimentar miedo si se quedan solos con la luz apagada.

Esta mayor vulnerabilidad de los niños puede recaer en su capacidad de razonamiento y análisis de la situaciones.

De este modo, a pesar de que el niño pueda asociar su hogar con una sensación de seguridad, a menudo la ausencia de otros elementos que reafirmen esa seguridad como la luz o el estar acompañado puede ser suficiente como para que empiecen a aparecer miedos y temores.

Algunos adultos pueden experimentar ansiedad en la oscuridad

No obstante, si cambiamos de situación veremos como la oscuridad en sí puede resultar un elemento altamente desagradable también para los adultos.

Si la oscuridad, en vez de aparecer en casa cuando nos acostamos aparece en medio del bosque cuando estamos perdidos, posiblemente nuestra respuesta sea muy distinta.

Ante esta situación, el hecho de no poder ver se convierte de nuevo en una amenaza para la persona, ya que en medio del bosque el ser humano no tiene mecanismos para controlar todo lo que está a su alrededor, no posee elementos de seguridad y probablemente necesite la luz para mantener la calma.

Así pues, vemos como la oscuridad es un elemento que de por sí puede originar miedo, nerviosismo o ansiedad ya que implica una reducción de las capacidades de supervivencia del ser humano.

Ahora bien, todos estos miedos que hemos comentado, en principio pueden considerarse como normales y adaptativos, y no referentes a una escotofobia.

De este modo, para poder hablar de fobia (que no miedo) a la oscuridad y por lo tanto de una alteración psicopatológica que requiere ser abordada, se tiene que presentar una reacción de ansiedad determinada.

La principal característica consiste en que el miedo experimentado en la situaciones de oscuridad se presenten de una forma extrema. No obstante, existen otros elementos importantes.

¿Qué define la escotofobia?

Para definir la presencia de escotofobia evidentemente se debe presentar una reacción de miedo cuando la persona se expone a la oscuridad.

No obstante, no todas las reacciones de miedo corresponden a la presencia de una fobia específica como esta.

Para poder hablar de escotofobia lo que se debe presentar es un miedo extremo a la oscuridad. Sin embargo, una simple reacción de miedo extremo en una situación de oscuridad tampoco tiene por que implicar la presencia de escotofobia.

Diferencias de escotofobia con miedos normales

Así pues, para poder diferenciar la presencia de escotofobia frente a la presencia de un simple miedo a la oscuridad se deben presentar las siguientes condiciones.

1-Miedo desproporcionado

En primer lugar, el miedo que produce la situación de oscuridad debe ser desproporcionado con respecto a la exigencias de la situación.

Esto puede hacer referencia a lo que se entiende como miedo extremo, pero sobretodo considera que la reacción no corresponde con la exigencia de una situación particularmente peligrosA o amenazante para el individuo.

De este modo, independientemente de la intensidad del miedo (extremo o no), para que este haga referencia a una escotofobia, debe presentarse en todas esas situaciones en las que esté presente la oscuridad pero que no sean particularmente peligrosas o amenazantes.

2-El individuo no razona sus respuestas de ansiedad

El segundo aspecto principal que define la presencia de una escotofobia es que el miedo y la respuesta de ansiedad no pueden ser explicados o razonados por parte del individuo que la experimenta.

Esto quiere decir que la persona que tiene fobia a la oscuridad es consciente de que el miedo y la ansiedad que experimenta en este tipo de situaciones es excesiva e irracional, por lo que es consciente de que su respuesta de miedo no corresponde a una amenaza real.

Así mismo, el individuo no es capaz de controlar el miedo experimentado, ni siquiera en modular su intensidad, por lo que cuando se expone a situaciones de oscuridad su miedo y su ansiedad se dispara de forma incontrolable.

Este hecho implica que la persona evite persistentemente la situación temida con el objetivo de evitar las sensaciones de miedo y ansiedad, así como el malestar que experimenta en esos momentos.

3-El miedo persiste

Finalmente, para poder hablar de escotofobia es necesario que este patrón de respuesta de miedo ante la oscuridad persista a lo largo del tiempo.

Es decir, una persona que experimenta un miedo intenso, que no puede controlar y que no está acorde con la peligrosidad de la situación, en una sola ocasión, no padece fobia a la oscuridad.

La escotofobia se caracteriza por ser permanente y constante por lo que un individuo con este tipo de alteración presentará la respuesta de miedo y ansiedad de forma automática siempre que se exponga a la oscuridad.

¿Cómo es la respuesta de ansiedad?

La reacción fóbica de la escotofobia se basa en una alteración del funcionamiento de tres planos distintos: el fisiológico, el cognitivo y el conductual.

Por lo que respecta el plano fisiológico, la exposición a la oscuridad pone en marcha todo un conjunto de respuestas fisiológicas características del incremento de la actividad del sistema nervioso autónomo (SNA).

Este incremento de la activación del SNA produce una serie de síntomas. Los más típicos son:

  • Aumento de la tasa cardíaca.
  • Aumento de la respiración.
  • Sudoración.
  • Tensión muscular.
  • Inhibición del apetito y de la respuesta sexual.
  • Sequedad de boca.
  • Inhibición del sistema inmunitario.
  • Inhibición del sistema digestivo.

Como vemos, estas respuestas fisiológicas de la ansiedad hacen referencia a la preparación del cuerpo para la acción (para responder a una amenaza), por lo que se inhiben funciones físicas que no resultan relevantes en momentos de emergencia (digestión, respuesta sexual, sistema inmunológico, etc.)

En el plano cognitivo la persona puede desplegar un gran número de creencias y pensamientos sobre la situación temida y sobre su capacidad personal para afrontarla, así como interpretaciones subjetivas acerca de sus reacciones físicas.

De este modo, la persona puede producir autoverbalizaciones o imágenes sobre las consecuencias negativas que puede acarrear la oscuridad, e interpretaciones devastadoras sobre los síntomas físicos que experimenta en este tipo de situaciones.

Finalmente, a nivel conductual la respuesta más típica se basa en evitar la situación temida.

Así pues, la persona con escotofobia intentará evitar cualquier situación de oscuridad y, cuando se encuentre en un sitio sin luz, hará todo lo posible para huir de esa situación para aliviar sus síntomas de ansiedad.

¿Cuáles son sus causas?

La escotofobia es un tipo de fobia específica que puede interpretarse desde la teoría de la preparación de Seligman.

Esta teoría sustenta que las reacciones fóbicas se limitan a esos estímulos que han supuesto un peligro real en el curso de la evolución de la especie.

De este modo, según esta teoría, la escotofobia poseería un cierto componente genético, ya que la evolución de la especie puede haber predispuesto a las personas a reaccionar con miedo a un estímulo (la oscuridad) que ha podido resultar amenazante para la supervivencia del ser humano.

No obstante, se acepta de forma general que el componente genético no es el único factor que participa en el desarrollo de una fobia específica.

De este modo, el condicionamiento directo a partir de la vivencia de ciertas experiencias, el condicionamiento vicario a través del aprendizaje mediante la observación y la adquisición de temores sobre la oscuridad a través de información verbal parecen ser factores importantes en el desarrollo de la escotofobia.

¿Cómo se puede tratar?

El principal tratamiento que existe para la escotofobia es la psicoterapia, ya que las fobias específicas han demostrado ser psicopatologías que pueden remitir con el tratamiento psicológico.

Así mismo, al resultar una alteración de ansiedad que aparece únicamente en situaciones muy específicas, por lo que un individuo puede pasarse largas épocas sin realizar la reacción fóbica, el tratamiento farmacológico no siempre resulta del todo eficaz.

No obstante, a diferencia de otro tipo de fobias específicas como la fobia a las arañas o a las sangre, la escotofobia puede resultar más invalidante y deteriorante para la persona que la padece.

Este hecho se explica por las características del estímulo temido, es decir, la oscuridad.

La ausencia de luz o la oscuridad es un fenómeno que aparece a diario por lo que las probabilidades de que las personas nos vemos expuestas son muy elevadas.

De este modo, una persona que padece escotofobia puede tener muchas dificultades para evitar su elemento temido, y sus conductas de evitación pueden afectar a su funcionamiento normal y diario.

Es importante que las personas que padecen este trastorno de ansiedad se pongan en manos de un psicoterapeuta, ya que el tratamiento psicológico puede remitir la fobia de forma total.

La psicoterapia que ha mostrado mayor eficacia para resolver los problemas de la escotofobia es el tratamiento cognitivo conductual.

Tratamiento cognitivo conductual

Este tratamiento para la fobia a la oscuridad posee dos componentes principales: la exposición y el entrenamiento en relajación.

La exposición se basa en exponer al individuo a su situación temida de una forma más o menos gradual, con el objetivo de que permanezca en ella.

Se ha demostrado que el factor principal que mantiene la escotofobia son los pensamientos negativos acerca de la oscuridad, por lo que cuando la persona se expone de forma frecuente al elemento temido empieza a ser capaz de no interpretar la oscuridad como una amenaza.

Por otro lado, el entrenamiento en relajación permite disminuir las respuestas de ansiedad que hemos visto anteriormente y proporciona un estado de calma para que la persona pueda exponerse a la oscuridad con mayor facilidad.

Referencias

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