Ablutofobia: Síntomas, Causas y Tratamientos

Ablutofobia: Síntomas, Causas y Tratamientos

La ablutofobia es un tipo de fobia específica que se caracteriza por temer las situaciones relacionadas con el lavarse o bañarse.

Así pues, las personas que padecen esta alteración experimentan elevadas sensaciones de ansiedad y malestar cuando proceden a bañarse o a realizar cualquier acción relacionada con la autolimpieza.

ablutofobia

Puede parecer raro que alguien tema una situación así y que se ponga nervioso cuando se tiene que lavar.

No obstante, la ablutofobia es trastorno bien documentado que a pesar de que afecta a una minoría de la población, puede aparecer en cualquier persona.

Además, como es de esperar, esta fobia puede acarrear una serie de consecuencias negativas tanto en el autocuidado de la persona como en su ámbito social.

¿Quieres saber qué es exactamente este peculiar tipo de fobia y qué se debe hacer para tratarlo y superarlo?

A continuación revisaremos toda la información que se dispone hoy en día sobre la ablutofobia y las intervenciones que se han mostrado eficaces en su tratamiento.

Características de la ablutofobia

La ablutofobia es una fobia específica y, por lo tanto, se define según el manual estadístico de diagnóstico (DSM) como un trastorno que se caracteriza por la presencia de ansiedad clínicamente significativa en respuesta a la exposición a situaciones u objetos específicos.

En este caso, la situación específica que teme la persona con ablutofobia es el acto de lavarse, ducharse o bañarse.

De este modo, cuando hablamos de ablutofobia estamos hablando de la experimentación de un miedo excesivo e irracional sobre el acto de lavarse.

El individuo que padece este trastorno temerá por encima de todo las situaciones de autolavado, por lo que cuando se expone a esas situaciones experimentará unas sensaciones terriblemente elevadas de ansiedad.

La ansiedad y el malestar que produce la situación temida, hará que la persona opte por evitar siempre que pueda los actos de bañarse y, cuando se encuentre ante ellos, intente escapar lo antes posible.

Como vemos, la ablutofobia hace referencia a un tipo de miedo especial, a un miedo fóbico respecto al acto de lavarse, por lo que quien padece esta alteración puede presentar enormes dificultades para adquirir un estado de higiene óptimo.

¿Quién puede padecer ablutofobia?

A primera vista, puede parecer extraño que una persona tenga miedo a ducharse o lavarse y experimente elevadas sensaciones de ansiedad cuando lo realiza.

De hecho, estamos mucho más acostumbrados a asociar las fobias con elementos menos cotidianos como las alturas, las inyecciones, los espacios cerrados o las arañas.

Sin embargo, la ablutofobia es un trastorno con las mismas características que los otros tipos de fobias.

Afortunadamente, la prevalencia de esta alteración mental es muy baja en nuestra sociedad, por lo que son muy pocas las personas que padecen ablutofobia.

Su incidencia es mucho más frecuente entre las mujeres y sobre todo entre los niños, aunque potencialmente cualquier persona de cualquier edad puede desarrollarla.

En el caso de los niños, suele ser bastante común que estos presenten un cierto rechazo sobre el lavado y se muestren reticentes a la hora de bañarse.

No obstante, el simple desagrado, descontentamiento o incluso temor que experimentan la gran mayoría de niños pequeños ante estas situaciones no explica la presencia de ablutofobia.

Para poder hablar de ablutofobia se requieren una serie de respuestas y comportamientos determinados respecto a la situación de bañarse.

¿Cómo se puede detectar la ablutofobia?

Como hemos comentado, la mayoría de niños se muestran recelosos en los momentos previos al baño.

Así mismo, durante este, suele ser habitual que los niños lloren, se quejen o quieran salir del agua.

En algunos casos, este desagrado por el baño puede extenderse a edades más tardías, y niños más grandes, adolescentes o incluso adultos pueden seguir mostrando un cierto rechazo a lavarse.

No obstante, como se ha ido comentando desde el inicio, la ablutofobia hace referencia a un tipo de miedo especial, es decir, a un miedo fóbico.

Esto significa que tanto el miedo que se experimenta ante las situaciones de lavado como los síntomas y las sensaciones que le prosiguen poseen unas características determinadas.

Los principales aspectos que nos pueden ayudar a distinguir un miedo o recelo "normal" a bañarse de la ablutofobia son:

Si el miedo que se experimenta ante las situaciones de lavarse no cumple las características para poder catalogarlo como "fóbico", no podemos hablar de ablutofobia.

Así pues,  el miedo que experimenta una persona con ablutofobia respecto al baño se caracteriza por:

1- Tipo de miedo

a) Es desproporcionado

El miedo es totalmente desproporcionado con respecto a las exigencias de la situación.

De por sí, la situación de lavarse no implica ningún tipo de peligro, por lo que cualquier temor en esas situaciones podría cumplir este requisito.

Sin embargo, un cierto recelo sobre el baño, sobre todo en niños pequeños, puede resultar más o menos normal.

Así pues, este primera característica hace referencia a que el miedo que experimenta la persona con ablutofobia es desmesuradamente intenso y elevado, por lo que no corresponde en absoluto a las exigencias de la situación a las que se expone.

b) Es irracional

La persona con ablutofobia no puede razonar ni explicar el miedo que experimenta cuando se tiene que bañar.

De este modo, una persona que se muestra recelosa ante el baño porque le pican los ojos cuando le entra jabón o no soporta las sensaciones del agua fría, constituiría un tipo de miedo que puede racionalizarse y que no pertenece a la ablutofobia.

En cambio, la persona que padece esta alteración sabe que lo que piensa, lo que siente y el miedo que experimenta cuando se lava es totalmente irracional y no encuentra ninguna razón que explique su aparición.

c) Es incontrolable

Este es otra de las características más importantes de al ablutofobia que nos permite diferenciarla de otro tipo de miedos.

La persona que padece este trastorno es totalmente incapaz de controlar sus sensaciones de miedo y ansiedad cuando se expone a situaciones de lavado o baño.

Así pues, si tienes miedo a lavarte pero eres capaz de controlar tus temores en esas situaciones y proseguir con el baño con mayor o menor normalidad, muy seguramente no padezcas ablutofobia.

d) Persiste a lo largo del tiempo

Como hemos comentado, es más o menos normal que los niños presenten desagrado a las situaciones de lavarse.

Sin embargo, este recelo suele ir desapareciendo y, a pesar de que pueda acentuarse más en algunas épocas, no suele persistir a lo largo del tiempo.

Todo lo contrario sucede con la ablutofobia, ya que la persona que la padece experimentará miedo a lavarse de forma permanente.

e) Es desadaptativo

Finalmente, la última característica del miedo fóbico hace referencia a su nula funcionalidad para adaptarse.

En muchas ocasiones los miedos nos sirven para adaptarnos mejor a ciertas situaciones y responder de la mejor forma posible en momentos concretos.

Sin embargo, este no es el caso de la ablutofobia, ya que temer de forma irracional el acto de lavado nos impide adaptarnos adecuadamente a una acción altamente importante para las personas, la higiene.

2- Ansiedad experimentada

Hasta ahora hemos visto cómo es el miedo que experimenta una persona con ablutofobia cuando se expone a su situación temida.

No obstante, el aspecto que mejor nos permite detectar la presencia o ausencia de este trastorno radica en las sensaciones que experimenta la persona cuando se expone a las situaciones de baño o lavado.

Como hemos visto, la persona con ablutofobia responde con elevadas sensaciones de ansiedad en esos momentos.

Los principales síntomas que definen el trastorno son:

a) Sensaciones físicas

Toda respuesta de ansiedad comporta la aparición de una serie de síntomas físicos muy molestos.

En el caso de la ablutofobia, estos se caracterizan por un incremento de la actividad del sistema nervioso central.

De este modo, cuando la persona que padece este trastorno se expone a situaciones de ducharse o bañarse experimenta una serie de síntomas como aumento de la tasa cardíaca, aumento de la respiración, palpitaciones, sudoración excesiva o tensión muscular.

También puede experimentar náuseas, mareos, y sensaciones de debilidad o inestabilidad.

Los síntomas físicos de la ablutofobia pueden variar en cada caso, por lo que cada individuo puede experimentar un grupo distinto de las sensaciones que hemos comentado.

b) Pensamientos

Por otro lado, las sensaciones físicas van acompañadas por una serie de pensamientos que aparecen de forma totalmente automática.

Así pues, cuando la persona con ablutofobia se expone a su situación temida, su mente queda totalmente gobernada por los pensamientos de ansiedad.

Estos pueden adquirir múltiples modalidades pero todas ellas se caracterizan por remarcar la peligrosidad de la situación, las cosas negativas que le pueden pasar y la nula capacidad para hacer frente al acto de lavarse.

3- Comportamiento

Finalmente, para poder hablar de ablutofobia es necesario que todos los síntomas que hemos comentado hasta ahora afecten al comportamiento de la persona.

Este hecho se explica por su intensidad, es decir, las sensaciones de ansiedad que produce la situación de lavarse son tan elevadas que la persona no puede obviarlas ni conseguir que estas no modifiquen su comportamiento.

La característica principal que define el comportamiento de la ablutofobia es la evitación.

De este modo, el sujeto intentará evitar siempre que pueda las situaciones de lavarse, con el objetivo de evitar también el miedo y las más que molestas sensaciones de ansiedad.

Este hecho puede repercutir muy negativamente a la vida de la persona ya que esta puede tener muchas dificultades para presentar una buena higiene y realizar los procesos de lavado necesarios.

Por otro lado, cuando la persona con ablutofobia no consigue evitar su situación temida, intentará escapar de ella lo antes posible y, en el mejor de los casos, conseguirá permanecer con elevadas sensaciones de malestar.

¿Qué causa la ablutofobia?

La patogenia de la ablutofobia no está del todo definida y resulta imposible encontrar una única causa que pueda originarla.

De hecho, al igual que el resto de fobias, se consensua que no existe una única causa para la ablutofobia y que distintos factores pueden contribuir a su desarrollo.

En primer lugar, se defiende la adquisición de esta fobia mediante el condicionamiento directo.

De este modo, experimentar situaciones traumáticas (o vividas como traumáticas) durante el baño en la niñez puede ser un factor importante que cause ablutofobia.

Por otro lado, el condicionamiento de miedo también puede originarse por vías más indirectas como el aprendizaje vicario o la adquisición de información.

De este modo, visualizar imágenes traumáticas (o percibidas como traumáticas) de otras personas mientras se lavaban, o escuchar relatos o historias sobre eventos negativos durante el baño también puede influir en la adquisición de la fobia.

Finalmente, también se postula la presencia de un cierto componente genético en el desarrollo de este trastorno, aunque los datos que se poseen en la actualidad son poco claros y la heredabilidad de la ablutofobia no está bien definida.

Tratamiento

A diferencia de otro tipos de fobias (como por ejemplo la fobia a las arañas) que pueden repercutir de forma leve o incluso nula en la vida de las personas, es muy importante tratar la ablutofobia.

De hecho, este trastorno puede afectar notablemente a todos los ámbitos de la persona que la padece debido a los efectos directos que ocasiona en los procesos de higiene y lavado.

Así mismo, la mejor noticia de la ablutofobia es que, como la mayoría de fobias, puede tratarse de forma muy eficaz.

En este sentido, el tratamiento de primera elección que debería realizar cualquier persona que padezca ablutofobia es la psicoterapia.

Específicamente, el tratamiento cognitivo conductual se ha mostrado muy eficaz a la hora de intervenir este tipo de alteraciones y proporciona muy buenos resultados.

Este tratamiento se basa principalmente en exponer al individuo de forma gradual a sus elementos temidos, es decir, a las situaciones de baño o lavado.

De este modo, mediante la exposición la persona es capaz de ir superando sus miedos y "darse cuenta" que realmente esa situación no resulta peligrosa.

Los entrenamientos en relajación y las técnicas cognitivas son otras de las intervenciones que se suelen añadir en este tipo de tratamientos.

Referencias

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